Sociedad
El panfleto de Iglesias pone en la diana a Ana Rosa, Vallés e Inda por denunciar el ‘Ministerio de la Verdad’
La Última Hora, ante la falta de pruebas para justificar sus ataques a los informadores que no son de su cuerda, recurre a los mensajes de varios tuiteros
Igual que pretender hacer una tortilla sin romper los huevos resulta metafísicamente imposible, también lo es imponer una censura y que no te critiquen.
La intención del Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez es la de controlar hasta la saciedad las informaciones que salen de los medios de comunicación y decidir verbigracia qué se considera noticia y qué es bulo.
Y, claro, con Iván Redondo, el gurú del presidente del Ejecutivo y Miguel Ángel Oliver, secretario de Estado de Comunicación y pergeñador de las famosas ruedas de prensa de Pedro Sánchez en las que se dificultó sobremanera el papel de la prensa a la hora de formular cuestiones al mandatario de La Moncloa y a sus ministros, al frente del ‘Ministerio de la Verdad’, las sospechas de que Moncloa quiere vigilar a los medios han aflorado como setas en un bosque.
Por eso, las críticas que han emitido periodistas como Eduardo Inda (Okdiario), Vicente Vallés (Antena 3), Ana Rosa Quintana (Telecinco) y hasta Antonio García Ferreras (laSexta) no han gustado en el seno del Gobierno y ya se han lanzado a señalar con el dedo a estos periodistas.
Y estando dentro del gabinete monclovita Pablo Iglesias era evidente que no iba a desaprovechar la ocasión de ordenar a su exasesora en el Parlamento Europeo, Dina Bousselham, a que empezara la campaña de hostigamiento contra los periodistas que no se pliegan a las intenciones amordazadoras del Gobierno.
Así que ni corta ni perezosa, la protegida del vicepresidente segundo del Ejecutivo se puso manos a la obra a poner ojos y caras a los informadores que no son del agrado del tándem Sánchez-Iglesias.
Eso sí, a falta de pruebas que pudieran demostrar que los periodistas puestos en la diana mienten como bellacos, el digital de Bousselham, La Última Hora, prefiere parapetarse en los tuits de varios usuarios y así poner en boca de otros lo que en realidad es un pensamiento de la tropa podemita de Pablo Iglesias, que vuelve a ponerse el traje que tanto le gusta, el de juez y parte.
Así, se pueden ver ‘trinos’ de todo pelaje y disparando sin criterio contra esos informadores que no se pliegan a la censura que Moncloa pretende imponer a saco matraco:
Normal que en @laSextaTV no guste la ley antibulos. Imagínate no poder difamar con invenciones a nadie de Podemos. Inda y compañía tienen que echar el cierre.
— Dulce CC (@DulceCorcu) November 6, 2020
Ayer los informativos de EEUU cortaron la rueda de prensa de Trump por las mentiras que estaba diciendo
En España Vox miente como ideologia continuamente y Periodistas como Inda y Cia son protegidos en los principales medios, para proteger a la extrema derecha
— R-Evolución (@AlquimistaAst) November 6, 2020
Recordando este momento en el programa de AR.
Ana Rosa: «Queremos tambien una desescalada hacia la verdad y la transparencia. Eduardo Inda, bienvenido».
Verdad y transparencia son términos incompatibles con este creador de bulos.
Es para reír. pic.twitter.com/qUnFKoKMjI— DΛПIΣL 🌐 (@Tfosorcim2) November 6, 2020
@Newtral,empresa de Ferreras y Ana Pastor para desmentir bulos,todavía no han puesto ni un fake de Inda.Luego os quejais de que quieran controlar los bulos que vosotros tapais. pic.twitter.com/KKSyZbeopz
— Andaluza . (@macaga63) November 6, 2020
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
