Opinión
El PP no tiene nada que «envidiar» al PSOE. Por Efrén Díaz Casal. Coronel de Infantería

Tras los tiempos de la conversación familiar en catalán de Aznar, la cobardía política de Rajoy y la debacle de Pablo Casado, el Partido Popular continúa con las arbitrariedades de Alberto Núñez “Fiascóo” aplaudidas por su corte de turiferarios que no sirven más que para hacer la pelota, causas de la defección de cantidad de electores de la fuerza política que éste último nunca debió liderar.
La pretensión que me guía al enviar esta misiva es que los ayuntamientos gobernados por alcaldes del PP cumplan las el Artículo 21.1 de nuestra Constitución, jurada o prometida por todos los miembros de sus respectivas corporaciones municipales, y los artículos octavo y noveno de la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública.
He solicitado a los alcaldes del PP, entre ellos al de Madrid, que han jurado o prometido respetar las normas mencionadas en el párrafo anterior, recibiendo un glacial silencio y la contumaz vulneración de la legalidad por toda respuesta.
Igualmente he solicitado a Alberto Núñez “Fiascóo” que requiera a los alcaldes del PP que respeten los preceptos legales mencionados, entre ellos la Constitución que él mismo ha prometido, recibiendo la misma respuesta.
El PSOE también vulnera las mismas disposiciones y adopta la misma contumaz actitud, habiéndome dirigido a buen número de parlamentarios del PP para que, de acuerdo con la función que les asigna el Artículo 66.2 de la Constitución de controlar la acción del Gobierno, intervengan para que los alcaldes del PSOE respeten el Artículo 21.1 de nuestra Constitución, jurada o prometida por todos ellos, y los artículos octavo y noveno de la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública, recibiendo la misma respuesta.
Las respuestas que he recibido de esta manada de inciviles revelan su falta de respeto al ciudadano, al que deben el sueldo que manifiestamente no merecen pues su proceder constituye un monumento a la indecencia política, una amenaza para la democracia, una agresión a la dignidad de España, a la reputación del PP y a la suya personal.
Este rebaño de infractores hace oídos sordos al ciudadano cuando se dirige a ellos para censurar, por ejemplo, que están vulnerando la Constitución y la Ley Orgánica 9/1983, en la tramitación de actos religiosos en la vía pública, obedeciendo a una enfermiza soberbia que sitúa su voluntad por encima de la ley en abierta contienda con el PSOE.
Hay que comprender que esta panda de sátrapas está perfectamente coordinada, su endiosamiento rezumado de estulticia, no impide a los caciques populares reprochar con toda osadía lo que ellos creen errores a los dirigentes de otras fuerzas políticas, por ejemplo, la corrupción, silenciando su vulneración de las normas citadas.
Junto con todas estas necedades, Alberto Núñez “Fiascóo” no duda en acudir al 44º Congreso Confederal de UGT, idiotez que no ha cometido ninguno de sus antecesores en la dirección del PP, parangonándose con los afiliados a la UGT reivindicando su pasado sindicalista.
Otra muestra del desastre de Alberto Núñez “Fiascóo” es que, el pasado miércoles 20/11/2024, sus correligionarios del Partido Popular Europeo con quienes se ignora los valores que comparte, le dejaron colgado de la brocha al intentar impedir a Teresa Ribera acceder a una vicepresidencia de la Comisión Europea.
Lo de la tragedia de la Dana de Valencia dando su apoyo a Mazón contra la opinión de los afectados merece toda crítica al tiempo que la dimisión del todavía presidente de la Generalidad valenciana y del propio “Fiascóo”.
En resumen, que Alberto Núñez “Fiascóo” llegará a La Moncloa, pero de visita, en tanto que sus simpatizantes y militantes continúen teniendo vedada la capacidad de pensar, ya que la confianza y el respeto de los ciudadanos se ganan a través de la integridad y la adhesión a los principios que sustentan nuestra sociedad: si se pierde la dignidad y los principios, por un beneficio temporal, al final se acaban perdiendo también los electores.
Efrén Díaz Casal
Coronel de Infantería
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






