Sucesos
¡ESPAÑA CON POLONIA! Morawiecki alienta a los militares que defienden la frontera de Polonia: ‘Veláis por la seguridad de los polacos. ¡Gracias!’
Bielorrusia escolta a miles de migrantes hacia la frontera polaca para que invadan el país, en una creciente crisis migratoria con la Unión Europea.
Polonia se ha convertido en el único sostén de la ola migratoria que el dictador de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, está liberando contra la Unión Europea producto de las sanciones que se le impusieron tras la represión a las protestas en su contra el año pasado.
Las autoridades bielorrusas han escoltado hasta 500 personas este lunes, la mayoría provenientes de Medio Oriente, como Irak, Siria o Afganistán, a la frontera polaca, como parte de un nuevo aluvión migratorio que ya envió más de 23.000 refugiados musulmanes a la frontera en lo que va del año.
Los videos publicados por los medios de comunicación bielorrusos el lunes mostraron a guardias fronterizos bielorrusos armados en uniforme de combate escoltando a la columna de personas, que incluía familias con niños, a lo largo de una carretera desde la ciudad fronteriza de Bruzgi y hacia un bosque que corre a lo largo de la región polaca de Podlaskie.
Toda la frontera polaca con Bielorrusia está protegida con alambre de púas y cordones de las Fuerzas Armadas polacas, mientras el Parlamento ordenó la construcción de un muro fronterizo para ponerle fin a estos avances.
Según reportan medios locales polacos, estos inmigrantes ilegales tienen “la orden” del régimen bielorruso de ingresar a Polonia o ser ejecutados si tratan de volver al país que los refugió en años anteriores. Por eso, en los videos se los ve combatiendo contra los alambres de púas tratando de quitarlos con enorme desesperación.
Los guardias fronterizos bielorrusos se niegan a permitirles retroceder, lo que significa que estas personas se quedan en los bosques inhóspitos cuando las temperaturas descienden por debajo del punto de congelación, y su única esperanza es violar la soberanía polaca entrando por la fuerza.
El viceministro de Relaciones Exteriores de Polonia, Piotr Wawrzyk, dijo en una entrevista radial este lunes que Bielorrusia estaba tratando de provocar un “incidente importante, preferiblemente con disparos y bajas” y el ministro de Defensa, Mariusz Błaszczak, dijo que 12.000 soldados estaban “preparados para defender el Frontera polaca a toda costa”.
Polonia ha informado de más de 23.000 cruces fronterizos ilegales este año desde Bielorrusia, y casi la mitad se produjo en el mes de octubre. Muchos de los migrantes están intentando huir a Alemania, que dijo que había recibido más de 6.100 refugiados a través de Polonia desde Bielorrusia desde principios de año y que lo seguiría haciendo.
Sin embargo, esos esfuerzos rara vez parecían tan organizados como la columna de masas organizada en la autopista M6 de Bielorrusia de este lunes, un intento dramático de Lukashenko para aumentar la presión sobre la vecina Polonia.
Las tensiones se dispararon entre los dos países con el fuerte aumento de los cruces fronterizos en octubre y choques entre las Fuerzas Armadas. En un caso, los funcionarios polacos acusaron a las tropas bielorrusas de disparar al otro lado de la frontera.
Bielorrusia ha negado tener alguna participación en la dirección del flujo de migrantes. “La indiferencia y la actitud inhumana de las autoridades polacas ha llevado a los refugiados a dar un paso tan desesperado“, dijo hoy con total impunidad y sin vergüenza el Ministerio de Defensa bielorruso en un comunicado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
