España
El Gobierno de Pedro Sánchez habría aceptado acoger en España a 16.000 inmigrantes palestinos
Según informa The Jerusalem Post, el representante de la organización islamista Hamas en el Líbano, Ahmed Abdel-Hadi, ha explicado al periódico Al Akhbar que 150.000 palestinos procedentes de Siria y Líbano podrían repartirse en los próximos meses entre Canadá (100.000), España (16.000), Bélgica (16.000) y Francia (16.000).
Aunque el Gobierno canadiense ha negado esta información, el portavoz de Hamas insiste en que esta medida estaría encuadrada dentro del plan “Paz para la Prosperidad”, más conocido como el “Acuerdo del Siglo”, que ha presentado la Administración de Donald Trump como su gran intento para pacificar las relaciones entre palestinos e israelíes. Según el representante de Hamas, el Gobierno de Estados Unidos tiene ya comprometidos acuerdos con los Ejecutivos de Canadá, España, Bélgica y Francia para que éstos países admitan a estos inmigrantes palestinos de una forma legal.
Aunque todavía no se conoce en todos sus detalles, el “Acuerdo del Siglo”, que permanecerá congelado al menos hasta la celebración de las elecciones israelíes que tendrán lugar el próximo 17 de septiembre, propone la inversión de 50.000 millones de dólares en la próxima década. La mitad de este montante se invertiría en la zona palestina y la otra mitad en países como Jordania, Líbano y Egipto, donde la presencia de refugiados palestinos es muy elevada. Según la Casa Blanca, con esta inversión, el paro entre los palestinos, que actualmente supera el 30%, bajaría a tasas inferiores al 10%, y la tasa de pobreza, hoy en el 80%, podría reducirse a la mitad.
El plan “Paz para la Prosperidad” plantea casi 200 propuestas y proyectos con los que se pretende conseguir, a medio plazo, expandir las exportaciones palestinas, mejorar los accesos al agua potable y al gas natural, y mejorar los servicios sanitarios o educativos. El proyecto también plantea crear un corredor entre Gaza y Cisjordania que tendría un coste de 5.000 millones de dólares.
(La Tribuna País Vasco)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
