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Tribunales

El Poder Judicial se rebela ante la pasividad de Sánchez frente al acoso separatista

Redacción

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La presidencia de la Sala Penal del Tribunal Supremo en la que tendrá lugar el juicio del procés, el 12 de febrero

A apenas cinco días del inicio del juicio del «procés», la campaña de acoso y desprestigio al Poder Judicial español es patente por parte del entorno independentista con actos como el del pasado viernes, cuando los radicales llegaron a arrojar excrementos a las puertas de los juzgados catalanes sin que los Mossos d’Esquadra hicieran acto de presencia. Lejos de condenar con contundencia este ataque contra el sistema judicial español, el Ejecutivo ha irrumpido en escena a las puertas del juicio con el anuncio de que van a negociar con quienes buscan los mismos fines que quienes se sientan en el banquillo por haber intentado alcanzarlos burlando la ley. Y, además, con un relator por medio.

Ante la tibia defensa del Ejecutivo con los representantes del Poder Judicial, el órgano de gobierno de los jueces tomó ayer cartas en el asunto y pidió al Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que le informe puntualmente sobre el dispositivo de seguridad desplegado por los Mossos desde ayer en las sedes judiciales. Si se concluye que las medidas no son suficientes, el Consejo instará a Interior a que sean las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado las que protejan a los jueces.

«En caso de que, a partir de esos informes, se concluyese que la suficiencia y efectividad de los dispositivos ha resultado cuestionable, esta circunstancia se pondrá en conocimiento del Gobierno de la Nación para que articule los medios jurídicos y materiales necesarios de colaboración y coordinación para proporcionar a las sedes judiciales la debida protección con participación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado», señala el acuerdo de la Comisión Permanente.

El inicio de la vista

Ante la inactividad del Ejecutivo frente el desamparo de los representantes del Poder Judicial en Cataluña, el órgano de gobierno de los jueces coge así las riendas de la situación dejando claro, además, que el ataque viene ya de lejos. «La Comisión Permanente se congratula de que, por fin, (…) se estén adoptando medidas que parecen apuntar en la línea correcta, aunque haya tenido que ser tras múltiples requerimientos y, finalmente, órdenes perentorias». Y recuerda el «esfuerzo extraordinario y efectivo (de los jueces), que nunca será suficientemente reconocido, para llevar a cabo su función con absoluta independencia e imparcialidad para que la democracia sea una realidad en Cataluña y en el resto de España».

Entretanto en el Supremo impera el sosiego y la prudencia respecto al último movimiento del Gobierno de Pedro Sánchez. La Sala Segunda está centrada en el inicio de esta vista, que pretende terminar antes de las elecciones de mayo, y no quiere entrar a valorar la actuación del Ejecutivo, que magistrados ajenos al tribunal juzgador sí se atreven a tachar cuando menos de «inoportuna». Opinan que si Sánchez quería hablar con los secesionistas debería haber esperado a la sentencia del «procés», ya no solo por lo que esta negociación (criticada por los propios socialistas) supone dentro de nuestras fronteras, sino también fuera, donde los independentistas han extendido la idea de que en España hay presos políticos.

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Pedro Sánchez trató ayer en Estrasburgo de desmontar en unas horas lo que los secesionistas llevan trabajando un año y medio, pero a la vez, en España está dando alas a procesados como Junqueras para que introduzcan en el juicio esta mesa de negociación, apuntan fuentes jurídicas. «¿Cómo se verá en los telediarios internacionales que la justicia española esté juzgando un delito de rebelión mientras el Gobierno habla con quienes están dispuestos a romper el Estado? No parece una actuación muy acertada», señalan fuentes jurídicas.

Respecto a la figura del relator y del observador internacional el propio tribunal del 1-O ya se pronunció en el auto de admisión de prueba para el juicio. «Hacer depender de la opinión de un relator la conclusión acerca de la legalidad internacional del derecho a decidir, supone quebrar de forma irreparable el significado de la función jurisdiccional», dijo entonces el Supremo.

Desaparecida

Entretanto, la ministra de Justicia, Dolores Delgado, está «desaparecida». Los audios de Villarejo, sus maltrechas relaciones con algunos miembros del Ejecutivo, su impulsividad y su poca tolerancia a las críticas han terminado por minimizar sus apariciones públicas hasta el punto de que su presencia en el Ministerio ha quedado reducida prácticamente a las fosas del franquismo y a los presuntos abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia. Ayer mismo, en plena polémica por la soledad de los jueces catalanes ante el acoso independentista, una nota de prensa del Ministerio se hacía eco de que la ministra ha mandado una carta a la Conferencia Episcopal en la que le pide «toda la información en su haber sobre investigaciones o procedimientos internos de denuncias de agresiones y abusos sexuales en instituciones eclesiásticas».

Abogacía del Estado

A su maltrecha relación con asociaciones de jueces y fiscales se suma la crisis sin precedentes que Delgado ha abierto en la Abogacía del Estado precisamente en relación con el «procés»: primero, al ningunear los informes de los servicios jurídicos del Estado que aconsejaban la defensa del juez Llarena en Bélgica ante la demanda de Puigdemont; y después, con la purga del jefe de la sección penal de la Abogacía del Estado, Edmundo Bal, tras decidir el Gobierno rebajar la acusación de rebelión a unos simples incidentes callejeros. Ni la violencia empleada contra los juzgados y la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) durante los últimos días ha merecido una declaración pública y contundente por parte de Delgado. La sustituyó por un tuit en la cuenta del Ministerio en el que se limitaba a expresar «nuestro firme apoyo a los jueces y fiscales que cada día imparten en esta comunidad una Justicia profesional e independiente».

 

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España

El juez del Tribunal Supremo que investiga al Fiscal General le acusa de «destruir pruebas». Pero aquí no dimite nadie

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El juez que investiga a García Ortiz le reprocha que haya hecho «desaparecer pruebas»

Hurtado señala la «falta de colaboración» del fiscal general del Estado por no haber comunicado al tribunal la eliminación de sus mensajes

El juez del Tribunal Supremo que investiga al fiscal general del Estado por revelación de secretos -por la filtración de datos reservados del empresario Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso- ha reprochado a Álvaro García Ortiz que haya hecho «desaparecer pruebas» de sus móviles, tras constatar la Unidad Central Operativa (UCO) que eliminó sus mensajes en los días claves de la divulgación de esa información confidencial sobre la investigación al empresario por fraude tributario.

Así lo pone de manifiesto el magistrado Ángel Hurtado en la resolución en la que -tras la queja del fiscal general sobre la incorporación de datos reservados a los informes de la UCO- acuerda que acusaciones y defensas puedan consultar los anexos de esos dictámenes en la propia secretaría del tribunal, para reducir así el riesgo de filtraciones. El instructor toma esta decisión tras recibir el último informe de la UCO, fechado el pasado día 21, que incorpora tres anexos sobre lo «cambios de móvil» del fiscal general

El instructor señala que «es una evidencia» que García Ortiz «ha hecho desaparecer pruebas que podrían encontrarse en sus terminales móviles» a lo largo de la instrucción. Y «aunque ha dado distintas explicaciones para hacerlo», añade, «de haber mostrado algún grado de colaboración con el esclarecimiento de los hechos, bien podía haberlo comunicado antes de llevar a cabo tal desaparición» y «no aprovechar» para llevar a cabo ese borrado masivo el mismo 16 de octubre del pasado año, «cuando es notorio que este Tribunal Supremo se declara competente para conocer de la causa, a raíz de auto de 15 de octubre».

«Precauciones para sustraerse a la acción de la Justicia»

Ante esa eliminación de datos, y «el cauteloso «conjunto de precauciones para sustraerse a la acción de la Justicia», como dice nuestra LECrim -asegura-, se han acordado diversas diligencias «para tratar de recuperar pruebas», para lo que «ha sido necesario acudir a la realización de una serie de medidas de investigación tecnológica en búsqueda de los dispositivos móviles con los que se presume que ha desplegado su actividad delictiva, en las que, previsiblemente, el propio investigado debió haberse representado la posibilidad de encontrar datos relativos a terceros, que no había razón para descartar que ofrecieran información que contribuyese a ese esclarecimiento de los hechos».

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Hurtado se refiere de forma expresa a lo que señala a este respecto la Exposición de Motivos de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (Lecrim) cuando se refiere -con el lenguaje propio de finales del siglo XIX- a la «desigualdad» de condiciones entre el investigado y el Estado en un procedimiento penal en la medida en que «desde que surge en su mente la idea del delito, o por lo menos desde que, pervertida su conciencia, forma el propósito deliberado de cometerlo», aquel «estudia cauteloso un conjunto de precauciones para sustraerse a la acción de la Justicia y coloca al Poder público en una posición análoga a la de la víctima, la cual sufre el golpe por sorpresa, indefensa y desprevenida». Para restablecer esa igualdad, expone la norma procesal, «menester es que el Estado tenga alguna ventaja en los primeros momentos siquiera para recoger los vestigios del crimen y los indicios de la culpabilidad de su autor».

Y aunque deja claro que «no desconoce» que «carece de relevancia penal que un investigado llegue a hacer desparecer pruebas», añade que «tampoco se debe ignorar» que ese borrado de mensajes de su móvil (y también de las copias de seguridad, según ha constatado la UCO) «no tenga incidencia en el desarrollo de una instrucción penal».

La consulta de documentos, en el Supremo

Hurtado acuerda que, a partir de ahora, los anexos de los oficios que realice la UCO no se entregarán a las partes, que únicamente podrán consultarlos en la secretaría del alto tribunal. García Ortiz se quejó de una supuesta vulneración de la normativa de protección de datos por la divulgación de información reservada en los anexos a esos dictámenes.

El magistrado se ampara en el artículo 236 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, que faculta a los jueces a adoptar las medidas necesarias para suprimir datos personales de resoluciones y documentos «siempre que no sean necesarios para garantizar el derecho a la tutela judicial efectiva», y sin que en ningún caso, pueda producirse indefensión a las partes.

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