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España empieza con un rotundo triunfo su andadura en el Mundial
La selección española exhibió sus virtudes ante Túnez en lo que terminó siendo un plácido estreno mundialista ante un campeón africano que, aunque aguantó hasta el descanso, se vio avasallado en una segunda parte para enmarcar que deja grandes sensaciones en el equipo español (101-62).
Las dudas iniciales de los españoles, que les pusieron por debajo al final de los primeros diez minutos y solo les permitieron una renta de tres puntos en el intermedio, se despejaron tras el paso por vestuarios, cuando pusieron en práctica su mejor baloncesto y se cargaron de optimismo de cara al futuro, mandando de paso un serio aviso a sus rivales.
Volvió a brillar Ricky Rubio en la dirección y al encarar el aro y también estuvieron especialmente inspirados hombres como Sergio Llull, Pau Ribas, Juancho Hernangómez o Marc Gasol, si bien sobresalió la labor de conjunto sobre las individualidades.
Ya de salida, Ricky Rubio prolongó su excelente momento de forma y exhibió su catálogo de recursos en ataque para estrenar, con un triple desde la esquina, un marcador que se puso de inmediato 7-0 tras la segunda canasta del catalán y otra bajo aros de Marc Gasol.
Parecía que todo arrancaba bajo control al ritmo que marcaba el nuevo base de los Phoenix Suns. España se veía superior y se esmeraba en defensa buscando la velocidad en sus salidas, aunque empezó a conceder demasiado pronto canastas fáciles que permitieron el despertar tunecino.
Poco a poco, el ataque español se fue atascando, ahogado en un mar de dudas, lo que vino acompañado del primer arreón de los jugadores que dirige el portugués Mario Palma, lo que igualó un primer cuarto de pocos puntos y escaso juego (16-17, min. 10).
En la reanudación, dos triples de Michael Roll y Salah Mejri empezaron a mosquear al banquillo español, que paró el partido transcurridos poco más de dos minutos al comprobar que el equipo seguía sin carburar como debía mientras que su rival mejoraba sus prestaciones y disfrutaba haciéndole daño a la segunda selección en el ránking FIBA (18-25, min 13).
Con tres puntos en otros tantos minutos como bagaje y la defensa haciendo aguas, la brecha creció hasta los diez puntos. España dijo basta. Apretó en defensa y, en el otro aro, los triples de Sergio Llull, por partida doble, Quino Colom y Rudy Fernández sellaron un 12-0 que volvió a poner las cosas en su sitio.
Se entró de nuevo en una fase de intercambio de golpes en la que primaban las acciones individuales -como un par de entradas de Ricky Rubio muy coreadas por el público- sobre el juego de conjunto. España seguía sin romper un partido que se fue al descanso con una exigua renta a su favor y mucho por hacer en la segunda parte (42-39, min 20).
Y los jugadores españoles se aplicaron a lo grande desde el primer ataque. De nuevo salieron mejor a la pista del Guangzhou Gymansium y necesitaron poco más de dos minutos para completar un parcial de 11-0 que empezó a despejar el panorama.
A ello contribuyó la gran defensa desplegada por los hombres de Sergio Scariolo, que cegó las acometidas tunecinas, se hizo con el monopolio del rebote y solo permitió tres puntos en su canasta en los primeros seis minutos del tercer acto.
Con el campeón de África fuera del partido, todo fue mucho más fácil para los españoles, que, protegidos por el marcador, seguían creciendo en su baloncesto. Dos triples más de Llull, el último marca de la casa y sobre la bocina, dejó el partido resuelto a falta de diez minutos (69-47, min 30).
El último acto siguió el festival desde el perímetro, con Pau Ribas y Ricky Rubio metiendo triples de dos en dos. Se sumó a la fiesta Víctor Claver, que con cinco puntos disparó en el marcador a un equipo que debutó con buen pie en el Mundial y ya espera a Puerto Rico, su rival el lunes.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
