España
ESPAÑA es ETERNA. Por Rafael Nieto
Un año más, la cercanía de la Fiesta de la Hispanidad hace que rememoremos los versos quevedianos que empiezan con «miré los muros de la Patria mia, si un tiempo fuertes ya desmoronados…» Porque al margen de que tengamos en La Moncloa una banda de facinerosos, como ahora, o un Ejecutivo con cierta legitimidad (como antes), el resultado viene a ser el mismo. Cada 12 de Octubre, desde hace cuatro décadas, la Fiesta Nacional nos recuerda que la Nación está en cuidados intensivos.
Pero no vamos a repetir lo que tantas veces hemos dicho sobre las causas y los culpables de esta desgracia compartida. No, porque lo hemos dicho y repetido, sin que la repetición, en este caso, haya causado efecto alguno. Empieza a ser el momento de las soluciones posibles y no retóricas, de las respuestas a las preguntas inquietantes que se hacen cada vez más españoles. Empieza a ser urgente esbozar posibles salidas a este caos general, a esta tormenta perfecta que la partitocracia nos ha deparado a fuego lento.
Y aunque la mayoría de los medios de comunicación se niegue a hacerse eco de ello, el documento «España, Decide», presentado este fin de semana en el evento Viva 22, organizado por Vox, ofrece soluciones concretas a muchos de los problemas que afligen hoy a los españoles. Aunque, evidentemente, son soluciones que solamente serían factibles en el caso de que en las próximas elecciones generales, España lograse sacar del poder a este Gobierno felón e ilegítimo.
El documento plantea que, con el artículo 92 de la Constitución en la mano y a partir de una ley orgánica que lo desarrolla, los ciudadanos podamos pronunciarnos en un referendo consultivo sobre asuntos que inciden de manera directa en la vida de todos nosotros. Asuntos como la inmigración ilegal, la educación, la ilegalización de los partidos separatistas, la igualdad de género, la soberanía energética, etc. se verían condicionados por la opinión mayoritaria de los ciudadanos, fortaleciendo la democracia y (lo que es aún más importante) fortaleciendo la nación española.
La posibilidad de que estas consultas puedan implantarse en el corto plazo es tan remota como que se convoquen elecciones generales anticipadas, por la misma razón: porque Sánchez se ha convertido en un okupa de La Moncloa, en un yonqui del poder, que en ningún caso va a facilitar que España encuentre pronto una solución a su angustiosa situación política, económica y social. A Sánchez habrá que echarlo como a los peores tiranos, por la fuerza del pueblo o por alguna otra fuerza superior a la que él tiene. Cada día que España pasa en manos de esta banda de frikis ineptos, es una nueva oportunidad de que nos empujen a todos al caos y la miseria.
Como decía, es muy revelador que la mayoría de «medios de información» (en realidad, medios de pura propaganda) se nieguen a explicar correctamente el documento «España, Decide», solamente porque quien lo propone ha sido previamente estigmatizado con el descalificativo de «extrema derecha». En honor a la verdad hay que decir que lo que propone el resto de partidos con presencia institucional, al respecto de esos graves problemas, no es otra cosa que la resignación. Seguir dejando al pueblo español al margen de las decisiones importantes, reduciendo la democracia a un mero parlamentarismo, condicionado además por los enemigos de la nación española.
Seguimos teniendo muchos motivos para el pesimismo y la tristeza. Pero también para una razonable y contenida esperanza, que no es solamente la de quienes creemos ciegamente en la Divina Providencia. Los españoles hemos logrado durante quince siglos superar todo tipo de ataques, desafíos y amenazas. Ninguna de las que superamos en el pasado era menor a la que hoy nos aflige. Creamos en nosotros mismos, aunque a veces nos parezca que no lo merecemos. Creamos en España, porque España es eterna.
España
Europa se muere de «multiculturalismo». Matémoslo antes de que nos mate
Pierre Claire.- En 2001, el primer ministro neerlandés Wim Kok gobernaba un país que se enorgullecía de ser el laboratorio mundial del multiculturalismo. Un año después, Pim Fortuyn (sociólogo, antiguo marxista, figura de la ultra derecha neerlandesa que criticaba el multiculturalismo, la inmigración y el islam en los Países Bajos) fue asesinado por haber dicho que el modelo no funcionaba. El debate se cerró antes de empezar, estaba imposible discutir en el paraiso multicultural de Europa…
Ese es el problema central del multiculturalismo como ideología, porque ha vuelto imposible su propia evaluación. Criticar el modelo es estar contra la diversidad según los progresistas. Cuestionar sus resultados es abogar por el repliegue identitario, algo que a algunos les parece detestable y por lo que te insultan.
El multiculturalismo como hecho es interesante con sociedades compuestas por culturas distintas que coexisten, intercambian. El multiculturalismo como dogma es otra cosa con la afirmación de que todas las prácticas culturales valen lo mismo, que exigir una adaptación es una forma de opresión y que señalar las disfunciones equivale a racismo encubierto. Ese deslizamiento entre el hecho y la doctrina es el juego de manos intelectual del que nadie habla.
Es ese dogma el que produjo el escándalo de Rotherham, en el Reino Unido, dónde durante quince años, más de 1.400 jóvenes fueron víctimas de redes organizadas de abuso sexual, bandas de captación formadas principalmente por hombres paquistaníes. Los trabajadores sociales lo sabían. La policía lo sabía. Los cargos electos locales lo sabían. Nadie actuó, por miedo a ser acusado de racismo. El informe oficial de 2014 lo dijo con todas las letras. No fue un fallo de información. Fue un fracaso moral sistémico, producido por una ideología.
El mismo mecanismo explica lo que pasó en Colonia, en diciembre de 2015, con cientos de agresiones sexuales en la Nochevieja, deliberadamente minimizadas durante días por las autoridades alemanas. No por incompetencia, pero por cálculo político. Admitir los hechos amenazaba con estigmatizar a una comunidad. Asi, se silenciaba a las víctimas, y las feministas no decían nada porque los delincuentes no eran los buenos.
La izquierda no puede hacer este balance. Reconocer que el multuculturalismo sin limite produce zonas sin ley, comunidades impermeables a los valores liberales, mujeres abandonadas por el feminismo oficial porque sus verdugos pertenecen a una minoría protegida, sería repudiar treinta años de política identitaria. Un repudio del que ningún partido de izquierda es todavía capaz.
Y sin embargo los hechos se acumulan. En Francia, diversos estudios documentan el retroceso de la convivencia mixta, de la libertad vestimentaria femenina y de la práctica religiosa extrema en ciertos barrios, por la presión comunitaria. En Suecia, la violencia de bandas ha alcanzado cifras récord, concentrada en barrios donde la integración había sido declarada exitosa durante décadas.
La integración exitosa no es el borrado de las culturas. Es la adhesión compartida a una base común de derechos y deberes, que se aplica a todos sin excepción cultural. Exigir el respeto de ciertas valores y leyes no es un crimen racista, sino algo normal…
El verdadero racismo (el que la izquierda no ve) está en el silencio. Tratar a comunidades enteras como menores morales a quienes no se puede aplicar los mismos estándares que al resto no es benevolencia, es condescendencia disfrazada de virtud.
La igualdad real empieza por la exigencia igual. No por la exención permanente.
