España
EL PSOE ES UN PARTIDO CRIMINAL (Alvise Pérez) PIENSA BIEN TU VOTO, ESPAÑOL
Documento de uno de los Agentes Encubiertos más condecorado de la Alta Jefatura de Policía y Altos Servicios del CNI en el Tribunal Supremo el 9 de Octubre de 2019 ocultado y censurado en España:
[pdf-embedder url=»http://www.alertanacional.es/wp-content/uploads/2023/07/Sogecable_AgenEncub-Copiar.pdf»]
1. El PSOE era conocedor del grupo de mercenarios ingleses relacionados con el GAL.
2. El PSOE ordenó a través de Margarita Robles la operación VERITAS para presionar jueces y que dejaran de instruir el GAL.
3. Espionaje ilegal del Sr. Gómez de Liaño para sabotear la investigación de la sociedad iraní Star Petrolium (firma tras la cual había vinculaciones con Felipe González y Juan Luis Cebrián, cerebro de PRISA, el aparato mediático del PSOE)
4. Pagos y sobornos tanto en efectivo como a través de bancos en Zúrich (Europeo Bank) y triangulaciones en cuentas en Colombia y Delaware, así como Argentina (Banco del Río Negro, vía HSBC) y una cuenta del mismo bando en las Antillas Holandesas a nombre de una sociedad gestionada por el consorcio Ard Choille con una cuenta ‘ómnibus’ a nombre del Sr. Aliste.
5. La cúpula judicial se reunía para partidas ilegales de póker en un local (Pazo de Monterrey) propiedad de un testaferro del narco Oubiña, siendo éstos conocedores y beneficiados de tratos especiales ‘inexplicables’.
6. Inutilización de fuentes periodísticas: Se financiaron campañas de descrédito y causas judiciales abusivas contra periodistas que informaban del Sr. Polanco, Cebrián, y altos cargos del PSOE (incluído el actual Editor de VozPópuli, Sr. Cacho)
El PSOE es un partido CRIMINAL.
Alvise Pérez.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
