Sucesos
El Gobierno oculta la nacionalidad de un marroquí pillado violando a una niña de 11 años
Un hombre ha sido encarcelado bajo la acusación de agredir sexualmente a una menor en Santa Cruz de Campezo (Álava). Según el Departamento vasco de Seguridad, la detención se llevó a cabo el viernes 13 de octubre después de que los padres de la niña presentaran una denuncia. El arrestado estuvo bajo custodia policial durante el fin de semana y compareció ante el tribunal el lunes 16, donde se ordenó su ingreso en el Centro Penitenciario de Álava por el delito de agresión sexual.
Dado que la víctima es menor de edad y la investigación está en curso, ni la Ertzaintza ni el Departamento de Seguridad Vasco proporcionó más datos ni detalles sobre el caso. El hombre de 46 años es residente de la zona que se encuentra entre Santa Cruz de Campezo y Vitoria, y aparentemente recogió a la niña de 11 años y a otro menor de la misma edad en su automóvil el viernes 13 alrededor de las 19:30 horas. Originalmente, iban a comprar pan a una estación de servicio a las afueras del pueblo por encargo de sus familiares.
Los medios de comunicación y la Administración vasca silencian que el agresor es de origen marroquí
El hombre les ofreció llevarlos en su coche, pero en lugar de dirigirse a la gasolinera, se adentró en un camino forestal. Ante las protestas de los niños, dejó ir al más pequeño, quien regresó a su casa y contó lo ocurrido a la familia. El padre del niño informó a la Ertzaintza, cuya patrulla acudió al lugar, y encontró a la niña con el adulto en el interior del automóvil. A raíz de estos hechos, se arrestó al hombre por agresión sexual, lo que resultó en su posterior encarcelamiento.
Según una fuente que informa directamente a EDATV, el Gabinete de Prensa del Gobierno Vasco tardó más de una semana en informar sobre lo ocurrido, y aunque lo hizo, omitieron la nacionalidad del agresor sexual, de origen marroquí y con multitud de antecedentes penales. Ni el Gobierno ni los medios de comunicación locales informaron de ello, principalmente porque, y siguiendo lo que dice este testigo «no se incluye la nacionalidad en las noticias porque lo tienen prohibido».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
