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Opinión

«El PSOE no remonta en Andalucía» Por Jesús Salamanca Alonso

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La gestión de EGMASA está siendo investigada y Espadas tiene todas las cartas para salir trasquilado y muy debilitado en estas elecciones del 19J.

Si antes del debate ya se veía mal la situación de Juan Espadas, pasado ese nadie se acerca a él. No tiene el apoyo de los gurús del socialismo vetusto y tampoco el de los jóvenes, que huyen de esas siglas como infierno que quema al diablo. A su bola van Felipe González, Griñán, Chaves, José Blanco y un largo etcétera; es más, Alfonso Guerra está desmarcado desde hace tiempo, pero tratándose de Espadas no quiere oír hablar de elecciones andaluzas con el titular de la «banda del WordPerfect» (Olona dixit) como cabeza de cartel. Un mal diestro para una peor corrida o un bandolero bajado de Sierra Morena.

Pensaban en Moncloa que Iván Redondo era el motivo del desajuste cuando, en realidad, el culpable del desbarajuste no es otro que Pedro Sánchez «El mentiroso», como le dijo a la cara el vecino charro de Calvarrasa: «¿Es usted Pedro, el mentiroso?». Ahora se tiran de una oreja en Moncloa y no llegan a la otra. Con la expulsión del dron de Sánchez no han resuelto nada, ni siquiera se han quitado del medio a la tropa de asesores que invadieron Moncloa y pululan como muertos vivientes. Eso enfada al presidente, pero también lo desespera. Ahora se da cuenta del exceso de mediocridad e ineptitud de quienes se ha rodeado.

«Nos estamos hundiendo y no sabemos cómo remontar», ha afirmado en la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, celebrada el lunes en Ferraz. No sé qué hubiera dicho a la Ejecutiva si hubiese tenido información del debate que se iba a celebrar. Pudimos observar a un Juan Espadas asustado, sin capacidad de reacción, con miedo a que se recordara su pasado y temblando en el momento en que le nombró Macarena Olona como perteneciente a la «banda del WordPerfect».

Lo sorprendente es que no se atrevió a hablar de corrupción con el tonelaje de ella que atesora el PSOE en Andalucía: hasta la Unión Europea ha declarado al socialismo español como el partido más corrompido de Europa y a Andalucía como la región donde más atropellos, daños, latrocinio y desaparición de fondos hubo durante la época de los presidentes condenados y la «sultana roja». Veremos en qué queda el desastre de la Agencia del Medio Ambiente y Agua, así como la desaparición de más de dos decenas de millones durante el tiempo que Juan Espadas estuvo al frente entre 2004 y 2008. Por si algo salpica, lo mejor es desmarcarse del candidato, solo en el cartel, descentrado en el debate, ignorante de su pasado y con la mochila de Carmen Blanco a la espalda, el enchufismo sectario de la FAFFE y su «WordPerfect» atascado.

Hace tiempo que Sánchez tiene más datos en la mano de los que se imaginan, casi tantos como mentiras salen de su boca por día y noche. Las encuestas encargadas al CIS y a entidades privadas varias, dicen que Espadas puede bajar a los 21 o 23 diputados, pero lo ocultan. La alta abstención socialista no es otra cosa que vergüenza de las siglas que robaron a los más necesitados y a los parados.

Aunque Sánchez pretenda esconder las atrocidades cometidas, además del «hermanamiento» con los herederos de la banda asesina ETA, el acercamiento a los golpistas catalanes, la reverencia a los comunistas de extrema izquierda y nacionalistas de baño fascista, lo cierto es que muchas de sus nefastas decisiones tienen su raíz en la aglomeración de despropósitos iniciales. Añadan la subida de los precios, los dictatoriales indultos, la inflación, la destrucción de parte del tejido empresarial, la manipulación de algunos medios de comunicación y el enfrentamiento permanente con las instituciones: Banco de España y CGPJ, sobre todo.

Ni Sánchez, ni Espadas pueden vendernos bondades de su obra porque está chapuceada por dentro y desprestigiada por fuera. El radicalismo alcanzado por los socialistas es un desastre más de la España que se hunde, salvo que pongamos remedio. El inicio de la nueva obra, que será la reconstrucción de España, no puede empezar por otro error de bulto reponiendo al PSOE en Andalucía o dándole un voto de confianza.

La imagen de Sánchez se degrada a diario hasta llegar a la de un niño-pijo con Falcon o un simple falsificador de la realidad, desde su copiada tesis de Industria hasta el engaño permanente a la ciudadanía y la incapacidad mostrada durante el sufrimiento de la pandemia. Como Sánchez remodele el Gobierno tras las elecciones andaluzas, a muchas docenas de «vividores», nombrados a dedo como asesores inservibles, se les va a caer el sombrajo. En el PSOE todo ha dejado de funcionar, desde la Ejecutiva Federal hasta los propios votantes, que prefieren optar por la gestión moderada de Juan Manuel Moreno en Andalucía. ¿Entienden ahora que el Partido Popular roce la mayoría absoluta?

Juan Espadas carece de director de campaña. Nadie quiere acercarse a él y tampoco a la «banda del WordPerfect». La gestión de EGMASA está siendo investigada y Espadas tiene todas las cartas para salir trasquilado y muy debilitado en estas elecciones del 19J. Los más graves problemas del candidato socialista son su propio partido, su pasado en la Junta con los condenados Griñán y Chaves, el enchufismo de afiliados en la FAFFE y el propio Pedro Sánchez: mal trilero, peor líder y nefasto presidente. Todo ello dentro del saco socialista.

«Juan Espadas nos ha puesto en el precipicio y ahora nos empujará por él», dicen algunos miembros de la vieja guardia. Entre la juventud tan solo es objeto de mofa, chanza y chistes. ¿Qué se puede esperar de quien falsifica la documentación para escolarizar a sus hijos en los Salesianos? Pues así todo y siempre.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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