España
El otoñal calvario judicial que aguarda a Podemos: la ‘Caja B’, el ‘caso Dina’ y ‘Neurona’
El ex coordinador legal de los morados, José Manuel Calvente, acorraló al partido con sus declaraciones en los tribunales
Duro inicio de curso político el que aguarda a Unidas Podemos.
Juan Velarde.- Amén de tener que comulgar con la rueda de molino que es ‘aceptar’ la presencia de Ciudadanos para que Pedro Sánchez pueda sacar adelante los que serían sus primeros Presupuestos Generales del Estado, al partido de Iglesias le espera un ámbito mucho más delicado, el judicial.
Tal y como detalla este 5 de septiembre de 2020 el diario El Mundo, la formación morada ya comienza a otear en el horizonte las próximas citas en los juzgados para sustanciar los casos en los que Unidas Podemos y sus dirigentes está implicados como parte acusada.
Seguramente, la vista que tendrá más carga mediática y la que más destrozos puede hacer en el entorno de Pablo Iglesias es la que viene derivada de todas las denuncias realizadas por el ex asesor jurídico de Podemos, José Manuel Calvente.
Concretamente es el juzgado 42 de Madrid donde se abrió la jugosa denuncia presentada previamente en la Guardia Civil, un escrito en el que se acusa a los responsables morados de esconder una trama corrupta.
Esas irregularidades, conocidas como la ‘caja B’ de Podemos, se resumen en, siempre según el testimonio de Calvente, en pago de nóminas que superaban lo establecido, abono de gastos injustificados, licitación de la reforma de la sede de Podemos sin que se cumpliesen los requisitos legales, acceso ilegal a ordenadores para hacerse con informaciones sensibles, gastos de campaña sin justificar y así un largo etcétera.
Amén de Unidas Podemos como formación, también están imputados a título personal Juan Manuel del Olmo, secretario de Comunicación de Podemos, responsable de las campañas y mano derecha de Iglesias; el tesorero, Daniel de Frutos; la gerente del partido, Rocío Esther Val; y la responsable de compras y servicios, Andrea Deodato.
La primera cita, sin embargo, será el 10 de septiembre de 2020 en la Audiencia Nacional. Se trata del ‘caso Dina’, el del supuesto robo del móvil de la ex asistente de Pablo Iglesias en Bruselas, Dina Bousselham, a manos de las cloacas del Estado.
Calvente, que nunca creyó en esa tesis, ya que sostenía que fue un hurto común, fue precisamente apartado de las funciones de coordinador legal de Podemos por no seguir las órdenes de un Iglesias que trató de sacar tajada en las urnas de este caso defendiendo la teoría de la conspiración.
Es más, la jugada le salió mal al hoy vicepresidente segundo del Gobierno puesto que la propia Audiencia Nacional le retiró la condición de perjudicado y ha pasado a estar señalado como sospechoso al conocerse que durante meses retuvo en su poder la tarjeta de memoria del móvil de Dina.
Y como no hay dos sin tres, a Unidas Podemos le espera otra citación, la que se deriva del último informe del Tribunal de Cuentas respecto de unos pagos de la formación que no están debidamente justificados.
El fiscal jefe de esta institución, Miguel Ángel Torres, ha detectado hechos que permiten fundamentar la existencia de indicios de la comisión de un delito de fraude electoral y otro de falsedad en documento mercantil.
Se trata, concretamente, de la facturación de 290.000 euros a la consultora Neurona Consulting para la elecciones de 2019.
En definitiva, no solo será un otoño complejo, sino que también le espera una gélida travesía invernal por los tribunales al partido de Pablo Iglesias.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
