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España se impone otra vez a Francia y revalida el título de campeona de Europa
España engrandeció este domingo su eterna leyenda con la reválida del título de Europa. Ese hito no lo había conseguido nadie en la historia salvo la Unión Soviética, que lo logró por última vez en 1991, dos años antes de que la selección nacional estrenase su palmarés continental, ahora ya enriquecido por cuatro oros, gracias a la mejor generación que ha dado el baloncesto femenino español, que encadena siete medallas en grandes competiciones y se ha encargado de marcar una época memorable, culminada de momento por nueve metales en los diez últimos Eurobasket y tres coronas en cuatro ediciones. Una hazaña extraordinaria de una selección que, dirigida por Lucas Mondelo, ya es eterna, y que en otra exhibición de talento, sacrificio, ambición y juego colectivo volvió a arrollar a Francia en la final, añadiendo a su carácter irreductible un genial baloncesto, relanzado por el esfuerzo defensivo y la contundencia ofensiva, como el que ofreció en un primer cuarto espectacular en el que abrió el camino a su nuevo éxito, jalonado de forma muy brillante, lo que tiene aún más mérito tras el sufrimiento padecido en semifinales ante la anfitriona.
Bajo el lema de «Queremos más» llegó la enorme selección española al Eurobasket de Letonia y Serbia y no frenó hasta cumplir los tres desafíos que se propuso, la clasificación para el Preolímpico del próximo mes de febrero, el pase a la lucha por las medallas y, el que era el más complicado y parecía casi inalcanzable, repetir título europeo en un campeonato con tantísimas pretendientes, y más, con las ausencias de Alba Torrens y Sancho Lyttle. Sin embargo, todas las jugadoras dieron un paso adelante y fueron Marta Xargay y Astou Ndour quienes, en el partido decisivo, volvieron a tomar con galones los relevos de quienes habían sido catalogadas de insustituibles en una España que no es una selección, sino un verdadero equipo, que una vez más salió a disfrutar a la pista para demostrar de nuevo ante Francia su poderío, superioridad y mentalidad ganadora.
El físico de la selección gala no impidió que esta inconformista España, habituada a subir al podio todos los veranos desde 2013 y ya con nueve medallas en los últimos once años, subiese de nuevo a lo más alto también en Belgrado, donde culminó un campeonato fantástico, rodeado de dudas en la primera fase en Riga pero contundente y muy sólido en las eliminatorias en la capital serbia, coronadas con otra demostración de baloncesto coral, de garra y presión de defensiva y en esta ocasión liderado una vez más por la atrevida y certera Marta Xargay, que con tres triples consecutivos en un primer cuarto increíble de España se encargó de dar el primer golpe a un equipo galo que no dejó de sufrir ante la intensidad, concentración y derroche de virtudes de un rival sin apenas fisuras que siempre responde y se toma cada competición como una cita en la que sólo se plantea divertirse y jugar como bloque. Y cuando algunas no está acertadas, siempre aparecen otras para dar un paso al frente, como todas las del banquillo, para que España no sólo no se resienta, sino que siga creciendo, con un equilibrio tremendo en defensa y ataque, como evidenció ante Francia, a la que llegó a dominar con solvencia por 18 puntos (67-49 y 74-56), aunque la ventaja aumentaría hasta los 23 (82-59) a menos de cuatro minutos para el final.
Quiso demostrar España desde el pitido inicial quién era la campeona y la mejor selección del mundo, sólo superada por Estados Unidos, y así, después de encajar una canasta, comenzó a abrir un camino imparable hacia la gloria, relanzada por un acierto increíble, con 4 de 5 en tiros de dos y 3 de 3 en triples -todos de Xargay- en cuatro minutos, para cerrar el importante primer cuarto con un 6 de 8 triples en lanzamientos lejanos. Y no era un espejismo.
España logra el primer doblete europeo consecutivo en 28 años
La Selección femenina de baloncesto sigue reescribiendo su historia a base de medallas. Y lo hace, una vez más, tras imponerse a Francia en una final del Eurobasket. Las chicas de Mondelo mostraron este domingo sobre el Stark Arena de Belgrado, mismo pabellón en el que doblegó a la anfitriona el día anterior, una superioridad tremenda durante toda la final ante una selección francesa que suma su cuarta plata continental consecutiva.
Por su parte, España suma su cuatro título continental (1993, 2013, 2017 y 2019) y, por azar o por suerte, todos ellos los ha conseguido tras enfrentarse a Francia en la final. Con este nuevo título España engrosa aún más su palmarés y consigue romper una racha que llevaba intacta desde 1991. En ese año, la URSS consiguió sumar su 17 europeo consecutivo. A partir de entonces, ninguna selección había conseguido colgarse dos oros seguidos en un Eurobasket.
Con esta medalla, además, España logra afianzarse en la segunda posición del medallero en un Eurobasket: Rusia encabeza la lista con 24 oros y Francia cierra el podio con 2. Por otro lado, la Selección se coloca, igualando a Bulgaria, en la tercera posición con mayor número de medallas europeas (10). Por delante está Rusia (24) y República Checa (17).
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
