Opinión
El relator cuentista
¿Dónde hay que apuntarse para ser relator de la ONU? Afino algo más: ¿dónde hay que apuntarse para ser relator de cualquier cosa y que parezca que eres de la ONU, aunque nunca te hayan visto por allí? De conseguir el empleo tienes garantizado un sueldo a la medida del embuste que quieras suscribir y unos cuantos días a cuerpo de rey cortesía de tus empleadores. Eso sí, hay que afirmar categóricamente que los niños se mueren de hambre en las calles de España o que las cárceles españolas están pobladas de presos políticos. No parece mucho.
Con Ábalos en la tostadora, pasó inadvertido el estreno de Iglesias como vicepresidente. Se plantó en el Congreso con un informe de un redicho relator especial de la ONU (?) para la pobreza que se ha pasado 15 días por los lugares más deprimidos de España para decidir que nuestro país es un pozo de miseria como producto de varias decisiones políticas. Ni que decir tiene que el susodicho individuo no es personal de la ONU, sino un sujeto que trabaja de forma voluntaria y a título personal, y cuyo análisis está basado en algo tan poco científico como «investigaciones previas» que no son sino exámenes exhaustivos de la información pública disponible, más cuarenta entrevistas telefónicas y cuarenta escritos aportados por personas afectadas por la pobreza.
Para entendernos: este relator a tanto la pieza tiene la misma fiabilidad que el letón del Consejo de Europa -una concentración mafiosa de trascendencia épica- que vino a interesarse por los presos sediciosos y que ni siquiera se había leído la sentencia del 1-0. Uno y otro son relatores movilizados a instancias de parte y, obviamente, dirán lo que le pide su pagador. Vienen a apoyar una causa política concreta, vistiéndola con la respetabilidad de la institución a la que dicen que representan y a la que les vinculan. El relator citado por Iglesias -que a su vez también va a ser «relator» en la negociación catalana por la autodeterminación, lo cual da mucha tranquilidad a los constitucionalistas-, planteó una misión deliberadamente sesgada: si solo vas a lugares con problemas y solo usas como documentación los escritos de personas afectadas por la pobreza, lógicamente elaboras un informe muy dramático e impactante, pero poco respetuoso con la evolución real de los hechos. Los datos del Instituto Nacional de Estadística que deliberadamente ha ignorado aquí el amigo dicen, entre otras cosas, varias de interés colectivo: que la tasa de riesgo de pobreza y exclusión social en España ha descendido de forma sostenida desde 2014 -del 28% al 25%-; que los ingresos que más han aumentado entre 2014 y 2018 han sido los tramos de población con renta más baja -por ejemplo, en el segundo tramo de renta más baja el crecimiento fue del 20%, más del doble que en el tramo más alto-; o que el índice GINI que mide la desigualdad también ha mejorado cuando salimos de la crisis.
Nadie en su sano juicio puede negar que en España existen problemas sociales y situaciones del todo punto dramáticas, pero no es cierto que no haya habido recuperación ni que ésta no haya llegado a las clases más vulnerables. Precisamente esas clases son las que más han mejorado sus ingresos en términos relativos. ¿Cuál ha sido la razón?: pues que en España, a partir de 2014, se crearon cientos de miles de puestos de trabajo cada año. Lógicamente, cuando asoman fantasmas de contracción económica y síntomas preocupantes de destrucción de empleo por culpa de la demagogia profesional de un gobierno en el que están contadas las cabezas medianamente amuebladas, la posibilidad de volver a las andadas debería preocupar al «relator» tanto como a los ciudadanos, mucho más, evidentemente, que todos los informes parciales que le pase Pablo Iglesias o cualquier elemento de su cuadrilla.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
