España
El número de hospitales que fundó España en sus dominios americanos fue de más de 1.000, así como 30 universidades, colegios… ¿Es eso un expolio?
Cada vez más, voces autorizadas desmienten la leyenda negra de España en América.
El pasado 28 de julio, Perú celebró el 200 aniversario de su independencia de España. Y también en Perú han surgido voces que critican el legado de España en ese país y en Hispanoamérica en general.
Al menos, en una reciente homilía, Monseñor José Antonio Eguren, Arzobispo de Piura y Tumbes, reconoció que el mestizaje y la fe cristiana —ambos legados de los españoles— son dos elementos esenciales para conocer y comprender al Perú, recoge Aciprensa.
“La emancipación fue contra el dominio español, y no contra los valores que aportó España al Nuevo Mundo, los cuales se incorporaron al medio americano y se transformaron en categorías propias”, subrayó. “No reconocerlo es caer en el simplismo de un indigenismo radical ideologizado que atiza los enfrentamientos y las luchas sociales, y en vez de unir e integrar, desintegra y disocia”, resaltó el Arzobispo.
Mons. Eguren dijo también que un segundo elemento para comprender la identidad peruana es el cristianismo o la fe cristiana. “Ahora bien, en este proceso de mestizaje, el cristianismo ha sido y es el factor de nuestra unidad nacional. Nuestra Patria ha nacido al calor del anuncio del Evangelio, y a pesar de los problemas del presente, la fe cristiana y católica ha sellado el alma del Perú, constituyéndose en la matriz de nuestra cultura”.
Mons. Eguren resaltó que “nuestro pueblo está marcado en lo más íntimo por la fe católica, nuestro país es un pueblo cristiano, identificado con Cristo y su Madre, la Virgen María”. “Sin falsos triunfalismos podemos afirmar que, la identidad nacional del Perú y de Piura, existe por la fe en Cristo y el espíritu filial a María Santísima”, subrayó.
Mons. Eguren resaltó que “nuestro pueblo está marcado en lo más íntimo por la fe católica, nuestro país es un pueblo cristiano, identificado con Cristo y su Madre, la Virgen María”
Afortunadamente, cuando se cumplen los 200 años de la independencia de algunos países hispanos de España, surgen voces autorizadas que defienden el legado de la madre patria en aquellos países. Es el caso, por ejemplo, de la historiadora María Saavedra, que refuta diez mentiras de la leyenda negra española y la evangelización de América, recoge en Religión en Libertad.
Por ejemplo, Saavedra destaca que uno de los grandes clichés negrolegendarios es el de la evangelización como mera excusa de los españoles para encontrar oro y plata. Y siendo cierto “que había interés en ello”, “todo se hizo bajo la misión de evangelizar”. “Los reyes asumieron esa evangelización, ya que para Roma y el Papado no era posible encargarse de las grandes dimensiones del nuevo mundo. Los reyes pusieron en marcha el proceso evangelizador con todo lo que llevaba consigo, porque realmente en América todo era misión”.
“Es verdad que había mucho oro y mucha plata. Pero cuando América se independiza, se calcula que el número de hospitales fundados por España en sus dominios americanos fue de más de 1.000, destaca la historiadora, así como 30 universidades, colegios para niños, para caciques, para mestizos y, también, para mujeres y niñas. ¿Es eso un expolio?, se pregunta la doctora. “Es una inversión. La red de hospitales y escuelas que se construyó por toda América es inmensa y todo el continente americano está repleto de este tipo de realidades”.
Saavedra subraya “el gran monumento que construyeron los españoles en las Indias”: el derecho indiano
Por otra parte, Saavedra subraya “el gran monumento que construyeron los españoles en las Indias”: el derecho indiano. “Era la manera de adaptar el derecho castellano a la realidad indiana, y siempre en favor del indígena americano”, explica. “Había delitos que tenían mayor pena qur si los cometía un español que si los cometía un indio y desde el primer momento se plantea como proteger a ese indígena”, comenta antes de citar las ordenanzas de 1501 y 1503.
Estos documentos “afirman que los indios van a trabajar a cambio de un salario, se marcan unas horas máximas de trabajo, no se pueden exigir más”. Entre otras de sus medidas garantistas, ordenan que “los domingos se les dará una olla de carne a los indios, las mujeres embarazadas trabajarán como máximo hasta el cuarto mes o que los niños no irán a trabajar. Los trabajadores de las minas”, concluye, “transcurrido un tiempo, recibían un descanso de seis meses antes de regresar”.
España evangelizó y civilizó un continente entero y en el curso de pocos decenios lo insertó en la tradición grecorromana y cristiana. Un hecho prodigioso
Otra autora que ha puesto de relieve la gran labor de España en América y Filipinas es Angela Pelliciari, historiadora italiana que acaba de publicar Una historia única, de Zaragoza a Guadalupe, libro en el que afirma, literalmente: «La historia de España es realmente una historia única. España es la única nación que ha conseguido reconquistar la libertad después de ocho siglos de dominación musulmana (711-1492). Sin retroceder jamás ni decaer en el ánimo, los españoles disputaron su tierra palmo a palmo a los invasores y triunfaron gracias a la fe del pueblo, de la Iglesia y de la clase dirigente. Lo lograron porque pidieron, y obtuvieron, la ayuda del Cielo. España es la primera nación que inventó las formas parlamentarias, la primera que dio vida a un estado moderno en cuanto a la eficiencia administrativa y la calidad del sistema educativo, la primera en llevar a cabo, con más de cincuenta años de anticipación sobre el Concilio de Trento, una amplia reforma de la Iglesia. Aún más: España evangelizó y civilizó un continente entero y en el curso de pocos decenios lo insertó en la tradición grecorromana y cristiana. Un hecho prodigioso, para hacerlo posible fueron de nuevo necesarias la calidad de los hombres y la ayuda del Cielo. España, en fin, tiene una historia única porque en plena época de esclavitud defendió, gracias a la extraordinaria personalidad y a la profunda fe de Isabel de Castilla, la libertad de sus súbditos americanos. De todos sus súbditos sin distinción, a pesar de las terribles tradiciones de muchos de ellos, entregados a los sacrificios humanos masivos y al canibalismo. La avaricia, la injusticia y la violencia siempre andan al acecho en todas partes, pero la Corona y la Iglesia españolas hicieron cuanto estuvo en su mano para combatirlas».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
