Opinión
Esperanza e ilusión para una Europa en crisis
Europa está en crisis económica. Europa está en crisis social. Europa está en crisis demográfica. Europa está en crisis moral y de valores. Es la crisis de la globalización y de la invasión migratoria, es la crisis del paro y de las política de recortes, que en realidad son las política de la ruina, es la crisis provocada por una casta política sin escrúpulos, ignorante e inepta y una clase financiera ruin, explotadora y…
Es la crisis del paro y de la invasión demográfica, es la crisis de las políticas de recortes, es la crisis de la corrupción permanente y generalizada, es la crisis de la falta de confianza de unas instituciones que viven de espaldas a la gente y de cara a sus respectivos bolsillos. Es, en definitiva, la crisis de un modelo socio-económico y político que ha entrado en fase terminal, aunque mucho nos tememos que su agonía vaya a ser larga y dolorosa.
Como se sabe en chino las letras no representa sólo sonidos, sino idea, es decir son ideogramas. Y precisamente el ideograma que representa la crisis es el mismo que representa el concepto de oportunidad. La crisis –como catársis- es la fase final de una coyuntura que necesariamente tiende a la descomposición y a su sustitución por un nuevo paradigma –en este caso político- más adecuado con la realidad.
Pues bien, esa “oportunidad” y ese cambio de paradigma, esa esperanza para los que ya no tienen esperanzas, esa posibilidad que tiene Europa de salir de su decadencia y recuperar la fuerza y el vigor de nuestra civilización y de nuestros pueblos, son hoy los partidos identitarios que crecen de forma exponencial en simpatías y adhesiones en toda Europa, especialmente entre los más afectados por esta brutal crisis y sus dramáticas consecuencias.
Cataluña es Europa, y también aquí hay resistencia y oposición a las amenazas sobre los pueblos europeos. Aquí la resistencia identitaria tiene un nombre, Som Identitaris, nuestro mensaje está llegando, nuestra presencia en las instituciones ya es un hecho, y tendrá mucho mayor impacto en los próximos años. Pero Som Identitaris, como el resto de partidos identitarios, somos conscientes de que lo que nos jugamos es el ser o no ser de Europa, por eso desde hace años hemos estado presente y participado con interés en todos los procesos de coordinación y alianzas entre formaciones identitarias europeas.
Los acontecimientos de los últimos meses ponen en evidencia que esta necesidad de alianzas identitarias europeas es entendida y promocionada por sus principales representantes. Ellos saben que Som Identitaris está en primera fila de esa necesaria vanguardia identitaria europea.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
