España
El oscuro Stephen Bannon, de ser expulsado de la Casa Blanca por traidor a Trump a asesorar a Vox para destruir a la derecha española
El juego del trono cobró otra víctima más en agosto de 2017, con la expulsión del jefe de estrategia política Stephen Bannon de la corte del presidente Donald Trump por «traidor».
La Casa Blanca confirmó la salida de Bannon horas después de que un torrente de versiones extraoficiales ya indicaban una decisión inminente. “El jefe del gabinete de la Casa Blanca John Kelly y Steve Bannon acordaron mutuamente que hoy sería el último día de Steve. Estamos agradecidos por su servicio y le deseamos lo mejor”, fue la única declaración oficial de la Casa Blanca sobre la decisión.
Quien había sido considerado como el Rasputín del presidente y figura máxima dentro de la Casa Blanca con vínculos con la llamada “derecha alt” -una constelación de agrupaciones nacionalistas y que favorecen en palabras del estratega una “deconstrucción del estado administrativo” – Bannon ya se encontraba en apuros cuando se descubrió que se dedicaba a filtrar información sensible del presidente norteamericano.
Meses después de su despido, se anunció que Bannon era uno de los asesores de Vox, en estrecho consorcio con el proisraelí Rafael Bardají. La vinculación de Bannon con el partido de Abascal no hacía sino llenar de razones al mandatario estadounidense. Bannon ha sido uno de los responsables de que Vox haya orbitado estos meses en torno a Wall Street y los globalistas. De hecho, con Bannon como mentor en la sombra, Vox se ha olvidado en la campaña a las generales de hablar de inmigración e incorporó a su programa económico propuestas ultraliberales bendecidas por la Citi.
La creciente influencia de Bannon en Vox ha sido parte del intento del Yunque para tratar de frenar la asunción de un discurso contrario a los intereses de los lobbies sionistas. Baste recordar el cese del candidato al Congreso por Albacete, Fernando Paz, por mantener un punto de vista sobre el Holocausto distinto al establecido como oficial. Al cese de Paz le siguió el de Ruiz Puertas, ex líder de Respeto, al descubriese su vinculación en el pasado con CEDADE.
Bannon y Bardají impusieron el alineamiento de Vox con los intereses sionistas y empiezan a surgir voces que relacionan al estadounidense con la estrategia de estos grupos para el derrumbe político de la derecha en beneficio de la izquierda.
Mientras tanto, Vox pretende concurrir a las elecciones municipales y autonómicas en algunos puntos clave, lo que se traducirá en la entrada al galope de la izquierda en ciudades y comunidades que aún no controla. El filósofo libanés Galil Gibran dejó escrito lo que debería ser imperativo para cualquier votante de Vox en el futuro: «La primera vez que me engañes, será culpa tuya. La segunda será culpa mía».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
