Sociedad
Feijóo ya enseña la pezuña: El secretario general de UGT, de invitado en el Congreso Extraordinario del PP, junto con la secretaria general de UGT Andalucía, Carmen Castilla, y la secretaria general de CCOO Andalucía, Nuria López
El secretario general de UGT, Pepe Álvarez, ha asistido este sábado al XX Congreso Extraordinario del PP celebrado en Sevilla, en el que Alberto Núñez Feijóo ha sido elegido presidente del partido.
Entre el público, en primera fila, se ha encontrado también la exministra de empleo, Fátima Báñez, y el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi. Y la secretaria general de UGT Andalucía, Carmen Castilla, y la secretaria general de CCOO Andalucía, Nuria López.
La presencia de Álvarez en el cónclave del PP llega semanas después de asegurar que el pacto de gobierno entre populares y VOX en Castilla y León para lograr un cambio de rumbo en Castilla y León era «absolutamente deleznable». En este sentido, manifestó que esperaba que fuera «una anécdota» y no se convirtiera en la norma en la nueva etapa con Feijóo.
Álvarez se sumó a la estigmatización y criminalización de la tercera fuerza política de España: «Creo que los gobiernos con la ‘ultraderecha’ no deben darse en nuestro país (…). Las democracias hay que defenderlas cada día y la mejor forma es que estos líderes políticos no formen parte de los gobiernos», subrayó.
Según se reveló esta semana, el Gobierno andaluz liderado por Juanma Moreno (PP) entregó a finales del año pasado más de 1,7 millones de euros a los sindicatos de clase UGT y CCOO. Así, firmó sendos convenios con ambas organizaciones por los que les concedía dos subvenciones nominativas por un importe total de 1.712.270 euros para el desarrollo de su actividad sindical (639.770 euros a UGT y 1.072.500 euros a CCOO).
Precisamente el PP andaluz ha ganado peso en la nueva estructura orgánica del PP. Elías Bendodo, mano derecha de Juanma Moreno en la Junta, ha sido elegido nuevo coordinador general del partido. Así, ocupará el tercer puesto en el organigrama de la nueva Ejecutiva nacional de la formación.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
