Internacional
El “Trump coreano” gana las elecciones en Corea del Sur y la derecha vuelve con más fuerza que nunca
El outsider conservador comparado con Donald Trump y Jair Bolsonaro, Yoon Suk-yeol, ganó unas ajustadas elecciones y marcó la vuelta de la derecha liberal al gobierno de la República de Corea.
La derecha vuelve al poder después de 4 años de escándalos luego del impeachment que sufrió la ex presidente Park Geun-hye, hija del histórico líder político y dictador de facto del país, Park Chung-hee. Geun-hye, aunque representante de la derecha coreana, hizo un gobierno de centro, y los propios legisladores de su partido votaron por expulsarla.
Desde entonces gobernaba en Corea del Sur la socialdemocracia, de la mano de Moon Jae-In, quien quedó inmortalizado en la historia por ser el primer líder coreano en cruzar a Corea del Norte con Donald Trump en 2019. A pesar de este logro histórico por la paz, el pueblo coreano rechazó sus políticas de corte socialistas, como subas de salario mínimo, reducciones a la carga horaria laboral, reforma de salud hacia un sistema público, eliminación de plantas nucleares, y sus impopulares medidas contra el coronavirus.
Yoon Suk-yeol fue la gran sorpresa. Siendo un considerado un outsider y un duro Procurador General de la Nación, ganó las urnas con una campaña que promete un claro programa de políticas conservadoras.
Su discurso estuvo muy marcado por la lucha contra la corrupción, una bandera que pudo levantar habiendo visto de primera mano la corrupción del Estado. Moon lo nombró como jefe de los fiscales en 2019 con el objetivo de poner a un duro opositor a su gobierno y demostrar transparencia, pero el tiro le salió por la culata.
Yoon denunció terribles casos de corrupción e incluso forzó la salida del ministro de Justicia de Moon pocos meses después de asumir el cargo. En 2020, denunció y empezó a investigar fraude electoral en la ciudad de Ulsan, donde encontró evidencia de que el gobierno había colocado al alcalde Song Cheol-ho por métodos ilegales.
Esto llevó a que el presidente lo echara, pero la Corte Suprema falló en contra del gobierno y dijo que no podían echarlo a Yoon sin motivos, por lo que fue reinstituido. Pero Yoon, enojado con todo lo que había pasado y dándose cuenta que Moon lo usó con objetivos políticos, renunció y empezó a preparar su candidatura a presidente.

Yoon en uno de sus actos políticos que atraían enormes cantidades de simpatizantes.
Si bien los conservadores gobernaron varias veces en Corea del Sur, la agenda de Yoon es la más de derecha de la historia en llegar al poder. En términos económicos, Yoon se considera un libertario: exige mínima intervención del Estado en la economía.
En sus discursos cita constantemente a Milton Friedman, Friedrich Hayek y Ludwig Von Mises como sus referencias. Incluso en un acto de campaña, leyó un pasaje del libro de Friedman, “Libres Para Elegir“, para explicar por qué defiende eliminar todas las regulaciones a los alimentos. “La gente humilde debe poder acceder a alimentos de peor calidad a un precio más bajo. Si subimos el estándar y no hacemos nada para bajar los precios, solo vamos a lograr hambruna y más pobreza“.
Cuando el presidente Moon redujo la carga horaria laboral por ley a 52 horas semanales (de las 68 horas previas), Yoon dio un explosivo discurso donde cargó duramente contra “el socialismo y la vagancia”.
En ese acto, que muchos dicen que le hizo ganar la presidencia, aseguró que aboliría el salario mínimo, y que “la carga horaria debería ser de 120 horas semanales para quien lo necesite, no podemos regular cuánto trabajan las personas”.
Se ha mostrado favorable al Bitcoin y las criptomonedas, y ha dicho que le gustaría analizar una manera de facilitar su compra, posesión y venta en el país.
También propone una marcada reducción impositiva y desregulación del mercado, argumentando que en los últimos 20 o 30 años todos los políticos “se pusieron de acuerdo para hundirnos con políticas socialistas”.
En temas sociales, su postura es incluso más concisa. Toda la campaña habló de eliminar el Ministerio de la Mujer y basó su apoyo en lo que en Corea se conocen como los idaenam, hombres de menos de 40 años que aborrecen el feminismo y la ideología de género. Una reciente encuesta marcó que el 70% de esta demografía se considera un idaenam, lo cual demuestra una de las aristas más importantes de su triunfo en las urnas.
En numerosas ocasiones dijo que la culpa de la baja natalidad en el país, uno de los problemas que más preocupa a los coreanos hace algunos años, es del feminismo, que ataca al concepto de “familia” y degrada la idea de tener hijos.
Ha dicho que se opone a cualquier política de Estado relacionada con la agenda LGBT, al aborto y al matrimonio igualitario, algo que de todos modos es muy común en Corea del Sur, a pesar de que en Occidente se relacione esta postura con la “extrema derecha”.
Yoon ha rechazado las políticas “pacifistas” de Moon, y si bien defiende la postura que tuvo hacia Corea del Norte con Trump, asegura que Corea del Sur debe adaptarse a un mundo que no siempre va a tener a Trump en la Casa Blanca.
En campaña dijo que va a pedirle formalmente a Estados Unidos que despliegue bombas nucleares en territorio surcoreano, una política que Bill Clinton abolió en los 90s luego de firmar una desescalada nuclear con Rusia y China.
Seúl es un aliado tradicional y estratégico de los Estados Unidos ya desde el año 1953, no obstante, la política militar del ex presidente Moon ha tenido implicancias en materia militar que han atenuado ciertas aristas de la alianza. El rumbo que plantea Yoon supone reforzar ese nexo, por ejemplo reanudando las pruebas militares en conjunto entre Seúl y Washington.
“La mirada pacifista se intentó y falló. Kim Jong Un volvió a tirar misiles y Beijing mira nuevamente hacia Taiwán“, dijo en un acto hace unas semanas. Cabe recordar que tan solo desde el comienzo del 2022, Pyongyang ha lanzado más de 10 misiles balísticos de prueba.
De todos modos, las posibilidades que el nuevo gobierno de Yoon tendrá para contrarrestar a Corea del Norte y a China dependen netamente de que Estados Unidos se muestre igual de firme en esa lucha. Por lo tanto, mientras que el giro a la derecha dentro de la República de Corea será claro, su efectiva analogía en política exterior dependerá en gran parte del desempeño de la administración Biden en contener el creciente poderío chino y a su par norcoreano.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
