España
El PP, los nacionalistas y otros gusanos repugnantes: El PP votó a favor de exigir al Gobierno que Netflix tenga una cuota de contenido en gallego
El líder del PP, Pablo Casado, criticó que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pactara con ERC exigir una cuota del 6% en lenguas cooficiales en las producciones audiovisuales, un acuerdo que no es posible aplicar porque «contraviene la directiva» europea, pero que el Ejecutivo socialcomunista salvará con un fondo de 10,5 millones para subvencionar producciones en las lenguas cooficiales.
En su crítica, el propio Casado olvidó que el presidente de la Xunta de Galicia, el popular Alberto Núñez Feijóo, apoyó una iniciativa del BNG y el PSOE -que partía de la Mesa por la Normalización Lingüística en Galicia- para que se exija que plataformas internacionales de contenido audiovisual tengan una cuota del contenido en gallego.
En un reciente comunicado, la Mesa ha recordado que el Parlamento de Galicia aprobó por unanimidad en mayo de 2021 -con el apoyo, por tanto, del PP- la Iniciativa Popular Xabarín que reclamaba que la Ley General del Audiovisual reconozca como principio básico «la pluralidad lingüística» e «iguale contenidos y porcentajes mínimos en gallego y español en los doblajes, leyendas y audiodescripciones, así como en la prefinanciación de producciones audiovisuales en canales de televisión lineales o bajo demanda, y plataformas».
Además, exigía que la Corporación Española de Radio y Televisión difunda todos sus contenidos con opción doblada al gallego, en particular en la programación del canal específico infantil y juvenil, y en los contenidos de su aplicación.
En Galicia, bajo el Gobierno de Feijóo, la Administración autonómica ignora de forma metódica el español. Buena parte de la documentación oficial solamente está disponible en gallego bajo el argumento de que es la lengua «propia» de Galicia, aunque el Tribunal Constitucional ya sentenció que la condición de «lengua propia» no puede suponer «un desequilibrio (…) de la cooficialidad de ambas lenguas en perjuicio del castellano» y advirtió que las administraciones públicas en comunidades bilingües «no pueden tener preferencia por ninguna de las dos lenguas oficiales«.
Desde la Xunta de Feijóo se sostiene que el gallego es «el marcador más claro de la personalidad colectiva gallega»… y el propio presidente ha llegado a referirse a dicha lengua como «el idioma que une a los gallegos».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
