Sociedad
El presidente rojo se retrata una vez más: Pedro Sánchez quiere traerse a España a ¡6 MILLONES DE MOROS!
El presidente de facto del Gobierno español, Pedro Sánchez Castejón, se quita ya la careta respecto a la inmigración presente y futura.
Visiblemente incómodo con haber tenido que representar el papel de “defensor de las fronteras” en la crisis de la invasión de Ceuta y Melilla por parte de Marruecos, mientras usa al Ejército para que facilite la llegada y se desviva en atenciones hacia los marroquíes, ha salido (¿conminado por alguien desde el extranjero?) en rueda de prensa solemne (la enésima) para pontificar asegurando que España necesita como mínimo 200.000 inmigrantes cada año hasta 2050. Ya saben, la nueva fecha totémica para implantar al completo su nuevo modelo comunista, visto que 2030 será algo prematura y apenas habrá empezado a instalarse el “reseteo”.
Nos dice Sánchez que España necesitará al menos 6 o 7 millones de inmigrantes hasta 2050 para compensar al déficit demográfico. No dice inmigrantes “musulmanes”, pero se entiende que se refiere a ellos. Lo que no dice, naturalmente, es que sería mucho mejor que eso para solucionar este problema, prohibir el aborto que se ha llevado a casi dos millones de españoles, desde su legalización en 1985. Por tanto, hemos perdido ya como mínimo 4 o 5 millones de españoles, que sí de verdad habrían cotizado para mantener el Estado de Bienestar (aunque parezca una ironía este nombre). Y también sería mejor ayudar a las familias y a la maternidad, en vez de hacer todo lo contrario, como ocurre actualmente.
Pero claro, es mejor para la izquierda que España sea banco de pruebas para las políticas de sustitución étnica y religiosa que fomenta el NOM y de paso, crear una masa de votantes para la izquierda, puesto que va quedando clara la desafección creciente y probablemente imparable de los votantes de origen español, respecto a Podemos y PSOE. De esta forma el mismo presidente que dice “defender las fronteras” lleva a cabo el mayor efecto llamada que pueda imaginarse. ¿Quién va a frenar a los marroquíes si hasta el mismo presidente español les dice que quiere y que necesita que sigan llegando?
Mientras, los medios de comunicación subvencionados por el Poder se cuidan mucho de hacer encuestas sobre los MENAS para preguntar a la gente en España si está de acuerdo con su presencia, ya que la respuesta parece evidente y no hay que dar publicidad a las propuestas de la “extrema derecha”. Eso sí inmediatamente plantearán una encuesta sobre la alineación de cualquier jugador del Madrid o el Atlético para la última jornada de Liga o sobre la hipotética “Superliga”. O sobre Antonio David o sobre cualquier cosa que pueda distraer la atención de la catastrófica situación, en tantos órdenes, de nuestra Patria. Siempre, además, con la misma mandanga de que los inmigrantes, legales o ilegales, sostendrán el Estado del Bienestar, cuando todo el mundo sabe que muchos de ellos nada aportarán y vivirán de hecho, de prestaciones públicas, como desde luego es el caso de los MENAS. Prestaciones públicas a la que cualquier español tiene y tendrá dificilísimo acceder.
¡Que dura va a ser la historia de España con los gobernantes de este período histórico y con sus palmeros!. Esa será su segunda muerte. Sus nombres van a pasar la historia como expresión de la traición, la corrupción, el despotismo, la mezquindad, la muerte y la ruina para el pueblo español.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
