Europa
El número de reclusos de origen extranjero en las cárceles alemanas alcanza su máximo histórico

Por Soeren Kern.- La proporción de reclusos de origen extranjero en las cárceles alemanas está en su máximo histórico, según un nuevo estudio de los ministerios de justicia de los 16 estados federales de Alemania. En Berlín y Hamburgo, por ejemplo, más del 50% de los presos son del extranjero, según el informe, que también reveló un pico en el número de islamistas en el sistema penitenciario alemán.
Los datos, recopilados por el periódico Rheinische Post, muestran que el aumento de reclusos extranjeros empezó en 2015, cuando la canciller Angela Merkel permitió la entrada sin vetos a Alemania a más de un millón de inmigrantes de África, Asia y Oriente Medio.
Todos los estados federales de Alemania reportaron un «aumento muy acusado» de presos extranjeros y apátridas entre los últimos tres y cinco años, según el periódico, aunque el total a nivel nacional es difícil de calcular por las diferencias en el modo de recopilar las estadísticas de los estados.
Desde 2016, por ejemplo, en los estados federales del oeste la proporción de reclusos extranjeros creció del 55% al 61% en Hamburgo; del 43% al 51% en Berlín; del 44% al 48% en Baden-Wurtemberg; del 35% al 41% en Bremen; del 33% al 36% en Renania del Norte-Westfalia; del 28% al 34% en Schleswig-Holstein; del 29% al 33% en la Baja Sajonia; del 26% al 30% en Renania-Palatinado; y del 24% al 27% en Sarre. En Hesse, la proporción aumentó ligeramente, del 44,1% al 44,6% hace tres años. En Baviera, la proporción creció del 31% al 45% desde 2012.
El número de reclusos extranjeros en los estados federales del este también está aumentando. En Sajonia, el número de presos extranjeros ha crecido más del doble desde 2016. La mayoría de los reclusos extranjeros allí son de Polonia, Túnez, Libia, la República Checa y Georgia. Mecklemburgo-Pomerania Occidental tiene ahora 160 reclusos extranjeros de 66 países diferentes.
Las autoridades alemanas también están reportando un aumento en el número de musulmanes en las cárceles alemanas. La proporción de musulmanes en las cárceles alemanas es ahora considerablemente más alto que su cuota de la población total.
Con el reciente influjo masivo de inmigrantes, la población musulmana de Alemania se sitúa ahora en los seis millones, o el 7% de la población total alemana, 82 millones. En cambio, aproximadamente el 20% de los 65.000 presos en las cárceles alemanas son musulmanes, según los datos recopilados por los ministerios de Justicia regionales.
Los musulmanes representan el 29% de los reclusos en Bremen; el 28% en Hamburgo; el 27% en Hesse (aunque en algunas cárceles de allí, el 40% de todos los presos acuden a las oraciones del viernes); el 26% en Baden-Wurtemberg; el 21% en Renania del Norte-Westfalia; el 20% en Berlín; y el 18% en Baviera.
Al menos 300 islamistas de línea dura están cumpliendo condena en el sistema penitenciario alemán, según los datos de los ministerios de Justicia regionales. Pesan órdenes de arresto sobre otros 350 islamistas. La mayoría de los reclusos islamistas están en Hesse, Baviera, Renania del Norte-Westfalia y Berlín. Muchos están siendo alojados en instalaciones distintas, pero hay preocupación por que aquellos que no lo sean puedan radicalizar a otros reclusos.
En Hesse, por ejemplo, el número de islamistas ha crecido más del triple desde 2013, mientras que en Baden-Wurtemberg, la cifra de presos islamistas ha aumentado más del doble desde 2016. «El número de presos que están llamando la atención por su sentimiento islamista ha experimentado un acusado aumento en los últimos dos años», dijo Guido Wolf, ministro de Justicia de Baden-Wurtemberg. «Esto presenta un nuevo problema para nuestros funcionarios de prisiones, que ya soportan una gran carga. Estamos haciendo todo lo posible para detectar las señales de una radicalización islamista en las primeras fases y estamos decididamente contra ello».
Entre el 10% y el 15% de los presos musulmanes en las cárceles alemanas están en riesgo de radicalización, según Husamudín Meyer, un alemán convertido al islam sufí que ahora trabaja como clérigo en el sistema penitenciario de Renania del Norte-Westfalia. Dijo que el sistema de cárceles alemán necesita más imanes, que según él podrían trabajar para contrarrestar la radicalización.
En Renania del Norte-Westfalia había 14 imanes en las cárceles, pero ahora tiene sólo 25. El descenso se produjo después de que las autoridades alemanas llevaran a cabo controles de seguridad a los imanes de las cárceles y descubriera que 97 de ellos eran funcionarios turcos cuyos salarios pagaba el Gobierno turco. Turquía se negó a permitir que los funcionarios alemanes entrevistara a los imanes. «La exigencia de que estos empleados deban someterse a un nuevo control de seguridad es impropio y está mal», dijo el consulado turco. El ministro de Justicia de Renania del Norte-Westfalia, Peter Biesenbach, respondió: «El objetivo a medio plazo debe ser organizar la atención religiosa y pastoral para que sea independiente del Estado turco».
Mientras, en Hesse, el Ministerio de Justicia suspendió a un imán de una cárcel por sus vínculos con los Hermanos Musulmanes.
El aumento de los reclusos extranjeros ha dado lugar a unas cárceles masificadas y a una carencia de personal. Las cárceles de Baden-Wurtemberg y Renania del Norte-Westfalia están actualmente al máximo de su capacidad. Para intentar mitigar la masificación en Renania del Norte-Westfalia, más de 500 presos fueron excarcelados por medio de una «amnistía navideña». Las cárceles de Baviera, Berlín, Bremen, Hamburgo y Renania-Palatinado están al 90% de su capacidad.
Mientras, el personal de las prisiones de Renania del Norte-Westfalia han hecho más de 500.000 horas extraordinarias durante 2018, según un informe judicial interno filtrado al Rheinische Post. El sistema penitenciario de Renania del Norte-Westfalia requiere al menos 500 nuevos trabajadores para cubrir la escasez de personal. A pesar de los buenos sueldos y beneficios, hay pocos candidatos por el esfuerzo físico y emocional del trabajo.
Además de la escasez de personal, muchas instalaciones penitenciarias se están dilapidando. Más de 500 reclusos de Münster, por ejemplo, fueron evacuados y transferidos a otro lugar porque el edificio estaba en peligro de derrumbe. En Colonia, más de cien centros de detención están cerrados actualmente por la presencia de asbesto. Se necesitaron al menos 3.000 millones de euros para rehabilitar las instituciones deterioradas sólo en Renania del Norte-Westfalia.
En un artículo titulado «El alemán se convierte en una lengua extranjera en muchas cárceles», el Berliner Morgenpost informó sobre el creciente número de conflictos entre los funcionarios de prisiones alemanes y los reclusos alemanes por las barreras de la comunicación. «Está creciendo la necesidad de cursos de lengua y servicios de interpretación, como de competencias para tratar con otras culturas», dijo Dieter Lauinger, ministro de Justicia de Turingia.
El sindicato de prisiones GG/BO (Gefangenen-Gewerkschaft Bundeswite Organisation) ha pedido a los gestores de las cárceles que contraten a intérpretes que puedan dar órdenes y emitir instrucciones en las lenguas maternas de los presos extranjeros. Aunque algunos estados sí utilizan intérpretes, el coste es a menudo prohibitivo.
Las cárceles alemanas también están reportando un aumento en los ataques de los presos al personal de las cárceles. El Sindicato de Trabajadores de Prisiones (Bund der Strafvollzugsbediensteten Deutschlands) sumó 550 de estas «incidencias especiales» en 2017. En Renania del Norte-Westfalia, por ejemplo, el número de ataques a los empleados de las cárceles ha crecido más del doble desde 2016.
«Las cifras son un reflejo de nuestra sociedad», dijo Peter Brock, presidente del sindicato BDSD. «Los insultos, las amenazas y los ataques son parte de la vida diaria».
España
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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado
La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas
Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.
El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.
El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.
El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.
La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.
Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.
Modernización total
El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».
Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión». Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española 
Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».
Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.
El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.
Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.






