Sociedad
El insoportable olor a podrido de la justicia y la política: Conde-Pumpido: el fiscal de Zapatero que validó los acuerdos con ETA y apunta al referéndum
RECONOCIÓ QUE ESTABA DISPUESTO A RETORCER LA LEY EN BENEFICIO DEL GOBIERNO
El nuevo presidente del Tribunal Constitucional fue el fiscal general del Estado en la época de Zapatero, y con eso está casi todo dicho. Entonces, Cándido Conde-Pumpido despreció a las víctimas del terrorismo, pues todas sus acciones siguieron la hoja de ruta que Zapatero planificó para rendir el Estado a ETA. Se trataba de que el Ministerio Fiscal validase la integración del brazo político terrorista en las instituciones.
A tal fin se encomendó con entusiasmo Conde-Pumpido, que el 9 de junio de 2006 definió con exactitud a qué obedecía su nombramiento. «El vuelo de las togas de los fiscales no eludirá el contacto con el polvo del camino. Nuestra aproximación a la realidad social debe ser imparcial. Pero no ajena a esa realidad, sino profundamente comprometida en su transformación«.
Ese mismo año incluso reconoció en sede parlamentaria que estaba dispuesto a retorcer la ley en beneficio del Gobierno, esto es, supeditar el Estado de derecho a los designios del Ejecutivo. «Si la ley, interpretada sin trampas, aplicada sin inventos y sin atajos sirve para que no haya más muertos» –explicó–, entonces aprovecharía para que la Fiscalía no dejara «pasar la ocasión de aplicarla con ese fin».
La negociación con ETA exigía la generosidad del Estado, por eso la Fiscalía de Conde-Pumpido se comportó de manera laxa con los terroristas e implacable con las víctimas. Que se lo digan a Francisco José Alcaraz, entonces presidente de la AVT, que acabó en el banquillo de la Audiencia Nacional acusado de injurias y calumnias graves contra el Gobierno. Una organización afín al PSOE, la Asociación de Abogados Demócratas por Europa, logró tal hazaña. Alcaraz había dicho que «Zapatero es el embajador de ETA, el presidente hace tiempo que habla, siente y padece como los propios terroristas». No hubo condena.
La disputa venía de lejos. La asociación de Alcaraz, única oposición al zapaterismo, había presentado una querella contra Conde-Pumpido por retirar la acusación contra el portavoz de Batasuna, Arnaldo Otegui, por pertenencia a banda armada. Cuando el líder de la banda fue detenido y el fiscal de la Audiencia Nacional solicitó prisión incondicional, el portavoz etarra confirmó que todos estaban en el ajo. «Si Conde-Pumpido está al tanto, me parece verdaderamente increíble que estén pidiendo mi prisión ahora que estamos ofreciendo soluciones».
Casi 20 años después de Conde-Pumpido no cabe esperar otra cosa que, como él mismo dijo, «adaptar la justicia a los procesos políticos», eufemismo que apenas maquilla el sometimiento total de la Justicia a la voluntad de Moncloa. Claro que el TC, como apreciamos con mayor nitidez estos días, se ha convertido en una suerte de tercera cámara legislativa al servicio del presidente del Gobierno. Todo cabe en la Constitución si lo dicen los jueces nombrados a dedo.
No es casualidad, por tanto, el momento escogido. Cándido Conde-Pumpido llega a la cima del Constitucional cuando Sánchez afronta el último año de legislatura y disfrutará de una mayoría aplastante en el tribunal para hacer posible lo imposible. O sea, un referéndum secesionista.
La sombra de la consulta separatista sobrevuela España y es de agradecer que quienes están en la traición apenas disimulen. La ministra de Justicia, Pilar Llop, califica el TC como un «tribunal político». La nueva magistrada del Constitucional, María Luisa Segoviano, dice que la autodeterminación hay que estudiarla. Y hace tres años el exministro de Justicia –también recién llegado al TC–, Juan Carlos Campo, aseguró que «frente a la crisis constituyente tenemos un debate constituyente […] no podemos dejar a nadie fuera».
Con Sánchez al mando y logrado el asalto al CGPJ –con la complicidad del PP– y al Constitucional, todo es posible. El nombramiento de Conde-Pumpido, en fin, confirma que el TC está al servicio de los intereses del golpismo catalán (siete magistrados socialistas frente a cuatro del PP) y que, en el caso de que alguna toga roja se opusiera a los desmanes del Gobierno, Conde-Pumpido haría uso del voto de calidad para desempatar cualquier votación reñida. Hasta ahí podía llegar la broma, que quien ayudó a integrar a ETA ahora no cumpliera aceptando un referéndum secesionista.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
