Internacional
El rojo canalla de Justin Trudeau: Una propuesta de ley podría permitir la cadena PERPETUA para «delitos» de «odio»
Una propuesta de ley en Canadá del primer ministro Justin Trudeau permitirá a los jueces encarcelar de por vida a adultos que hagan apología del genocidio en Internet.
Fox News informó el jueves que la Ley de Daños en Línea (Proyecto de Ley C-63) permitiría condenas de cadena perpetua. El artículo también decía: «La ley también permitiría a un juez provincial imponer arresto domiciliario y una multa si hubiera motivos razonables para creer que un acusado ‘cometerá’ un delito».
Después de que el ministro de Justicia, Arif Virani, presentara el proyecto de ley, declaró que, en su papel de padre, le asustaban los peligros que los niños podrían encontrar en Internet.
Virani también dijo que había leyes que regulaban la seguridad de los juguetes, pero no de las pantallas.
Los usuarios de las redes sociales no tardaron en compartir sus opiniones sobre el reportaje de Fox, y una persona escribió: «Descanse en paz la libertad de expresión».
Otra persona criticó al primer ministro: «Trudeau se convierte en dictador en Canadá».
Según la página web del Gobierno de Canadá, el proyecto de ley C-63 se presentó a finales de febrero para crear la Ley de Daños en Línea.
Según el sitio, se trata de una «norma básica para que las plataformas en línea mantengan a salvo a los canadienses, para que las plataformas en línea sean responsables de los contenidos que alojan».
«El proyecto de ley C-63 creará protecciones más fuertes para los niños en línea y protegerá mejor a todos en Canadá del odio en línea. El proyecto de ley establece una nueva visión para una participación en línea más segura e inclusiva», continúa la página web:
«La propuesta de Ley de Daños en Línea se centraría específicamente en siete tipos de contenidos dañinos»:
Contenido que victimiza sexualmente a un niño o revictimiza a un superviviente;
Contenido íntimo comunicado sin consentimiento;
Contenido utilizado para intimidar a un niño;
Contenido que induce a un niño a hacerse daño a sí mismo;
Contenido que fomente el odio;
Contenido que incita a la violencia; y
Contenidos que inciten al extremismo violento o al terrorismo.
Es importante señalar que una encuesta reciente reveló que menos de la mitad de los canadienses creen que el plan para regular las redes sociales dará lugar a un ambiente más seguro en línea, informó CTV News el miércoles.
Cuando la firma de encuestas Leger preguntó a los encuestados sobre la Ley de Daños en Línea, la mitad «dijo que desconfía de la capacidad del gobierno para proteger la libertad de expresión, y la mayoría dijo que apoya la controvertida propuesta de introducir sentencias más duras para los delitos de incitación al odio», señaló el artículo.
En 2019, Trudeau dijo a sus ministros que presentaran una legislación para frenar el llamado «discurso del odio» en línea, informó Breitbart News en ese momento.
Fuente: Breitbart News.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
