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Europa

Francia se está hundiendo lentamente en el caos

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Por Guy Millière.- París, Campos Elíseos. 14 de julio. Día de la Bastilla. Justo antes de que comience el desfile militar, el presidente Emmanuel Macron baja por la avenida en un coche oficial para saludar a la multitud. Miles de personas se congregaron a lo largo de la avenida para gritar: «Macron, dimisión» y abuchearlo y lanzarle insultos.

Al final del desfile, varias decenas de personas soltaron globos amarillos al cielo y repartieron folletos que decían: «Los chalecos amarillos no están muertos». La policía los dispersó, con rapidez y firmeza. Momentos después, llegaron cientos de anarquistas de «Antifa», que lanzaron barreras de seguridad a la calzada para levantar barricadas, provocar fuegos y destrozar los escaparates de varias tiendas. La policía tuvo dificultades para controlar la situación, pero al final de la tarde, al cabo de algunas horas, lograron restablecer la calma.

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Unas horas más tarde, miles de jóvenes árabes de los suburbios se reunieron cerca del Arco del Triunfo.
Al parecer, habían ido a «celebrar» a su manera la victoria de la selección argelina. Se destrozaron más escaparates y se saquearon más tiendas. Había banderas argelinas por todas partes. Se gritaron eslóganes a los cuatro vientos: «Larga vida a Argelia», «Francia es nuestra», «Muerte a Francia». Las placas con los nombres de las calles se sustituyeron por placas con el nombre de Abd El Kader, el líder religioso y militar que luchó contra el ejército francés en la época de la colonización de Argelia. La policía se limitó a contener la violencia con la esperanza de que no se propagara.

En torno a la media noche, tres líderes del movimiento de los «chalecos amarillos» salieron de una comisaría y le dijeron a un reportero de televisión que habían sido detenidos aquella mañana y que habían pasado en prisión el resto del día. Su abogado afirma que no hicieron nada malo y que sólo fueron detenidos «de manera preventiva». Hace hincapié en que se había aprobado una ley en febrero de 2019 que permite a la policía francesa detener a cualquier persona sospechosa de ir a una manifestación; no es necesaria ninguna autorización del juez y no es posible apelar.

El viernes 19 de julio, la selección argelina vuelve a ganar. Más jóvenes árabes se reúnen cerca del Arco del Triunfo para volver a «celebrarlo». Los daños son aún mayores que los de ocho días antes. Se presentan más policías, y no hacen casi nada.

El 12 de julio, dos días antes del Día de la Bastilla, varios cientos de autodenominados inmigrantes ilegales africanos entraron en el Panteón, el monumento que alberga las tumbas de los héroes que desempeñaron un papel importante en la historia de Francia. Allí, los inmigrantes anunciaron el nacimiento del «movimiento de los chalecos negros». Exigen la «regularización» de todos los inmigrantes ilegales en territorio francés y casa gratis para todos ellos. La policía se presenta, pero rehúsa intervenir.

La mayoría de los manifestantes se marcha pacíficamente. Algunos insultan a la policía y son detenidos.
Francia es hoy un país a la deriva. La agitación y la alegalidad siguen ganando terreno. El desorden se ha convertido en parte de la vida diaria. Las encuestas indican que una gran mayoría rechaza al presidente Macron. Parecen odiar su arrogancia y se inclinan a no perdonarlo. Parecen resentidos por su desprecio hacia los pobres, por cómo aplastó el movimiento de los «chalecos amarillos», y por no haber prestado la menor atención a las mínimas demandas de los manifestantes, como el derecho a celebrar un referéndum ciudadano como los de Suiza. Macron ya no puede ir a ninguna parte en público sin arriesgarse a las muestras de enfado.

Parece que los «chalecos amarillos» han dejado al fin de manifestarse y se han rendido: demasiados se han quedado lisiados o han sido heridos. Sin embargo, su descontento sigue ahí. Parece que está a la espera de volver a explotar.

La policía francesa se muestra agresiva cuando trata con manifestantes pacíficos, pero apenas es capaz de impedir que organizaciones como «Antifa» provoquen violencia. Por lo tanto, al final de cada manifestación, aparece «Antifa». La policía francesa parece particularmente cautelosa a la hora de tratar con los jóvenes árabes e inmigrantes ilegales. La policía ha recibido órdenes. Saben que los jóvenes árabes y los inmigrantes ilegales pueden crear disturbios a gran escala. Hace tres meses, en Grenoble, la policía estaba persiguiendo a unos jóvenes árabes que iban en una moto robada y que estaban acusados del robo. En su huida, sufrieron un accidente. Empezaron cinco días de caos.

El presidente Macron se muestra como un líder autoritario cuando se enfrenta con los pobres disgustados. Nunca dice que lo siente por los que han perdido un ojo o una mano o han sufrido daños cerebrales irreversibles por la extrema brutalidad policial. En su lugar, le pidió al Parlamento francés que aprobara una ley que casi abole completamente el derecho a protestar y la presunción de inocencia, y que permite detener a cualquiera, en cualquier parte, incluso sin motivo. La ley se aprobó.

En junio, el Parlamento francés aprobó otra ley que castigaba severamente a cualquiera que diga o escriba algo que se pueda contener «discurso del odio». La ley es tan poco concreta que Jonathan Turley, investigador jurídico estadounidense, se sintió obligado a reaccionar. «Francia se ha convertido en una de las mayores amenazas internacionales para la libertad de expresión», escribió.

En cambio, Macron no parece autoritario con los anarquistas violentos. Cuando se enfrenta con los jóvenes árabes y los inmigrantes ilegales, se muestra completamente débil.

Sabe lo que el exministro del Interior, Gérard Collomb, dijo en noviembre de 2018 cuando dimitió del Gobierno:

«Las comunidades de Francia se están enredando cada vez más en un conflicto entre ellas y se está volviendo muy violento […] hoy vivimos unos al lado de los otros, temo que mañana sea frente a frente».
Macron también sabe lo que el expresidente François Hollande dijo al terminar su mandato como presidente: «Francia está al borde de la división».

Macron sabe que esa división de Francia ya existe. La mayoría de los árabes y africanos viven en zonas de exclusión, apartados del resto de la población, donde aceptan cada vez menos la presencia de personas no árabes ni africanas. No se definen a sí mismos como franceses, salvo cuando dicen que Francia les pertenece. Las informaciones muestran que la mayoría están llenos de un profundo rechazo a Francia y la civilización occidental. Son cada vez más los que parecen situar su religión por encima de su ciudadanía, y muchos parecen radicalizados y dispuestos a luchar.

Macron no parece querer luchar. Lo que parece es que ha decidido apaciguarlos. Está obcecadamente empeñado en su plan de institucionalizar el islam en Francia. Hace tres meses, se creó la Asociación Musulmana para el Islam de Francia (AMIF, por sus siglas en francés). Una rama de la asociación se ocupará de la expansión cultural del islam y se encargará de la «lucha contra el racismo antimusulmán».

Otra será responsable de los programas para formar a los imames y construir mezquitas. Este otoño se creará un «Consejo de Imames de Francia». Los principales líderes de la AMIF son (o fueron hasta hace poco) miembros de los Hermanos Musulmanes, un movimiento clasificado como organización terrorista en Egipto, Bahréin, Siria, Rusia, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, pero no en Francia.

Macron es consciente de los datos demográficos. Muestran que la población musulmana de Francia crecerá de forma considerable en los próximos años (el economista Charles Grave escribió hace poco que en 2057 Francia será de mayoría musulmana). Macron ve que pronto será imposible que nadie sea elegido presidente sin depender del voto musulmán, así que actúa en consecuencia.

Macron ve que el descontento que dio origen al movimiento de los «chalecos amarillos» aún sigue ahí. Parece pensar que la represión bastará para impedir cualquier futura revuelta, así que no hace nada para remediar las causas del descontento.

El movimiento de los «chalecos amarillos» nació de una revuelta contra los desorbitados impuestos al combustible y las duras medidas del Gobierno contra los conductores de coches y motos. Estas medidas incluían la reducción de los límites de velocidad —80 km/h en la mayoría de las autopistas— y más radares; un fuerte aumento de las multas de tráfico, y complejos y caros controles anuales de revisión de los vehículos a motor. Los impuestos al fuel franceses subieron hace poco otra vez y ahora son los más altos de Europa (un 70% del precio que se paga en las estaciones de autoservicio). Aún siguen vigentes otras medidas contra los usuarios de coches y los motoristas, especialmente dolorosas para los pobres. Ya los echaron de los suburbios los intolerantes recién llegados, y ahora tienen que vivir aún más lejos —y conducir— desde su lugar de trabajo.

Macron no ha tomado ninguna decisión para remediar la desastrosa situación económica de Francia. Cuando fue elegido, los impuestos, deudas y gastos sociales representaban casi el 50% del PIB. El gasto del Gobierno representaba el 57% del PIB (el más alto de los países desarrollados). La proporción de deuda nacional respecto al PIB era casi del 100%.

Los impuestos, deudas y gastos sociales y del Gobierno siguen en el mismo nivel que cuando llegó Macron. La proporción entre deuda y PIB es del 100% y va en aumento. La economía francesa no está creando puestos de trabajo. El nivel de pobreza sigue siendo muy alto: el 14% de la población gana menos de 855 euros al mes.

Macron no presta atención al creciente desastre cultural que se está apoderando del país. El sistema educativo se está desmoronando. Un creciente porcentaje de alumnos que salen del instituto no saben cómo escribir una frase sin errores que hacen incomprensible cualquier cosa que escriban. El cristianismo está desapareciendo. La mayoría de los franceses no musulmanes ya no se definen como cristianos. El fuego que asoló la catedral de Notre-Dame de París fue oficialmente un «accidente», pero sólo fue uno de los muchos edificios religiosos cristianos que se han destruido hace poco en el país. Cada semana, se vandalizan iglesias ante la indiferencia general de la opinión pública. Sólo en la primera mitad de 2019, se quemaron 22 iglesias.

La principal preocupación de Macron y el Gobierno francés no parece ser el riesgo de revueltas, el descontento de la opinión pública, la desaparición del cristianismo, la desastrosa situación económica o la islamización y sus consecuencias. En su lugar, es el cambio climático. Aunque la cantidad de emisiones de dióxido de carbono de Francia es infinitesimal (menos del 1% del total mundial), combatir el «cambio climático provocado por el hombre» parece ser la prioridad absoluta de Macron.

Greta Thunberg, una niña sueca de 16 años —y sin embargo gurú de la «lucha por el clima» en Europa— fue recientemente invitada a la Asamblea Nacional francesa por los miembros del Parlamento que apoyan a Macron. Pronunció un discurso en el que aseguró que la «destrucción irreversible» del planeta iba a empezar muy pronto. Añadió que los líderes políticos «no son suficientemente maduros» y necesitan las lecciones de los niños. Los diputados que apoyan a Macron le dedicaron un cálido aplauso.

La niña recibió el Premio de la Libertad, recién creado, que se les entregará cada año a las personas «que luchen por los valores de los que atracaron en Normandía en 1944 para liberar Europa». Probablemente sea razonable asumir que ninguno de los que atracaron en Normandía en 1944 creyó que estaba luchando para salvar el clima. Sin embargo, Macron y los diputados que lo apoyan parecen estar por encima de esos detalles sin importancia.

Macron y el Gobierno francés tampoco parecen preocupados por que los judíos —a causa del aumento del antisemitismo, y comprensiblemente preocupados por las decisiones judiciales imbuidas del espíritu de la sumisión al islam violento— sigan huyendo de Francia.

Kobili Traore, el hombre que asesinó a Sarah Halimi en 2017 mientras coreaba suras del Corán y gritaba que los judíos son Sheitan («Satán» en árabe) fue declarado no culpable. Por lo visto, Traore había fumado cannabis antes el asesinato, así que los jueces decidieron que no era responsable de sus actos.
Traore será pronto puesto en libertad. ¿Qué pasa si vuelve a fumar cannabis?

Unas semanas después del asesinato de Halimi, tres miembros de una familia judía fueron agredidos, torturados y tomados como rehenes en su domicilio por un grupo de cinco hombres que decían que «los judíos tienen dinero» y que «los judíos deben pagar». Los hombres fueron arrestados: todos eran musulmanes. El juez que los imputó anunció que sus actos no eran «antisemitas».

El 25 de julio de 2019, cuando el equipo de fútbol israelí Maccabi Haifa competía en Estrasburgo, el Gobierno francés limitó el número de seguidores israelíes en el estadio a 600: ni uno más. Un millar de personas había comprado billetes de avión para ir a Francia y asistir al partido. El Gobierno francés también prohibió ondear banderas israelíes en el partido o en cualquier parte de la ciudad. No obstante, en aras de la «libre expresión», el Departamento del Interior francés permitió manifestaciones contra Israel delante del estadio, donde había banderas y pancartas palestinas que decían «Muerte a Israel». En la víspera del partido, unos israelíes fueron violentamente atacados en un restaurante cerca del estadio.

«Las manifestaciones contra Israel se aprueban en aras de la libertad de expresión, pero las autoridades prohíben a los seguidores del Maccabi Haifa que muestren la bandera israelí, es inaceptable», dijo Aliza Ben Nun, embajadora de Israel en Francia.

El otro día, llegó a Israel un avión lleno de judíos franceses que se marchaban de Francia. Más judíos franceses se irán pronto. La marcha de los judíos a Israel les supone sacrificios: algunas inmobiliarias francesas se están aprovechando del deseo de muchas familias judías de marcharse, así que compran y venden propiedades a los judíos a precios mucho menores de su valor de mercado.

Macron seguirá siendo presidente hasta mayo de 2022. Varios líderes de los partidos de centroizquierda (como el Partido Socialista) y de centroderecha (Los Republicanos) se unieron a La República en Marcha, el partido creado hace dos años. Después de eso, el Partido Socialista y Los Republicanos sufrieron un derrumbe electoral. Es probable que la principal oponente a Macron en 2022 sea la misma que en 2017: Marine Le Pen, líder de la populista Agrupación Nacional.

Aunque Macron es sumamente impopular y odiado, probablemente usará los mismos lemas que en 2017: que él es el último bastión de esperanza contra el «caos» y el «fascismo». Tiene muchas posibilidades de salir reelegido. Cualquiera que lea el programa político de Agrupación Nacional puede ver que Le Pen no es una fascista. También, cualquiera que vea la situación en Francia se podría preguntar si el país no ha empezado ya a hundirse en el caos.

La triste situación que reina en Francia no es del todo diferente a la de muchos otros países europeos.

Hace unas semanas, Robert Sarah, un cardenal africano, publicó un libro titulado Le soir approche et déjà le jour basse («Llega la noche, y la luz ya empieza a oscurecer»). «En el origen del derrumbe de Occidente se halla una crisis cultural y de identidad —escribe—. Occidente ya no sabe lo que es, porque no sabe ni quiere saber qué le ha dado forma, qué constituye, qué fue y qué es […] Esta autoasfixia conduce de forma natural a una decadencia que abre el camino a nuevas civilizaciones bárbaras».

Esto es exactamente lo que está pasando en Francia… y en Europa.

Fuente: Gatestone Institute


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Internacional

Así se perdió Francia para los franceses: la criminal complacencia con el Islam en las escuelas

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En Francia bulle una guerra de baja intensidad que pretende radicalizar la escuela. El ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, reveló que tras la decapitación del docente Samuel Paty, el pasado 6 de octubre, se registraron 800 "incidentes" islamistas en los centros educativos del país. En la imagen (Bertrand Guay/AFP, vía Getty Images), el colegio donde fue asesinado Paty, en Bois-d'Aulne, Conflans-Saint-Honorine.
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«A diferencia de usted y de tantos otros, coronel, Mila jamás se someterá», escribió el padre de la adolescente francesa al director de su academia en una carta publicada por Le Point. El 18 de enero de 2020, Mila O., una chica de 16 años, hizo comentarios insultantes sobre el islam durante un directo que estaba llevando a cabo desde su cuenta de Instagram.

En los comentarios, un chico musulmán le pidió una cita, pero ella le rechazó porque es gay. Entonces, él la acusó de racista y la llamó «sucia lesbiana». En un airado vídeo grabado nada más concluir el directo en el que fue insultada, Mila respondió diciendo que ella «odia la religión».

Mila prosiguió: «El Corán es la religión del odio; sólo hay odio ahí… El islam es una mierda». Desde entonces, ha recibido unos 50.000 mensajes y cartas con amenazas de violación, degollamiento, tortura y decapitación. Y ha tenido que saltar de un centro educativo a otro.

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Una vez más, Mila se ha visto sin centro al que acudir. En una red social, accidentalmente dio el nombre de su nueva academia militar y la dirección enseguida la excluyó por ser una potencial amenaza para la seguridad de los estudiantes. «Devastado por tanta cobardía», escribió el padre de Mila. «Ni siquiera el Ejército puede protegerla y permitirle seguir con su formación académica. ¿Qué podemos hacer nosotros, sus padres? Para nosotros, esto es una película de terror».

¿Ni siquiera el Ejército francés puede protegerla? «Tiene 17 años y vive como la redacción de Charlie Hebdo, en un búnker. ¡Esto es insoportable!», declaró el abogado de Mila, Richard Malka.

Pocos días después, Caroline L., profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad de Aix-Marsella, recibió incontables amenazas de muerte por «islamófoba». El fiscal de Aix-en-Provence abrió una investigación por «insultos públicos por pertenencia a una religión». ¿Su delito? Caroline L. dijo lo siguiente a sus estudiantes:

No hay libertad de conciencia en el islam. Si has nacido de padre musulmán, eres musulmán para toda la vida. Es una suerte de religión transmitida por el sexo. Uno de los mayores problemas que tenemos con el islam, pero desgraciadamente no el único, es que no reconoce la libertad de conciencia, lo cual es absolutamente estremecedor.

El instituto Pierre Joël Bonté de Riom (Puy-de-Dôme) fue clausurado el 11 de enero por «insultos y amenazas de muerte» al profesorado. «Hemos decidido cerrar el centro por los insultos y amenazas de muerte, para proteger a los estudiantes y al personal docente», manifestó un portavoz. Pocas horas después, una profesora de Toulouse, Fatiha Boudjahlat, pidió protección policial tras recibir amenazas de consideración.

En 2015, el Estado Islámico proclamó que había que atacar las escuelas francesas y alentó a sus seguidores a «matar a los profesores»Según el experto en islamismo Gilles Kepel, «para los partidarios del isñam político, la escuela se ha convertido en un bastión que asaltar».

En un artículo en L’Express se señalaba trágicamente que los centros educativos son objeto de violentas campañas islamistas en todo el mundo. En 2014, 132 jóvenes murieron en un mortífero ataque islamista contra una academia militar de Peshawar (Pakistán). Entre 2009 y 2012, el Talibán paquistaní atacó 900 escuelas, según un informe de la ONG International Crisis Group. La premio nobel de la paz Malala Yusafzai, conocida por su lucha por la instrucción de las niñas, fue disparada en la cabeza por un talibán en Swat (Pakistán). Boko Haram, responsable de numerosos ataques en Nigeria, reivindicó el secuestro de 276 chicas en Chibok. En un ataque de islamistas afiliados a Al Qaeda contra la Universidad Garissa de Kenia fueron asesinados 142 estudiantes. En Burkina Faso se han clausurado más de 2.000 escuelas.

En Francia bulle una guerra de baja intensidad que tiene por objeto radicalizar la escuela. Aunque muchos musulmanes no apoyen semejante transformación, el asalto parece haber empezado en 1989, año del bicentenario de la Revolución Francesa y de la publicación en el Hexágono de la novela de Salman Rushdie Los versos satánicos. En Creil, un centro educativo denegó la admisión a tres estudiantes por llevar el velo islámico. Las autoridades francesas trataron de rebajar la tensión mediante el diálogo y el apaciguamiento. No obstante, en un llamamiento publicado por Le Nouvel Observateur y firmado, entre otros, por Alain Finkielkraut y Elisabeth Badinter, varios intelectuales denunciaron el «Múnich de la escuela republicana».

La islamización de la escuela francesa está alcanzando un ritmo vertiginoso. En 1989, el grito fue «¡Profesores, no capitulen!». Desde entonces, algunos de los que se han negado a capitular lo han pagado con la vida.

En octubre de 2020, Samuel Paty, profesor de Historia, fue decapitado por un terrorista checheno por cumplir con su trabajo: instruir a sus alumnos en el respeto a los valores fundacionales de las sociedades occidentales y a las palabras que presiden sus escuelas (libertad, igualdad, fraternidad) debatiendo sobre la libertad de expresión y mostrándoles las viñetas de Mahoma publicadas por Charlie Hebdo.

«La convivencia es una fábula», escribió Alain Finkielkraut tras la decapitación de Paty. «Los espacios que pierde la República son espacios conquistados por el odio a Francia. Los ojos se han abierto, las pruebas ya no pueden seguir siendo ocultadas».

El ministro francés de Educación, Jean Michel Blanquer, reveló que tras la decapitación de Paty se produjeron 800 «incidentes» islamistas en los centros educativos del país.

En el Battières de Lyon, donde Paty empezó su carrera, un docente fue amenazado físicamente. Este profesor de Geografía e Historia había dado una clase sobre libertad de expresión siguiendo el programa de la asignatura. Entre otras cosas, dijo que Emmanuel Macron no es «islamófobo». El padre de uno de los alumnos –de quinto grado– fue a verle y lo desafió delante de testigos. «Fue explícito y muy intrusivo acerca de lo que se podía decir y no se podía decir en las clases», dijo uno de ellos. Conmocionado, el docente fue dado de baja por enfermedad y se le pidió que cambiara de centro.

En un instituto de Caluire-et-Cuire, cerca de Lyon, un estudiante amenazó a un profesor con «cortarle la cabeza». En Gisors, una chica distribuyó entre sus compañeros una imagen de la decapitación de Paty. En Albertville, Saboya, la Policía amonestó a cuatro escolares de diez años y a sus padres porque dijeron en clase que «ese profesor merecía morir». En Grenoble, un extremista musumám fue detenido por amenazar con decapitar a un profesor de Geografía e Historia llamado Laurent que sale en la TV. «Te cortaré la cabeza», le dijo. Laurent estaba preparando un vídeo de homenaje a Paty. En la escuela Pierre Mendès France de Saumur, un estudiante le dijo a su profesor: «Mi padre te decapitará».

Es imposible elaborar una lista exhaustiva de incidentes. Ocurren todos los días.

Una encuesta reciente da cuenta de los niveles de autocensura entre los profesores franceses. Para evitar episodios como esos, la mitad de los docentes admite que se autocensura en clase. Mediente el miedo, el terrorismo y la intimidación, el islamismo está cosechando lo que sembró.

Cómo permitimos al islamismo penetrar en la escuela es el título del libro que acaba de publicar Jean-Pierre Obin sobre el auge del islamismo en los centros educativos franceses. Obin, exinspector general de educación, coordinó en 2004 un informe sobre las manifestaciones de afiliación religiosa en los centros. No era el primer informe de un insider. Bernard Ravet fue, durante 15 años, director de tres de las escuelas más problemáticas de Marsella. En su libro ¿Director de colegio o imán de la República?, Ravet escribió:

El fanatismo lleva golpeando las puertas de decenas de centros desde hace más de diez años (…) Ha invadido el espacio físico de la República, centímetro a centímetro, imponiendo sus signos y parámetros.

El filósofo francés Robert Redeker escribió en 2006:

El islam trata de imponer sus normas en Europa, abrir las piscinas a determinadas horas sólo para las mujeres, prohibir la caricaturización de su credo, exige un menú especial para los niños musulmanes, combate por el uso del velo en la escuela, acusa de islamofobia a los espíritus libres.

Su artículo en Le Figaro se titulaba «¿Qué debería hacer el mundo libre ante la intimidación islamista?». Pocos días después, empezó a recibir amenazas de muerte. «No puedo trabajar y me he visto obligado a ocultarme», afirmó. «De alguna manera, los islamistas están consiguiendo castigarme en el territorio de la república como si fuera culpable de un delito de opinión».

Debimos haber prestado más atención a ese primer caso. Fue el primero en una ya larga serie de ataques contra profesores y centros educativos franceses. Catorce años después, Samuel Paty ha pagado con su vida, un profesor universitario acaba de recibir protección policial y otro ha tenido que abandonar su centro por amenazas. Si los extremistas consiguen intimidar a los colegios y universidades franceses, ¿por qué no van a poder someter a toda la sociedad?


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Internacional

‘Ley de la libertad’: Polonia comenzará a multar la censura de las Big Tech

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El viceministro de justicia de Polonia, Sebastian Kaleta, habló con Breitbart sobre la implementación de la ‘ley de la libertad’ la cual le permitirá al gobierno polaco multar la censura de las Big Tech cuando esta sea detectada.

“Cada vez que se utilice un algoritmo para limitar el alcance, se informará al usuario si se está limitando su alcance y por qué”, explicó el viceministro.

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El gobierno polaco designó una Junta de Libertad de Expresión que tendrá el poder de ordenar a las compañías de redes sociales restablecer las publicaciones censuradas luego de que los usuarios lo denuncien.

“El proceso de utilizar algoritmos para suprimir determinadas opiniones, siempre que no infrinjan la ley polaca, [será] regulado” y “si las plataformas de redes sociales infringen esta ley, serán multadas”, afirmó el Sr. Kaleta.

El viceministro argumentó que la decisión del gobierno de legislar a las Big Tech responde a que estas compañías se han convertido en un monopolio y fuera de ellas, la gente pierde la habilidad de comunicarse.

“Los propietarios de las compañías de redes sociales no dirigen un negocio cualquiera. Las grandes empresas tecnológicas son ahora monopolios”, dijo Kaleta, que para ilustrar su punto realizó una analogía.

“Imagínate que Alexander Graham Bell decidiera quién puede hablar por teléfono y que Thomas Edison decidiera dónde deben usarse las bombillas”, preguntó el viceministro.

Censura y persecución política, el marxismo de nuestros tiempos

Durante los 4 años de la administración Trump, Facebook, Twitter, Youtube y Google, jugaron un enorme rol en la censura o shadowban (censura invisible, solo el creador del contenido ve sus publicaciones) de las voces conservadoras, de los logros del expresidente y de cualquier contenido considerado políticamente incorrecto.

Para demonizar a Trump cualquier noticia positiva, era reportada como negativa por los medios de comunicación principales, poniendo a un gran segmento de la sociedad en contra de otro.

En los últimos meses de Trump en la Casa Blanca, la censura escaló a tal punto que el expresidente perdió su habilidad de comunicarse con los estadounidenses. De igual modo, aquellos que intentaban hacer eco de los dichos de Trump, también sufrieron censura, aun cuando muchas de estas personas viven de las redes sociales.

Habiendo sido ocupados y sometidos por los soviéticos, el gobierno conservador polaco actual, tiene un buen entendimiento de lo que sucede en el mundo en torno a la censura de las redes sociales y a aquellos que persiguen a los conservadores.

“La presión de la izquierda radical ha pasado de la corrección política blanda a una fase mucho más dura, la de la cultura de la cancelación… [es] muy preocupante, y recuerda más a las normas bolcheviques que a las democráticas”, dijo el viceministro.

Luego de que Trump dejara la Casa Blanca, los demócratas, “celebridades” de Hollywood y personajes famosos, iniciaron una ola de cancelación contra el expresidente y los republicanos que mostraron su apoyo.

Cuentas bancarias cerradas, personas despedidas de su trabajo, donaciones canceladas, e incluso leyes de la actual administración denominando “terroristas” a los estadounidenses que fueron al Capitolio aquel fatídico 6 de enero.

“Las señales de la izquierda son claras: si no estás de acuerdo con nosotros y nos criticas, el “sistema” que hemos creado no sólo hará que te despidan, sino que limitará tu acceso a determinados servicios y productos”, explicó el Sr. Kaleta que llamó a las personas detrás de esta tendencia “neo-marxistas”.

Álvaro Colombres Garmendia


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Internacional

La suprema estupidez y pertinaz cretinismo de la izquierda «progre»: No ver, no escuchar y no hablar del supremacismo de la izquierda

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Los académicos de la Universidad de York han eliminado la imagen de los tres monos sabios de una conferencia de historia del arte por considerar que los personajes representan un «estereotipo racial opresivo».

Todos conocemos el símbolo de los Tres Monos Sabios, ¿verdad? Hay hasta emojis de ellos. Uno se tapa los oídos, otro, los ojos, y el tercero, la boca, una viejísima exhortación a no prestar oídos al mal, no verlo y no hablarlo. Sabiduría oriental de esa que tanto gustaba a los progres de los sesenta y setenta del pasado siglo.

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Bueno, pues es horriblemente racista y debe desaparecer. Los académicos de la Universidad de York han eliminado la imagen de los tres monos sabios de una conferencia de historia del arte por considerar que los personajes representan un «estereotipo racial opresivo». Veremos cuánto duran los emojis.

Tengo para mí que la corrección política es, entre otras cosas, un medio de desactivar el sentido del humor. Se ponen tan serios, tan trágicos, que da cosa reírse en su cara cuando, en realidad, es la reacción de cualquier persona sana y normal ante sus «más difícil todavía», ante las pruebas de este concurso público de a ver quién dice la mayor estupidez. Y, del mismo modo, estoy convencida de que si respondiéramos colectivamente como nos pide el cuerpo y soltáramos la carcajada, todo el edificio se vendría abajo y podríamos tener una vida aproximadamente normal.

¿A qué «estereotipo racial opresivo» se refieren? Tengan, al menos, el valor de decirlo, para que veamos que son ustedes los últimos racistas de peso y cargo de nuestro tiempo

Pero nadie lo hará. La espiral de virtud es una proyección de estatus y poder, y siempre hay que adelantar por la izquierda para quedarse en el mismo sitio, demoliendo nuestra civilización y sentido común en el proceso.

A ver, señores académicos, que los tres monos en cuestión proceden de la cultura japonesa, un símbolo muy popular en el pueblo japonés entre los años 1185 y 1392. Cuéntennos, augustos próceres del saber, ¿a qué «estereotipo racial opresivo» se refieren? Tengan, al menos, el valor de decirlo, para que veamos que son ustedes los últimos racistas de peso y cargo de nuestro tiempo.

Porque, admitámoslo, el antirracismo de este palo es el último racismo con pase oficial. La ola de antidiscriminación es la cosa más brutalmente discriminatoria, igual que la ‘diversidad’ consiste en aplastar la variedad.

Veamos el caso. Lo único que se nos ocurre para juzgar «estereotipo racial opresivo» este de los tres monos es la identificación de los negros con simios. Y eso, naturalmente, es la prueba evidente de que el único criterio que importa, la única cultura que cuenta, es la nuestra, la de los blancos y, afinando aún más, la del varón heterosexual anglosajón.

«Los académicos neoyorquinos demuestran, una vez más, que en su afán de ser más antirracistas que nadie son los más repulsivamente racistas»

Porque es de cajón que esos monos fueron introducidos por una cultura para la que los negros, sencillamente, no existían, con lo que difícilmente podían pensar en ellos al representarlos. Más: en Occidente, donde no hay monos en la naturaleza, atribuyen a este animal rasgos simbólicos completamente diferentes que en Oriente. Aquí, «hacer el mono» no es exactamente un halago. En Asia, en cambio, es un animal sabio, lleno de connotaciones positivas. En China, el Mono es un signo zodiacal de gran fortuna. Como lo es, por ejemplo, el cerdo, otro animal que en nuestro entorno occidental equivale a un insulto.

Ahora, imagine que se le llama a alguien «león», o «águila». Es poco probable que se ofenda, ¿verdad? Porque nuestra cultura asocia cualidades positivas a esos animales, de un modo completamente arbitrario, porque «perro», un animal tan leal, inteligente y simpático, es un terrible insulto.

A lo que voy: los académicos neoyorquinos demuestran, una vez más, que en su afán de ser más antirracistas que nadie son los más repulsivamente racistas. Primero, viendo una asociación imposible en un antiguo símbolo asiático y, segundo, despreciando por completo cualquier visión cultural que no sea la suya propia, por la que juzgan a todas las demás.

Recuerden bien esto, porque es lo que quieren decir en realidad con «multicultural»: imponer los prejuicios occidentales procedentes de la Ilustración a todas las demás culturas, dejando de ellas la espuma: gastronomía y folclore ocasional.

Es por eso mismo que solo los varones blancos y heterosexuales tienen méritos y deméritos personales, individuales. En mujeres, no blancos y de sexualidades alternativas, su mayor mérito, como estamos viendo en los comentarios sobre el gabinete formado por el presidente Joe Biden, es que tengan esos rasgos que aún se consideran exóticos.


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Europa

La náusea infinita y el vómito que no cesa. Lavado de cerebro sobre los géneros falsos: Polémica película de la BBC le enseña a los niños que existen más de 100 géneros

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Una nueva producción audiovisual educativa para niños de nueve a doce años está generando polémica dado su contenido que afirma que existen más de 100 géneros de sexo y además enseña a los niños que ser transgénero es una forma de ser “felices”.

La película de la BBC titulada “Identidad: comprensión de las identidades sexuales y de género” se ofrece en el sitio web del mencionado medio como parte del “paquete de educación sexual y relaciones” que se financia mediante fondos públicos.

De acuerdo con el Daily Mail, actualmente la mayoría de niños en edad escolar se ven obligados a llevar a cabo sus estudios en línea debido a las cuarentenas impuestas, impidiendo el acceso a las aulas.

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La película muestra a los niños pequeños confundidos preguntando a adultos sobre sexualidad y género, mientras que a estos se les dice que las identidades de género incluyen ‘bigenero’, ‘género queer’ y ‘pansexual’.

Una sección del largometraje muestra el momento en el que un alumno pregunta cuántas identidades hay, y su profesora Kate, una maestra designada como RSE (Relaciones y Educación sexual) responde a él y otro niño que hay muchas identidades de género, resaltando que ahora hay más de 100.

El lanzamiento de la película se antepuso a la guía publicada por el gobierno de Reino Unido del año pasado en la cual se aconseja a las escuelas que tengan cuidado con enseñar sobre temas sexuales a los niños.

“Los recursos utilizados para enseñar sobre este tema siempre deben ser apropiados para la edad y estar basados ​​en evidencia”, señaló el anuncio, mientras que los maestros “no deben reforzar estereotipos dañinos, por ejemplo, sugiriendo que los niños pueden ser de un género diferente en función de su personalidad”.

Por su parte, la BBC justificó los propósitos de la cuestionada producción argumentando que más de 50 profesores habían participado en la consulta e indicaron que el sitio web de la BBC Teach estaba formalmente establecido, agregando que debido a la naturaleza sensible del tema, se recomendaba a los profesores revisar el contenido antes de verlo con sus alumnos.

Al respecto, la diputada del Partido Conservador de Reino Unido, Jackie Doyle-Price, señaló: “Decirle a los niños que hay más de 100 géneros es una tontería y es potencialmente dañino, ya que corre el riesgo de normalizar algo que es extremadamente raro”.

La producción audiovisual no aborda en ningún momento la actual preocupación que encierra el incremento en el número de niños que afirman querer cambiar de género.

Tampoco toma en cuenta las polémicas intervenciones médicas a las que se someten algunos niños transgénero, como los fármacos bloqueadores de hormonas no probados cuyo uso ha sido efectivamente prohibido por un reciente fallo del Tribunal Superior, según el Daily Mail.

El mismo medio antes citado informó que el centro Tavistock del NHS que ofrece a niños servicios en cuestiones de género, fue calificado la semana pasada como “inadecuado” por una entidad de vigilancia tras descubrir que el personal no llevaba registros básicos de los niños que recibían tratamientos hormonales básicos.

Respecto a la película promovida por la BBC, el comentarista de radio Darren Grimes, expresó a través de su cuenta de Twitter: “Si estas son las ideas de la BBC sobre “educación”, entonces, francamente, prefiero que no se molesten”.


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