España
Fin de la escapada, elecciones ya
BR.- La maniobra del Gobierno para satisfacer al separatismo catalán tratando de manipular a capricho el proceso penal en el Tribunal Supremo ha dejado un paisaje desolador. La estrategia de Sánchez no podía estar peor diseñada. Su orden de pervertir el papel jurídico de la Abogacía del Estado ha causado estragos en el interior de esa institución, y además no ha sido interpretado como un «gesto» por los líderes golpistas del 1-O. Sánchez verá cómo sus Presupuestos quedan abocados al fracaso, salvo que en los próximos meses consiga un inédito acuerdo a dos bandas con Podemos y Cs. Además ha comprometido la estrategia unitaria y homogénea del Estado de Derecho frente a quienes querían dinamitarlo. Someter a la Abogacía para tratar de rebajar las hipotéticas condenas y debilitar así a la Fiscalía es un error de bulto, y pretender subordinar la legalidad, la letra y espíritu del Código Penal, a su propia supervivencia política, roza lo indecente.
Lo peor es que Sánchez no ofrece visos de rectificar. Se encuentra cómodo con la ruptura del bloque de partidos constitucionales, lo cual es dramático para España, y alimenta la tesis de que el conflicto de Cataluña solo podrá resolverse con un referéndum de más autogobierno. Todo ello, en un contexto de profunda inestabilidad política y en pleno proceso de ralentización económica. La estabilidad que ofrece Sánchez con 84 escaños es nula, y carece de lógica que si las previsiones electorales para el PSOE son tan optimistas como pronostica el CIS de Tezanos, Sánchez no convoque elecciones ya. Sus socios de Gobierno le rechazan pese a su voluntad de pagar el chantaje al que se sometió voluntariamente en la moción de censura, y PP y Ciudadanos no le van a sostener.
Sin posibilidad apararente de conseguir aprobar unas cuentas propias (para prolongar su mandato debería prorrogar las que le hizo Rajoy antes de la moción de censura); con un par de ministros abrasados a los que mantiene solo por no elevar a cuatro las dimisiones en el gabinete; cogido en mentiras flagrantes sobre su tesis plagiada; sin una inercia gobernate que le permita abordar con seriedad los indicios de desaceleración; entretenido en cuestiones irrelevantes para la gran mayoría de los españoles (como dónde esté enterrado Franco)… Sánchez está acorralado, y no puede forzar más las costuras de nuestra democracia desde su extrema debilidad. Lo único responsable que le queda por hacer es convocar a los españoles a las urnas. Hemos pasado a un «Gobierno zombi», obligado a gobernar por decreto y que podría verse forzado a continuar con esos «antisociales» presupuestos de Rajoy.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
