Opinión
El juez Pedraz y Podemos (aplicación sectaria, espuria e indecente del ordenamiento jurídico)
El juez Pedraz, en el proceso contra Miguel Bernad, por el que se le detiene e ingresa en prisión en la denominada operación Nelson, admite de manera sectaria y espuria la acusación popular del partido político Podemos.
La acusación popular, deviene su legitimación cuando se viola el interés público y la legalidad vigente. En los casos de fraude fiscal cuando la lesión es para la Hacienda Pública, que somos todos los españoles, la legitimidad de la acusación popular es incuestionable.
La acusación particular, tiene obviamente su fundamento base y legitimidad cuando la lesión o perjuicio afecta a un particular.
Pues bien en el caso del Juez Pedraz, y el Fiscal Daniel Campos, aceptar a sabiendas una acusación popular, espuria, de mala fe, temeraria y de falta total de legitimidad.
“Podemos”, ni es perjudicado particular, ni tampoco en el procedimiento contra Miguel Bernad se le imputa un delito contra la Hacienda Pública, por lo que carece de total legitimidad para acusar.
La pregunta que cabe hacerse: ¿Entonces por qué se acepta esa acusación de Podemos?
La respuesta es que el Juez y el Fiscal la aceptan para robustecer de cara a la opinión pública, una acusación que mediáticamente presione en la instrucción y en el juicio oral.
Es verdaderamente indecente ese comportamiento, aparte de la existencia de indicios sólidos de prevaricación, que están ya siendo objeto de estudio.
El Partido político Podemos utiliza la acusación popular de una parte como venganza por la querella que interpuso Manos Limpias contra esa formación por financiación desde Venezuela y por otra parte para que mediáticamente tuviera eco la formación Podemos.
Revisando la hemeroteca de denuncias de Manos Limpias y que recayeron en el Juez Pedraz nos encontramos con lo que a continuación vamos a describir y que pone en evidencia, el sectarismo y actuación espuria del Juez Pedraz.
Fue en el año 2008 cuando Manos Limpias, denunció la evasión fiscal de 198 ciudadanos en Liechtenstein. Pues bien, la denuncia recae en el Juez Pedraz, que no acepta la personación de Manos Limpias, alegando, la inexistencia de perjuicio alguno.
Obvió intencionadamente que Manos Limpias estaba legitimada por cuanto había un perjuicio a la Hacienda Pública.
Ello, pone en evidencia que Pedraz aplica la Ley, según criterios de conveniencia, sin ajustarse a la legalidad vigente.
En el caso que analizamos exonera además a Podemos de exigir fianza alguna y en el caso de Manos Limpias ha venido exigiendo fianzas desorbitadas que impiden ejercer la acción popular.
Con “jueces” tan peculiaridades, ¡Dios nos guarde de caer en sus zarpas!
Y a todo ello, el CGPJ, ni está ni se le espera. Son decenas las denuncias que se reciben en dicho Consejo contra este “juez”, y todas van al archivo…
Jurista y secretario general del sindicato MANOS LIMPIAS
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
