Sociedad
El Presidente del Gobierno Comunista, Pedro Sánchez, y su despreciable e inhumano gesto hacia las familias de los muertos (que no sabe contar): las ignora en el homenaje a las víctimas del COVID19
Sánchez se olvida de las familias
Ha sido este miércoles cuando el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado que el próximo 16 de julio tendrá lugar un homenaje de Estado a las víctimas del Covid-19, un homenaje al que no han sido invitadas las familias.
«Esta ceremonia civil será la despedida a todos los que han perdido la vida en España por la pandemia y un reconocimiento para sus familiares y para quienes, habiendo sufrido la enfermedad, afortunadamente han sobrevivido», decía el Gobierno socialcomunista en un comunicado.
Pero Pedro Sánchez se ha olvidado de las familias de los afectados, así lo confirma OKDIARIO tras haber conversado con asociaciones como ADCOVID y ASACOVID, que reúnen a miles de familias afectados por la pandemia.
Las víctimas del #COVID19 merecen nuestro recuerdo.
El próximo 16 de julio celebraremos la ceremonia de Estado en homenaje a los ciudadanos y ciudadanas que han perdido la vida durante la pandemia. También a los servidores públicos que han luchado contra el virus durante meses. pic.twitter.com/VYznWJFiUG— Pedro Sánchez (@sanchezcastejon) June 17, 2020
Las asociaciones denuncian que el Gobierno de Pedro Sánchez se ha olvidado de las verdaderas víctimas por el coronavirus, calificando el homenaje de «puro postureo».
«Este acto no es una prioridad para las familias de los fallecidos pero nos habría gustado tener conocimiento del homenaje por parte del Gobierno», denuncian las asociaciones, que insisten en que «nadie les ha llamado» informando de las intenciones del Gobierno.
El Rey presidirá el acto
El acto estará presidido por el Rey Felipe VI y tendrá lugar en la Plaza de la Amería del Palacio Real, donde el monarca suele recibir a los mandatarios extranjeros en visita de Estado a España.
El propio Pedro Sánchez anunciaba el homenaje de Estado durante la sesión de control al Ejecutivo en el Congreso. Allí ha explicado que el homenaje no solamente será para conmemorar a los 27.000 compatriotas fallecidos, sino que también se homenajeará «a los servidores públicos que han estado en primer línea luchando contra la pandemia».
Pero como comentamos, las asociaciones de las víctimas no han sido informadas ni invitadas a participar en el mismo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
