España
Este es el alcalde que Madrid no merece. Por el Coronel Efrén Díaz Casal
Ante la probabilidad de próximas elecciones y con el fin de proporcionar a los madrileños la información que les permita ejercer su derecho al voto, les comunico que, en mayo de 2016, la Concejala Presidenta del Distrito de Latina del Ayuntamiento de Madrid, Esther Gómez Morante, del partido Ahora Madrid, “prohibió” la procesión del Corpus de mi parroquia castrense de Madrid, en virtud de tan ilegales como análogas competencias específicas a las atribuidas actualmente a los concejales presidentes de distritos por el Acuerdo de 25 de julio de 2019 de organización y competencias de los Distritos, aprobado por la Junta de Gobierno de la Ciudad de Madrid como se deduce de cuanto figura a continuación.
Para evitar el veto municipal, tanto a mi parroquia como a otras en todo el territorio nacional, como español y católico e impulsado por mi respeto al ordenamiento jurídico de nuestro Estado de Derecho, a instancias mías, la Secretaría de Estado de Seguridad y el Subdelegado del Gobierno en Madrid, dictaminaron en sendos escritos de 13 de julio y 2 de noviembre de 2017 respectivamente que “la realización de actos religiosos en la vía pública debe atenerse a lo establecido en la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión”.
El Artículo tercero.1 de la Ley Orgánica 9/1983, de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, en concordancia con el Artículo 21.1 de nuestra vigente Constitución, establece que “ninguna reunión estará sometida al régimen de autorización previa, debiendo ser “comunicada” por escrito a la autoridad gubernativa correspondiente (delegados y subdelegados del Gobierno) por sus organizadores o promotores en lugar de solicitar “autorización” a los respectivos ayuntamientos como ilegalmente se venía y se viene realizando con anterioridad.
Desde mayo de 2017 he dirigido numerosos escritos a José Luis Martínez-Almeida como líder de la oposición, y desde junio de 2019 como alcalde, comunicándole la ilicitud de que el cabildo madrileño “autorice” actos religiosos en la vía pública y solicitándole su intervención a fin de que el Ayuntamiento de la capital de España acatase la ley siendo obsequiado con un incivil silencio que mantiene hasta la fecha.
El ANEXO del citado Acuerdo de 25 de julio de 2019 de organización y competencias de los Distritos, confiere a sus concejales presidentes de distrito la competencia específica de “autorizar, entre otros, los actos religiosos que se celebren en la vía pública del Distrito” en flagrante transgresión del principio de jerarquía normativa proclamado en el Artículo 9.3 de nuestra Ley de leyes, es decir que el individuo en cuestión actúa igual que la exconcejala de extrema izquierda Esther Gómez Morante, que “prohibió” la procesión del Corpus de mi parroquia castrense de Madrid.
La “autorización” municipal previa para estos actos, constituye una discriminación de la población católica por razón de religión, vetada por el Artículo 14 de nuestra Carta Magna, respecto a organizadores y promotores de otros actos en la vía pública que los “comunican” a los delegados y subdelegados del Gobierno según prescribe la Ley Orgánica 9/1983, así como una usurpación de las competencias asignadas al Delegado del Gobierno en la Comunidad Autónoma de Madrid por el Artículo 73.3 de la Ley 40/2015, de 1 de octubre, de Régimen Jurídico del Sector Público.
La vigencia y acatamiento de la competencia específica de los Concejales Presidentes de Distrito del Ayuntamiento de Madrid de “autorizar, entre otros, los actos religiosos que se celebren en la vía pública del Distrito”, conferida por el Acuerdo de 25 de julio de 2019 de organización y competencias de los Distritos, aprobado por la Junta de Gobierno de la Ciudad de Madrid, supone reconocer plena soberanía al Ayuntamiento de la capital de España para dictar disposiciones contrarias a la Constitución y a otras normas de nuestro ordenamiento jurídico, al igual que las disposiciones independentistas del Parlamento y Generalidad de Cataluña: imposible acumular más y mayores desatinos, vulnerando el precitado constitucional principio de jerarquía normativa.
El proceder de José Luis Martínez-Almeida, todavía alcalde de Madrid, es un puro despropósito que le hace indigno del cargo que “okupa”. Es decir que el individuo en cuestión, a pesar de mis requerimientos en contra, ha vulnerado y sigue vulnerando la Constitución que toda la corporación municipal de Madrid incluido él mismo y los miembros del Grupo Municipal del Partido Popular, han jurado respetar y hacer respetar, siendo por lo tanto un perjuro y estando incluído en la denominación de delincuente del diccionario de la Real Academia Española.
El respeto al ordenamiento jurídico de nuestro Estado de derecho, a la opinión pública y a los miembros del cabildo madrileño cualquiera que sea su ideología, constituyen sobrados motivos para que José Luis Martínez-Almeida, todavía alcalde de Madrid, presente inmediatamente su dimisión con carácter irrevocable si tiene un mínimo de vergüenza y dignidad, o se presente una firme moción de censura contra su ejecutoria, exigiendo la inmediata derogación de la competencia específica de los Concejales Presidentes de los Distritos, de “autorizar, entre otros, los actos religiosos que se celebren en la vía pública de los mismos” remitiendo al efecto a sus organizadores y promotores a la Delegación del Gobierno en Madrid.
El individuo en cuestión, que demuestra con sus hechos su falta de respeto a los demás, ignora que la confianza y el respeto de los ciudadanos se ganan a través de la integridad y la adhesión a los principios que sustentan nuestra sociedad, si se pierde la dignidad y los principios, por un beneficio temporal, al final se acaban perdiendo también los electores.
Cuanto antecede revela que UN ALCALDE COMO ALMEIDA ES UN INSULTO A LOS MADRILEÑOS.
Efrén Díaz Casal
Coronel de Infantería (R)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
