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El Real Madrid no piensa en Mourinho

Redacción

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Tomás González-Martín.- ¿Qué es el mourinhismo? La Real Academia de la Lengua Española no reconoce aún el término como una explicación lógica, quizá porque no la tenga. Dícese que el mourinhismo es una enfermedad crónica, impredecible, que disfrutan cientos de miles de madridistas que avalan su manera de ejercer el poder omnímodo que protagonizó en el Real Madrid durante tres años, desde 2010 a 2013.

Unos seguidores que apoyan el ardor del luso para exigir a los futbolistas la entrega total. Unos incondicionales que bendicen su forma de conseguir la obediencia que los jugadores le demostraron. Unos aficionados que vivieron su éxito con tácticas revolucionarias que transformaban un partido perdido en ganado, pasando a la defensa de tres con un 3-4-3 ofensivo. Unos forofos que le rindieron honores con la Liga de los récords 2011-12. Un madridismo que nunca olvidará al mejor Real Madrid de contragolpe de la historia.

Es un madridismo sanguíneo el que ama a Mourinho. El que solo ve la cara A del disco, la buena. Y el que solicita ya que vuelva al Real Madrid nada más ser despedido del Manchester United. Algunas de esas peticiones escucharon ayer diversos directivos y profesionales de la entidad.

El mourinhismo ensalza que supo tutear al mejor Barcelona de la historia y ganó a los azulgranas la Copa del Rey 2011 y la Liga de los récords 2012, además de la Supercopa de España; solo ve su cara A del disco. Los enemigos critican sus «hogueras» constantes que perjudicaron ostensiblemente la imagen institucional del club.

Miles de llamadas y mensajes se cruzaron ayer por la mañana en Madrid al conocer la noticia de la destitución del portugués. Las redes sociales se incendiaron como cuando Mourinho entraba al capote en las ruedas de prensa. Pero la postura del club blanco es de tranquilidad. Tiene entrenador. No contempla el regreso de Mourinho, ni ahora ni en junio. Confía en Solari, que ha firmado un contrato hasta 2021.

Un ganador incendiario

El portugués, no obstante, siempre ha sido un técnico bien valorado en la cúpula del Real Madrid y tiene adeptos en la directiva y en otros estamentos de la casa. A su favor juega su carácter para imponerse a un vestuario y su espíritu ganador, dos hechos importantes en un equipo de esta envergadura, que siempre necesita un técnico con capacidad de mando por encima de cualquier otra virtud. En contra juegan sus formas provocativas y los enemigos que genera, lo que significa un perjuicio evidente al calentar cada partido innecesariamente. Pero lo que más perjudica es el daño que realiza a la imagen de la institución. Salió muy deteriorada en aquel trienio, pues su estilo es el polo opuesto al comportamiento tradicional del Real Madrid. «Por favor que se vaya ya», manifestaban los empleados hace un lustro.

Conmigo o contra mí

El setubalense estuvo tres temporadas en la casa blanca y hay una realidad en la que todos, defensores y adversarios, concuerdan: no deja indiferente a nadie. Suscita el apoyo o la animadversión. Para Mourinho no hay objetividad: estás conmigo o contra mí. Y ese posicionamiento crea muchos problemas al club en el que milita. Es ese protagonismo excesivo su mayor «hándicap», superior incluso a su fracaso deportivo en el Manchester United, para retornar al Real Madrid, que elige la discreción como modo perenne de vida.

La postura dominante en la cúpula del Real Madrid es que el tiempo de Mourinho ya pasó y que no es hora de comenzar una segunda parte. Sus defensores señalan, sin embargo, que ya vino a la entidad en un momento crítico y supo tutear al mejor Barcelona de la historia, al que venció en la Copa del Rey 2011 y en la Liga de los récords del año siguiente. Esos adeptos indican que quizá haga falta llamarle de nuevo a corto plazo para dar otro golpe de reafirmación, porque para eso es único. No le cierran la puerta y aconsejan no cerrársela.

El apoyo social

Quien la abre es el propio «Mou», que ya ha dejado entrever que diría «sí» a una hipotética llamada de la casa blanca. Se marchó hace cinco años con mal sabor de boca, enfrentado a la prensa y vapuleado por sufrir una tercera temporada sin títulos. Pero el tiempo pasó y el portugués reflexionó. En el Bernabéu dejó decenas de miles de mourinhistas para siempre. Lo sabe y lo subraya. Muchos dicen que tiene a favor un tercio de la afición madridista, pero que son los que más hablan. En las encuestas de los últimos años decían «sí» a Mourinho casi el 60 por ciento de los que votaban.

 

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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