Deportes
España, campeona de Europa sub-19 tras derrotar a Portugal con un doblete de Ferrán Torres
La selección española sub-19 conquistó el Europeo de Armenia tras imponerse en la final disputada en el Estadio Republicano Vazgen Sargsyan de Ereván a Portugal, que llegaba como vigente campeona.
De esta forma, España se consolida como la gran dominadora de las categorías inferiores tras sumar su octavo título en un Europeo sub-19, éxito que se añade al cosechado por la sub-21 el pasado junio en el Europeo de la categoría disputado en Italia y San Marino.
Los jugadores a los que entrena Santi Denia han sido dominadores durante todo el torneo y se marchan invictos con el título, con un fútbol atractivo basado en el buen trato a la pelota, característico de la selección española durante más de una década.
España comenzó el encuentro con una presión alta sobre la salida de balón desde la portería portuguesa, a pesar de la desventaja del cansancio extra sufrido por el combinado tras la prórroga y los penaltis que tuvieron que afrontar en la semifinal contra Francia.
Por la banda izquierda llegaron las primeras acciones de ataque con peligro, con destacadas internadas protagonizadas por la pareja formada por Bryan Gil y Juan Miranda, esencial en el juego desplegado por la selección española durante todo el torneo. Los demás integrantes del once inicial se contagiaron de esa actitud muy ofensiva desde el inicio del partido, con ganas de perforar la portería de Biai cuanto antes.
Portugal supo recomponerse fácilmente a través de su fútbol combinativo y pausado, un calco del sistema de juego español, aunque los de Santi Denia demostraron en este encuentro más mordiente, aportando un plus de dinamismo y rapidez al movimiento de la pelota, queriendo llegar cuanto antes al área rival, entrando muy bien al partido y con convicción en sí mismos.
Una defensa coral, acompañada por el esfuerzo del medio campo, impedía que Portugal superase la frontal del área, viéndose obligados los lusos a disparar desde fuera sin peligro ni acierto.
La selección española no conseguía materializar las ocasiones de peligro que generaba, casi siempre ocasionadas desde los costados a través del centro lateral, ante una defensa portuguesa muy bien posicionada y con un marcaje muy férreo ante la amenaza de Abel Ruiz en la delantera.
Pero la determinación española tuvo su recompensa en el minuto 33 tras un centro de Bryan Gil por la izquierda que rechazó de mala manera el central portugués Gonçalo Loureiro y que aprovechó Ferran Torres enganchando el balón con una volea que acabó en el fondo de la red defendida por Biai.
Los portugueses cogieron impulso tras el tanto y en los minutos previos al descanso subieron una marcha para intentar la igualada, pero la solidez defensiva de España lo impidió, yéndose a vestuarios con la momentanea ventaja en el luminoso.
A los cinco minutos de la segunda parte, Torres hizo el segundo para España y en su cuenta particular de forma parecida a la jugada del primer tanto. El jugador del Valencia controló un balón que se paseó por toda el área ante la mirada de la defensa portuguesa, rematando a portería y ampliando una ventaja que ya era casi insalvable por la superioridad del combinado español. Tuvo Portugal a continuación su mejor ocasión del partido a través de las botas de Félix Correia con un disparo al primer palo, pero lo atajó Arnau Tenas Urena con una gran intervención.
España se dedicó desde entonces a manejar el balón y los tiempos a su antojo, gustándose ante una Portugal que no encontraba forma alguna de meter mano a los españoles, superiores desde el principio.
Aun así, Portugal no se rindió y aprovechando la bajada de intensidad de la selección española, intentó nuevamente recortar distancias, pero nuevamente Tenas Urena lo impidió. Todas las líneas funcionaron a la perfección en un combinado que durante todo el Europeo fue dominante, logrando otro trofeo más, el octavo, de un torneo en el que aventaja ya en cinco entorchados a sus perseguidoras en el palmarés, Alemania y Francia con dos.
Deportes
Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
