Sociedad
España da la bienvenida al 2020 con sus tradicionales campanadas y el mundo lo recibe con fuegos artificiales
América ha sido el último continente en dar la bienvenida a 2020, con celebraciones en emblemáticos lugares como la plaza Times Square de Nueva York, donde según los organizadores, se han concentrado un millón de personas para presenciar el clásico descenso de la bola de cristal y escuchar la ya imprescindible canción Imagine de John Lennon, interpretada por X Ambassadors.
Al sur del continente, la playa de Copacabana ha sido otro de los escenarios más destacados, los fuegos artificiales que han congregado a cientos de turistas bajo la mirada del colosal Cristo Redentor. En total se hanutilizado 16,9 toneladas de pólvora distribuidas en 10 balsas, que estarán situadas a 450 metros de la playa de Copacabana.
Celebraciones deslucidas en Australia
Una vez más los australianos y neozelandeses han sido los primeros en recibir el nuevo año. Pero el espectacular despliegue de fuegos artificiales de la bahía de Sidney, que ha reunido a dos millones de personas, ha contrastado con los devastadores incendios que arrasan el país y que han obligado muchas ciudades a cancelar las celebraciones y a miles de personas a buscar refugio en las playas, donde han tenido que ser rescatados por buques navales y helicópteros militares.
Muchos han criticado la decisión del alcalde de Sidney de no suspender esos fuegos artificiales mientras continúan los incendios, en los que han muerto 11 personas y que han destruido 4 millones de hectáreas. El edil, Clover Moore, se ha justificado diciendo que ese espectáculo se ha preparado durante todo el año y es una fuente de riqueza para la ciudad.
Los neozelandeses también fueron de los primeros en recibir el nuevo año, con fuegos artificiales que iluminaron el cielo nocturno en Auckland.
En Hong Kong, miles de personas tomaron este miércoles las calles de la urbe financiera en una marcha de Año Nuevo que se marcó como objetivo pedir a los ciudadanos de la excolonia británica que sigan protestando durante el 2020.
Debido a estas protestas contra lo que manifestantes denuncian como la erosión de la democracia en la ciudad bajo gobierno chino, se han cancelado sus populares fuegos artificiales en el puerto de Victoria debido a las protestas y se han sustituido por un espectáculo de luminotecnia.
También en La India, miles de personas despedían el año con protestas en la capital, Nueva Delhi, contra la nueva ley de ciudadanía que discriminará a los musulmanes y mermará la constitución laica del país.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
