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Europa league: Hazard demuestra todas sus virtudes y el Chelsea barre al Arsenal en Bakú
El estadio olímpico de Bakú no estaba lleno. Había muchos huecos por las gradas y los dos clubes ingleses devolvieron seis mil entradas porque la lejanía de la sede y la carestía de los vuelos hacía muy difícil viajar para apoyar a sus equipos. Tampoco fue edificante que el armenio Mkhitaryan, futbolista del Arsenal, no acudiera a tierra hostil, Azerbaiyán, porque ese país mantiene un conflicto político con Armenia. La final de la Europa League presentaba aspectos que se salían de lo normal y el partido también fue distinto al clásico duelo de dos equipos de Londres.
Peter Cech se retiraba del fútbol en este encuentro y demostró que si cuelga los guantes es porque quiere. Excelentes sus dos paradas a disparos de Emerson y Giroud, no tuvo culpa en ningún gol.
El duelo fue un combate de golpes tácticos. Sarri se equivocó inicialmente al echar a su equipo atrás y esperar al Arsenal. Ese planteamiento defensivo anulaba a su única estrella, Hazard. Emery aprovechó esa situación para dominar. Ozil y Shaka lanzaron dos disparos que pudieron ser gol. David Luiz pedía ir hacia adelante y acabar con esa estrategia. Sarri le hizo caso. Se dio cuenta de su error y cambió de idea pasada la primera media hora. Había que atacar, porque los azules no pisaban el área rojiblanca. El Chelsea adelantó líneas y desde ese momento apareció la luz de Hazard.
El belga generó dos jugadas de gol que Cech anuló con sus paradas. El mando era de David Luiz, Jorginho y Hazard. Un pase de Emerson lo cabeceó Giroud con anticipación para poner la Europa League camino de Stamford Bridge. Con la ventaja, Sarri volvió a retrasar líneas. Pensaba sentenciar la final al contragolpe. Ahora la táctica le salió bien.
El Arsenal se fue arriba y en el primer robo de balón llegó el segundo tanto azul. Hazard, la varita mágica del Chelsea, penetró por la izquierda y dio un pase perfecto, al pie, para que el canario Pedro asegurara la Europa League con un remate raso, seco.
Sentenció al contragolpe
Los hombres de Unai Emery perdieron la concentración por unos minutos y otro ataque de los azules lo cortó de mala manera Maitland-Niles, con un penalti tonto sobre Giroud, que Hazard lanzó para colocar el 3-0.
El golazo de Iwobi fue un espasmo. Emery pensó que podría intentar la gesta, pero Hazard le despertó del sueño en pocos segundos. El belga, al que el madridismo espera ya en el Bernabéu, dirigió el enésimo ataque, centró sobre Giroud y el francés le devolvió la pelota para que la figura del partido firmara su segundo gol. Un doblete para despedirse del Chelsea, camino del Real Madrid.
La diferencia en el marcador hundió definitivamente al Arsenal. Su rival pudo aumentar la cuenta en otros disparos que Cech despejó con sabiduría. Triste adiós para un grande, reconocido por todos. La culpa fue de otro grande, Eden Hazard, que selló su calidad en un momento clave de su carrera, camino de Madrid.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
