Sociedad
El Presidente socialista de Aragón, Javier Lambán, asegura que «le habría ido mejor a España y al partido» con otro líder socialista
El presidente aragonés lanza una dura andanada contra Sánchez en la que además niega que se esté solucionado la cuestión catalana
Javier Lambán ha dado este miércoles un paso más en sus críticas al presidente del Gobierno. El presidente del Gobierno de Aragón ha asegurado durante un acto sobre el estado de las autonomías que «mejor le hubiera ido a este país» si el expresidente asturiano, Javier Fernández, hubiera sido el secretario general del PSOE en lugar de Pedro Sánchez. Además, el presidente aragonés ha contradicho directamente al líder de su partido al sostener que el tema catalán «no se está solucionando» sino que lo que está pasando es que los nacionalistas «están tranquilos porque su hoja de ruta se va realizando»
Así lo ha afirmado durante la clausura de la mesa sobre ‘El Estado de las autonomías: balance y mirada de futuro desde el ejercicio de la responsabilidad política’. En este acto ha elogiado al expresidente de Asturias Javier Fernández, quien también ha intervenido, lamentando que cuando dimitió Alfredo Pérez Rubalcaba -en 2014- Fernández rehusara asumir la secretaría general del PSOE federal: «Mejor le hubiera ido a este país si Javier hubiera asumido esa responsabilidad».
El presidente aragonés ha aludido al Comité Federal del 1 de octubre de 2016, «un aquelarre», en el que «no se planteaba una disyuntiva meramente nominal, sino dos maneras distintas de entender la manera de gobernar España, las alianzas políticas», cuando Fernández lideraba una opción y Pedro Sánchez otra, ya que el hoy presidente del Gobierno central «entendía que era admisible la asociación para gobernar con nacionalistas e independentistas».
«Prevaleció la visión que representaba Javier y dio lugar a la investidura de Rajoy», ha recordado Lambán, quien ha afirmado: «Cuando alguien dice que los pactos de PP y PSOE con altura de miras son imposibles, olvidan que fue perfectamente posible en esa investidura y que eso abrió un abanico de posibilidades con Javier de presidente de la gestora que pudo haber dado lugar a dinámicas bien interesantes».
Sin embargo, «después el PSOE celebró unas primarias, invento maligno donde los haya, y eso ha dado lugar, junto con la contaminación populista que, de una u otra forma, todos estamos sufriendo, a que en este momento todos los partidos sean cualquier cosa menos estructuras democráticas». «Esas primarias las ganó, de manera abrumadora y legítima, Pedro Sánchez y, aceptando aquella votación, al menos en esa parte política del partido me siento en minoría, pero es algo que en la historia del PSOE ha pasado en muchas ocasiones y es algo que conllevo con la mayor dignidad posible», ha asegurado
Contra la política catalana de Sánchez
Además, el presidente aragonés ha sostenido que el tema catalán «no se está solucionando» sino que lo que está pasando es que los nacionalistas «están tranquilos porque su hoja de ruta se va realizando», al tiempo que ha echado en falta la ausencia de grandes acuerdos entre PSOE y PP.
Asimismo, ha llamado la atención sobre «el momento en el que los partidos mayoritarios dejaron de tener la mayoría en el Congreso». «Hemos asistido a cesiones a los nacionalistas, a una progresiva desconexión que solo hubieran evitado los grandes acuerdos entre PSOE y PP o con un partido, Cs, al que deseo de verdad que, de la manera que sea, recupere su presencia» en las Cortes Generales. «Solo lo hubiera evitado eso y, como no ha ocurrido eso, estamos en esa deriva complicada que pone en riesgo el artículo 2 de la Constitución», referido a la unidad de España «como sinónimo de la igualdad de derechos entre los españoles», ha advertido.
Lambán ha considerado que las comunidades autónomas deben «involucrarse» y ha apostado por la reforma de la Constitución en el sentido de «poner con mayúsculas» el federalismo para «construir el país a base de las relaciones entre las comunidades autónomas». Igualmente, ha defendido el desarrollo del Senado como cámara territorial, similar al Bundesrat alemán, y ha elogiado la celebración de las Conferencias de Presidentes, que «todavía no han cuajado como deberían cuajar».
Ha puesto el ejemplo del acuerdo firmado, el pasado 6 de octubre, con la Junta de Andalucía para impulsar la autopista ferroviaria Algeciras-Zaragoza, o los acuerdos con otras comunidades, como Navarra, La Rioja y la Comunidad Valenciana. «Este tipo de relaciones crean país, nación, Constitución, y aposentan una manera definitiva de entender el futuro desde los Gobiernos autónomos». «Las comunidades autónomas debemos trascender el ámbito territorial que nos corresponde y sentirnos concernidas en el futuro de España desde el Título VIII de la Constitución y atendiendo a la España federal, que no es de derecho, aunque es de hecho».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
