Opinión
ENTREVISTA Marcelo Gullo: «La leyenda negra es la mayor operación de marketing político de la historia»
El autor sostiene que la leyenda negra fue una estrategia británica para desprestigiar a España ante la imposibilidad de vencerla militarmente.
Marcelo Gullo es académico y consultor de relaciones internacionales. Es argentino pero no tiene una gota de sangre española, sino italiana. Sin embargo, se siente español. Y defiende a España por encima de los permanentes intentos de suicidio…
¿Qué hace un argentino como vos en una batalla como esta?
Sentí la necesidad de defender la verdad.
¿Y cuál es la mentira?
La Leyenda negra.
¿Por qué?
Porque se trata de la mayor operación de marketing político de la historia. La promueven los ingleses ante la imposibilidad de combatir contra el ejército español.
¿Y los españoles la ‘compran’?
Empezando por el rey, un rey francés, que autoriza y promueve las obras de teatro que trataban de criticar el legado de Isabel y Fernando.
Así que la decadencia comienza con los borbones…
Los austrias no combatieron por negligencia. Tuvieron una actitud pasiva, no combativa. Pero el impulso de este suicidio colectivo llegó con los borbones.
Algo tendrá España que es capaz de aguantar un suicidio colectivo de dos siglos de duración…
Porque España es más que la Península. Los que hablamos español somos españoles. Y en el fondo, nos reconocemos como españoles.
¿Siempre ha sido igual la fuerza de la leyenda negra?
Empezó en las oligarquías tras la independencia. Luego fue bajando porque no se correspondía con la realidad. Y finalmente tras el 92 volvió el auge. Hoy estamos en un nuevo auge por el indigenismo.
¿El indigenismo como ese mundo idílico que España vino a destruir?
Exacto. Pero además, con un trasfondo de fragmentación territorial: si los pueblos indígenas eran los buenos debemos de volver a 300 naciones con 300 lenguas…
Pues yo observo más bien un proceso -lento pero inexorable- de integración territorial
Eso es coyuntural y superficial. La tendencia realmente relevante es la fragmentación territorial.
En la búsqueda de recuperar la Hispanidad, ¿qué le pareció la iniciativa de las cumbres iberoamericanas?
No fue mal. Pero es insuficiente para fomentar la integración cultural. Por ejemplo, debería de haber un servicio de Correos de libros coordinado para todos los países española.
¿Veremos algún día algo parecido a la Commonwealth española?
Lo creo necesario para la supervivencia de todos los países. El futuro está en las grandes entidades culturales.
Pues yo no veo a España liderando eso…
Es verdad que el panorama es desolador. Pero si es necesario, se buscará la solución.
Sobre su libro ‘Madre Patria’, ¿ha recibido más críticas y amenazas que aplausos y loas?
He recibido el desprecio nada menos que del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que se suma al coro de quienes me tachan de ‘neocolonialista’. Yo le sugiero que si es tan valiente invite al presidente de Estados Unidos para que pida perdón por haber robado el 60% del territorio mexicano donde por cierto, luego aparecieron minas de oro.
Hablando de AMLO, ¿por qué Hernán Cortés está enterrado casi de manera vergonzante en México?
La mala política falsea la historia y afecta negativamente al futuro.
Regresando a su libro, ¿esperaba el impacto que ha tenido?
Lo deseaba, pero no sabía si se iba a producir. Estuvo dos semanas de libro más vendido en todas las categorías y lleva dos semanas de libro más vendido en la categoría de ensayo. Estoy satisfecho.
Es que mientras que algunas ministras españolas hablan de ‘matria’, vale la pena recordar que la patria fue una madre que se desangró por sus hijos.
Exacto.
Luis Losada.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
