España
«Españoles, la patria les llama»
Carlos Indelicato.- Algunos me llamarán loco, pero antes prefiero ser un loco que busca la grandeza de la patria que lo acogió, y no un vulgar cómplice de las más desdeñables y despreciables acciones cometidas contra la dignidad humana para complacer a los intereses de poderosos grupos que han recurrido a la ingeniería social con el fin de someter a las naciones europeas y a sus habitantes.
Esa Europa por la que nuestros antepasados han dado su vida va muriendo poco a poco ante la pasividad y permisividad de una apatía generalizada dentro de la sociedad causada por el crecimiento de movimientos que pretenden arrancar toda identidad del ADN europeo. La Cristiandad y sus Iglesias sustituidas por el Islam y mezquitas, a nuestros niños se les enseña desde la escuela que sus órganos reproductores no definen su género, las mujeres como sinónimo de vida y por las que el hombre en su caballerosidad ha defendido han sido influenciadas por un absurdo feminismo radical y han declarado la guerra contra la figura masculina. Los medios de comunicación, lejos de informar la verdad, trabajan arduamente en su infame labor de crear matices de opinión dentro de la sociedad, sirviendo como brazo ideológico de grupos inescrupulosos.
‘¡Mujer europea! Vive tu vida y no tengas hijos’ claman los ideólogos, en su afán de sustituir al nativo europeo por inmigrantes ajenos a su cultura.
‘¡Mujer europea! Tu cuerpo, tu decisión, es la hora de abortar’ claman aquellos defensores de la cultura de la muerte.
‘¡Mujer europea! No asumas el género de tu hijo, debes dejar que él/ella decida lo que quiera ser’, aunque esto conlleve la aplicación de hormonas, mutilación de genitales e incluso depresión y reducción drástica de años de vida del niño.
España, nación de conquistadores y luchadores, que allá donde ha reinado la barbarie ha traído la civilización, donde ha faltado una Cruz ha construido una Iglesia. Solo los necios y detractores podrían negar semejante progreso de tan grande imperio.
Sin embargo, esa grandeza promovida por gestas heroicas, lamentablemente se ha visto reducida a un sistema partidocrático y mediocre en el que los españoles no tienen ni voz ni voto, pues demás está decir que muchas de las decisiones que afectan a los ciudadanos se toman directamente desde la Unión Europea, resultando en esto una pérdida de la soberanía nacional. En ese circo democrático al que asisten vestidos de gala los clásicos partidos con sus distinguidos colores, deja al final de la noche un perdedor y un ganador, y está claro que el sistema gana y el pueblo será el perdedor.
El destino de la vida me ha llevado a convertirme en un inmigrante que ha debido abandonar su hogar y familia en Venezuela en busca de una mejor vida. Sería una irreverencia de mi parte no adoptar como mi patria esta nación que me ha abierto las puertas, y mucho peor no luchar hombro a hombro junto a sus ciudadanos en la búsqueda de la justicia social.
El próximo 26 de Mayo del 2019, los españoles tienen una gran oportunidad de decidir por una Europa de Naciones Libres y Soberanas o una Europa Globalista y Masónica al servicio de las castas políticas y financieras.
Yo estoy del lado de los españoles, porque España debe recuperar su soberanía frente a las elites de Bruselas, porque es necesaria la salida del Euro y adoptar una moneda nacional. La legitima protección de las fronteras poniendo fin al espacio Schengen, contra el terrorismo islámico, las mafias que trafican con inmigrantes y el narcotráfico. Por el derecho al trabajo, a la vivienda, a la sanidad, a la educación, a la cultura y a la protección social. Por la reivindicación de la tradición cristiana como base de los valores y la cultura europea. Defensa de la vida y la familia.
Para eso depositaré mi confianza y mi primer voto a la Coalición ADÑ y su candidato al Parlamento Europeo, Martin Sáenz de Ynestrillas, padre de familia, católico y falangista.
Españoles, es menester acudir al llamado de la patria.
¡Ante Todo España!
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
