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El roscón de Reyes que esconde un premio de 10.000 euros

Redacción

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La Confitería Conrado de La Bañeza (León) continúa con la tradición que inició en época de crisis y ha escondido en uno de sus roscones de Reyes un premio que este año repite la cifra de 10.000 euros de 2019.

El premio puede estar oculto en cualquiera de estos dulces, tanto los simples como los rellenos de crema, nata o chocolate, ha explicado este el responsable de la confitería, Manuel González.

«Nadie más que la persona que lo introduce sabe en qué roscón está el premio», ha asegurado antes de explicar que los dulces se venderán este año del 29 de diciembre al 6 de enero.

Se trata de una iniciativa que comenzó en plena crisis económica, cuando esta confitería decidió introducir 500 euros en uno de sus dulces de reyes.

Desde entonces, año tras año, la cantidad ha aumentado hasta llegar a los 10.000 euros de 2019, cantidad que se repite este año.

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Este premio supone un «revulsivo económico» para su negocio, puesto que las ventas a través de internet se han disparado y sólo el último año han aumentado un cuarenta por ciento a través de la web www.elreydelroscon.com, mientras que la venta presencial se ha elevado un veinticinco por ciento.

Sus roscones se distribuyen «a todos los países de Europa» y llegan incluso a China merced a este incentivo.

El premio se otorgará cuando el cliente que halle la sorpresa se ponga en contacto con el establecimiento.

En años anteriores, este comercio ha llegado a vender alrededor de 12.000 roscones, cifra que se espera superar este año.

González ha precisado que si una vez transcurridos 15 días a partir del 6 de enero nadie reclama el premio, los 10.000 euros serán entregados a una ONG.

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Iluminar estancias con luz cálida pero sin exagerar

Redacción

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No todas las lámparas decorativas de interior tienen que ser escandalosas o futuristas para tener presencia. A veces lo que transforma de verdad un espacio es esa luz cálida y discreta que te hace quedarte sin darte cuenta. La que no te deslumbra, pero te envuelve. Las lámparas Marset entienden bien ese papel: acompañan sin invadir. Diseños sobrios, casi silenciosos, pero con un carácter que se nota en cuanto enciendes la luz.

Hoy en día muchas casas tienen una iluminación uniforme y plana. Todo demasiado encendido, sin sombras ni rincones con vida propia. Esa luz que te sirve para ver, pero que no aporta nada más. Romper esa monotonía es fácil si se introducen puntos de luz alternativos, con temperaturas más suaves, direcciones distintas y un diseño que no pase desapercibido. Las lámparas decorativas de interior tienen justo esa función: sumar capas, generar ambientes nuevos, sin necesidad de cambiar todo el mobiliario.

Encender la luz para quedarse, no para ver

Una buena lámpara decorativa no solo cambia el aspecto de una habitación. Cambia también el uso que haces de ella. Una luz más baja, más puntual, hace que te sientes. Que bajes el ritmo. Si está colocada sobre la mesa del comedor, puede alargar sobremesas. Si está junto al sofá, puede convertir ese rincón en tu refugio favorito. La luz te empuja a estar, no solo a pasar.

Algunos modelos de Marset están pensados justo para eso. No dominan el espacio, pero lo redefinen. Materiales como el vidrio opalino, tejidos translúcidos o acabados mate crean una luz que no molesta ni interrumpe. Además, muchos modelos permiten regular la intensidad, algo que debería ser casi obligatorio. Porque no siempre necesitas lo mismo. A veces querés leer, otras descansar, otras solo tener una luz de fondo. Una buena lámpara se adapta.

Cuando el diseño no estorba

Diseñar una lámpara bonita es fácil. Diseñar una que además funcione bien y no moleste es otra historia. Hay piezas que parecen pensadas solo para llamar la atención. En cambio, las lámparas Marset suelen ocupar su lugar con naturalidad. Están ahí, aportan, pero no se imponen. No te cambian la casa, pero sí la manera en que la vives.

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Y es que no se trata solo de iluminar. Se trata de crear una relación entre luz y espacio. Una lámpara decorativa bien colocada cambia la percepción de un rincón. Lo hace más acogedor, más personal. No es lo mismo un pasillo frío con luz blanca en el techo que un pasillo con una luz cálida de pared marcando un recorrido. Ahí está la diferencia.

Integrarse sin perder carácter

Hay diseños que gritan. Otros que susurran. Las lámparas decorativas de interior que apuestan por formas orgánicas, materiales naturales o acabados neutros tienden a lo segundo. No necesitan competir con el cuadro del salón ni con la estantería del fondo. Se integran, pero dejan huella. Esa es una de las virtudes de algunas piezas de Marset: parecen hechas para estar justo ahí.

Es curioso cómo a veces no sabes por qué una habitación te resulta agradable. Pero si te fijas, suele haber una luz indirecta bien puesta, una lámpara que no apunta directamente a la cara, un reflejo suave en la pared. Todo eso construye sensaciones. Y una buena marca sabe cómo jugar con eso sin que te des cuenta.

Mejorar sin gastar en reformas

Cambiar la atmósfera de un espacio no requiere obras ni muebles nuevos. Con dos o tres lámparas bien elegidas, puedes darle otro aire a una habitación entera. Una lámpara de sobremesa en un rincón olvidado. Una colgante sobre la mesa que antes estaba iluminada por un foco general. Un aplique que bañe de luz una pared desnuda. Pequeños gestos, grandes efectos.

Las lámparas Marset tienen ese tipo de inteligencia. No necesitan ser protagonistas. Pero cuando se encienden, todo mejora. Y eso, al final, es lo que se busca. Que una casa no solo se vea bien, sino que se sienta bien. Que apagues la luz general y solo dejes encendida esa lámpara de rincón porque, sencillamente, ahí se está mejor.

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Una elección que suma sin recargar

Iluminar no es llenar de luz, igual que decorar no es llenar de cosas. Es saber elegir. Las lámparas decorativas de interior tienen un papel esencial en ese equilibrio. No sustituyen la funcionalidad, pero la completan. No hacen milagros, pero marcan la diferencia. Y si encima lo hacen con un diseño pensado para durar, con materiales nobles y acabados cuidados, entonces vale la pena apostar por ellas.

Las Marset no son para todo el mundo. No son espectaculares a primera vista ni buscan serlo. Pero si buscas piezas que aporten calidez, que se integren sin gritar, y que conviertan cualquier espacio en un lugar al que apetezca volver, entonces estás mirando en la dirección correcta.

 

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