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El Madrid sentencia a Lopetegui, pero no quiere equivocarse en el sustituto
Tomás González-Martín (R).- El cambio es imprescindible. Hay que recuperar el ADN de 116 años de historia. El Real Madrid cambiará de entrenador. La cúpula del Real Madrid tiene que elegir ahora el candidato idóneo. Lo hará sin premura, porque su objetivo principal es acertar. No importa si el nuevo técnico llega el jueves o después del clásico.
Quedará mucha temporada por delante para reaccionar. La clave es conseguir un nuevo responsable deportivo que devuelva a la plantilla la ambición perdida y que logre poner en buena forma a un grupo de futbolistas que no está físicamente bien. Estos dos argumentos son los que han condenado al guipuzcoano.
Los máximos responsables de la entidad consideran que el Real Madrid actual no tiene ambición y está mal preparado físicamente. Son dos puntos determinantes para ejercer el cambio en el banquillo. Se señala al preparador y a su cuerpo técnico.
Los dirigentes del club analizan que ficharon a Lopetegui para que lograra alimentar el ansia de victoria de una plantilla repleta de títulos y no lo ha conseguido. Y subrayan que el estado físico de los futbolistas deja mucho que desear. Es cierto que el grupo ha sufrido muchas lesiones que han frenado su rendimiento, pero la dirección deportiva, encabezada por Florentino Pérez, José Ángel Sánchez, Ramón Martínez y otros hombres de confianza del presidente, valoran que hay otros jugadores que no se han lesionado y que tampoco están bien.
Solo hizo un partido bueno
La reflexión de los hombres que rigen la institución es que esta plantilla tuvo once aspirantes al premio The Best, posee también nueve candidatos al Balón de Oro y no puede rendir así. En un estudio de los partidos de la temporada se observa que el conjunto de Lopetegui solo jugó bien una vez, frente a la Roma, que acabó 3-0. El resto de encuentros no ha sido bueno.
Lopetegui se encuentra sentenciado. Estará inicialmente en el partido de mañana frente al Viktoria Pilsen. Incluso podría sentarse en el banquillo del Camp Nou para dirigir al equipo en el clásico del próximo domingo. No hay prisa en la destitución. Lo fundamental es elegir bien al hombre que debe revertir la situación.
La casa blanca debate la designación del entrenador de futuro. Tres candidatos encabezan la lista de aspirantes: Antonio Conte, Roberto Martínez (seleccionador de Bélgica) y Michael Laudrup, ex jugador del Real Madrid. Pero hay otros profesionales en la baraja madridista. El club no ha dialogado todavía con ninguno de ellos. Debe elegir primero.
Antonio Conte está bien colocado. Gusta por la magnífica preparación física que consigue en sus equipos. Lo demostró en la Juventus y en el Chelsea. Roberto Martínez triunfa con la selección de Courtois y Hazard. Laudrup conoce bien el Madrid.
El sucesor de Lopetegui debe tener la capacidad de levantar al equipo después de tres derrotas consecutivas y ese nombramiento exige un análisis concienzudo. Se requiere un profesional con personalidad que sea un revulsivo en un plantel lleno de jugadores que lo han ganado todo. Debe ser un entrenador que sepa imponer su criterio a unos futbolistas cotizados internacionalmente. Un jefe de vestuario que no se amilane.
Los responsables del Real Madrid abordaron a lo largo del domingo las medidas a tomar, una reflexión que comenzó en la tarde del sábado, y confirmaron que el cambio en el banquillo es ineludible, necesario.
El equipo asume su culpabilidad. Su falta de gol y sus graves errores defensivos han puesto el «the end» a Lopetegui, un hombre aprobado por ellos. El Real Madrid quiere encontrar un técnico que revolucione el estado del equipo y recupere el espíritu ganador en el campo. Falta el nombre y el momento. Será cuanto antes, sin prisa pero sin pausa. Hace falta un golpe psicológico en el vestuario.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
