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García Egea y Villegas coordinan personalmente la manifestación del domingo contra el “traidor” de Sánchez

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Teodoro García Egea y José Manuel Villegas
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Las secretarías generales del PP y Ciudadanos se han puesto a trabajar ya para coordinar la manifestación convocada el domingo en la madrileña Plaza de Colón a las 12:00 horas por ambas fuerzas contra la política del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en Cataluña. A dicha protesta se ha unido también Vox después de ser contactados por Pablo Casado.

Fuentes de C’s y del PP han confirmado a EFE que los dos equipos, bajo la responsabilidad de Teodoro García Egea (PP) y José Manuel Villegas (C’s), están en contacto para organizar esa protesta, anunciada este miércoles por separado por ambos partidos y después de que también los dos solicitaran la comparecencia de Sánchez.

Una comparecencia que han registrado en el Congreso para que el jefe de Gobierno explique por qué va a nombrar un relator para hablar con los demás partidos sobre Cataluña.

El PP ha contactado también con Vox, que también ha llamado a sus militantes a la movilización que se celebrará en la plaza de Colón.

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Religión

Un cura italiano convierte su parroquia en un centro de acogida con la oposición de los fieles

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La iglesia de Pistoia ha perdido el decoro de un lugar de culto: colchones por el suelo, literas, mochilas... - ABC
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Ha convertido su parroquia en una especie de campamento para inmigrantes. Don Massimo Biancalani ha transformado su iglesia en Pistoia, municipio de 90.000 habitantes en Toscana, al norte de Italia, en un gran centro de acogida para 250 inmigrantes. Desde luego, quien espere ver el decoro de un lugar de culto, no lo encontrará al entrar en esta parroquia de Santa María Mayor en Vicofaro. Todos los espacios están cubiertos: Colchones por el suelo en una extensión ininterrumpida, literas, y por doquier un revoltijo de ropa, mochilas y zapatos de los extranjeros. Don Biancalani ha permitido a los inmigrantes ocupar toda la iglesia, la nueva y una vieja adyacente, el salón parroquial, los pasillos e incluso el piso en el que hasta ahora vivía el párroco solo. Ahora, según cuenta Repubblica, el sacerdote comparte todo el espacio con quien llame a su puerta, convirtiéndose en uno de los curas más conocidos de Italia.

El barrio protesta

Don Massimo afirma que «mucha gente ha comprendido que no se debe tener miedo de los inmigrantes; nunca hemos tenido problemas de seguridad». No lo deben pensar así muchos parroquianos, que hace una semana recogieron firmas y enviaron un escrito al ayuntamiento, la comisaría y el obispado, explicando que se hace imposible vivir en el barrio, a causa de una serie de graves problemas surgidos con los inmigrantes.

Don Massimo Biancalani admite que su comunidad parroquial se ha reducido drásticamente: «Estamos aislados en nuestro territorio. Esta es la parroquia más grande de la ciudad, con 7.000 fieles, pero muchos nos han abandonado. En este año, en la catequesis hemos pasado de 120 niños a 20. Pero hemos ganado laicos que vienen a practicar el Evangelio: Tuve hambre y me disteis de comer… era extranjero y me habéis acogido».

Vida cotidiana

Entre los inmigrantes que pernoctan en la iglesia está Diba, 19 años, de Senegal, que cuenta así su dramática historia: «Era un niño de que vivía en la calle, abandonado por la familia, crecido con amigos y con ellos partí: Niger, Libia y después Italia. Llegué a los 14 años. Al principio fui acogido en una comunidad para menores. Después, viví en la calle. Algunos amigos me dijeron que viniera aquí y don Massimo me ha acogido. Me levanto cada mañana a las 4.30, cojo un tren y voy a Prato para trabajar en la limpieza durante dos horas en una multisala, después vuelvo aquí. Por la tarde cojo otro tren y voy a Florencia para trabajar como repartidor en Glovo. Al final de mes gano unos 300-400 euros». En la parroquia vive también Colmar, que pasó un año y 4 meses en prisión acusado de ser traficante de seres humanos, pero después fue absuelto y ahora ya no puede hacer petición de asilo.

Llamamiento del Papa

La iglesia transformada en centro de acogida funciona como un modelo de autogestión. “No se come en mesa comunitaria. Hay frigoríficos en diversas partes, dos cocinas que funcionan las 24 horas del día, y ocho baños químicos portátiles. Se sale adelante con donaciones, ofertas, recogida de alimentos, la generosidad de algunas asociaciones y una muy pequeña contribución de los inmigrantes que trabajan.

A menudo surgen problemas. «Nos han cortado el gas porque no hemos pagado un recibo de 4.000 euros. Lo pagaré con mis ahorros de profesor de religión», afirma don Massimo Biancalani. «Yo solo he respondido al llamamiento que el Papa lanzó en el 2016 cuando invitó a los sacerdotes a abrir las iglesias a esta gente. Por desgracia, su llamamiento cayó en el vacío», asegura don Massimo.

(ABC)

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Colaboraciones

Exhumado Franco, ¿qué conejo electoral sacará Sánchez de su chistera?

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Paloma Cervilla.- Bueno, pues 44 años después volvemos a enterrar a Franco. No se engañen, al PSOE le ha importado bien poco durante este periodo si el dictador estaba en el Valle de los Caídos o en cualquier otro sitio. Porque hubo un PSOE que entendió que la reconciliación, tras el desastre de la Guerra Civil, se llevó a cabo con una Transición ejemplar que nos llevó a una democracia, en la que se cerraron la mayoría de las heridas.

Pero llegó un político que no entendió nada, el peor presidente de Gobierno que ha tenido España, y decidió reabrir la Guerra Civil con una Ley de Memoria Histórica, que nos trajo de nuevo el enfrentamiento y la división.

Ante su incapacidad para gobernar, como así quedó de manifiesto tras negar la crisis y conducir a España a una desastrosa situación económica, José Luis Rodríguez Zapatero se inventó esta ley para intentar tapar su incapacidad política.

El daño de esta ley ha sido tremendo, como es fácil comprobarlo hoy. Porque muertos en las cunetas hay de todos los bandos, porque tragedias familiares hubo tanto en la derecha como en la izquierda: republicanos, sacerdotes, religiosas, que fueron asesinados por pensar de otra manera. Pero aquello se superó, porque un país no puede vivir con rencor.

El testigo de aquel disparate de la Ley lo recogió otro presidente, que va camino de superar a Zapatero por su nefasta gestión, como es Pedro Sánchez. Encaramado a la Moncloa con el apoyo de la extrema izquierda y de los que quieren romper España, no se le ocurrió otra cosa que volver a poner a Franco en el centro del debate político para que no se hablara de las cosas que realmente preocupan a España: el precio del alquiler, la subida de la luz, el deterioro económico, las pensiones…. Tapar todo eso con mucho Franco y yo me voy a apuntar la medalla de que lo saqué del Valle de los Caídos.

Pues ya lo ha sacado, cosa que a mí, si lo dice un tribunal me parece muy bien. Las sentencias (señor Torras, usted también) se cumplen, y a ver si Pedro Sánchez pone el mismo empeño en que el presidente de la Generalitat cumpla la ley, como lo está poniendo con la familia Franco.

Y ahora, ¿qué? Sin el reclamo de Franco, ¿qué conejo va a sacarse de la chistera Pedro Sánchez para no afrontar los problemas que tiene España? Pues ya os lo digo yo, ahora empezará a distraer a la parroquia con si va a demoler o no la cruz del Valle de los Caídos, si va a sacar también a José Antonio Primo de Rivera de su tumba. Todo menos afrontar la realidad actual de España, viviendo 44 años atrás, en vez de mirar hacia el futuro y superar una de las páginas más negras de la historia de España.

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Historia

Hispanidad a la española: del Himalaya a Los Andes

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Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- Recuerdo que una de las historias que más me cautivaron en mi niñez y adolescencia fue la que protagonizó el niño italiano de nombre Marco, que emprendió un viaje épico desde Italia hasta América con el fin de encontrar a su madre, que había emigrado a tierras del Nuevo Mundo para trabajar y dar una mejor vida a sus hijos.

La historia tenía como título «Marco: de los Apeninos a los Andes», relato breve incluido por Edmundo de Amicis en su novela «Corazón», editada en 1886.

Si cambiamos los Apeninos por el Himalaya, nos quedaría un título perfecto para explicar con pocas palabras la nauseabunda catarata de mentiras con las que los rojiprogres pretenden destrozar nuestra historia: «Del Himalaya a los Andes». Como se ve, todo se reduce a una simple cuestión orográfica, pues por algo somos el segundo país más montañoso de Europa, de modo que estudiar nuestra historia equivale a hacer un «trekking» ―perdón por el palabro inglés― por cordilleras gigantescas, a hacer escaladas más allá del Naranco de Bulnes, en un juego de la oca que tiene como estribillo «y miento porque me toca».

En efecto, el Himalaya de mentiras por cuyas barrancas se han despeñado generaciones enteras de españoles aborregados hasta la náusea tiene varios ochomiles majestuosos, cumbres negras construidas engaño a engaño, embuste a embuste, leyenda a leyenda. Las falsedades sobre nuestra Historia son de tal magnitud, que, además del Himalaya, el movimiento tectónico causado por las patrañas ha levantado en España incluso un Andes de mentiras, otra cordillera más para atacar la Hispanidad, para manipular la historia patria a conveniencia de la «Sinagoga de Satanás», que nos acosa desde del mismísimo «Big Bang».

Extraña y sorprendente magia luciferina la de los giliputienses progres, que convierten la Reconquista en una aventura imperialista contra una civilización musulmana excelsa, y nos exigen pedir perdón por la conquista de Granada; pasmosa visión de nuestra Patria, que según la patulea de giliignorantes ha sido gobernada por siniestros individuos hijos de Torquemada, genocida macabro que quemó a cientos de miles de inocentes, cuando los documentos históricos demuestran que, en sus 400 años de existencia, solo se le pueden imputar unas 2.000 víctimas, pecata minuta al lado del holocausto que sufrieron los católicos a manos de los protestantes y los anglicanos, cifra que palidece ante las más de 10.000 víctimas católicas ―18.000 si se les suman las matanzas del genocida Lluis Companys― provocadas por el Frente Popular.

Pero a lo que íbamos, después del Everest de la inicua memoria histórica antifranquista, tenemos el espectáculo del famoso Aconcagua andino, que con sus 6960 metros es la mayor cumbre delos hemisferios sur y occidental. Aconcagua de mentiras con las que la ideología izquierdista ha tergiversado la historia dela conquista y colonización de América, magno evento civilizador que, en palabras del papa León XIII, «es por sí mismo el más grande y hermoso de todos los que tiempo alguno haya visto jamás».

Extraño caso el de España, perpetradora de los más tremendos genocidios de la Humanidad según los lobotomizadores rojos: musulmanes, brujas, protestantes, indígenas, milicianos… Enormes muchedumbres que cayeron bajo nuestra cruel guadaña, que inmisericorde segó vidas inocentes, alcanzando su paroxismo de horror con los indiecitos lindos como corderitos en flor, y con los nobles y puros y pobres milicianitos que curraban por construir el paraíso de las famélicas legiones.

Y así tenemos que los sherpas perrofláuticos del Himalaya de mentiras sobre el franquismo han abierto desde tiempo inmemorial una franquicia en los Andes, la cual ha lavado el cerebro a incontables generaciones presentando la epopeya americana como la madre de todos los genocidios. ¿Por qué será que la patulea comunista, responsable de la muerte de más de 100 millones de personas, se empeña en ver genocidios en nuestras empresas más gloriosas?

Esta mentira cósmica que hace de la Hispanidad la «fiesta del genocidio indígena» resiste contra viento y marea la verdad histórica, archisabida, pero archiolvidada, de que la mortandad indígena no fue causada por mengeles españoles, ya que fue provocada por el hecho de que los españoles transmitieron a los autóctonos unas enfermedades contagiosas para las cuales los indios carecían de defensas ―especialmente la viruela y el sarampión―, enfermedades infecciosas que provocaron entre un 75 y un 95% de la mortandad indígena.

Otras verdades como panes demuestran fehacientemente que los españoles pudieron conquistar esos imperios enormes porque contaron con el apoyo de la gran mayoría de los pueblos que estaban hartos de la opresión totalitaria de esos imperios, la mayoría de los cuales se alimentaban de las torrenteras de sangre de los satánicos sacrificios humanos.

En el año 1521 Andrés Tapia, acompañante de Hernán Cortés, dio testimonio de una torre de cráneos en Tenochtitlán, que pertenecían a hombres mujeres y niños víctimas de los sacrificios humanos en el imperio azteca. Este siniestro monumento fue descubierto en el 2017, como prueba material de que eran verídicos los testimonios de los cronistas sobre el genocidio que se practicaba en los imperios precolombinos.
Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, afirmaba en una carta datada en 1524 que en todo el imperio azteca se sacrificaban al año más de 72.000 personas, entre ellas 20.000 niños. Para el investigador Mariano Cuevas (1879-1949), esa cifra estaba en torno a los 100.000 sacrificios anuales. En el primer volumen de su «Historia de la Iglesia en México», afirma que Andrés Tapia y Gonzalo de Umbría estimaron en 136.000 calaveras los restos de los sacrificios que hallaron en las vigas y gradas de Mixcoatl. En dicha obra, Cuevas sostiene que el objetivo de las guerras entre los pueblos precolombinos era capturar el mayor número de prisioneros para luego sacrificarlos, ritual que consistía en arrancar el corazón a las víctimas, decapitarlos, y comérselos después. Estas prácticas eran comunes en prácticamente todas las culturas precolombinas. Estos horrendos genocidios cesaron tras la conquista española y, por supuesto, han sido silenciados en los libros de texto.

Para rematar la mentira genocida, es un hecho ya aceptado entre los historiadores que los españoles fuimos los creadores de los Derechos Humanos, cuya ideología se aplicó al trato con los indígenas del Nuevo Mundo, impulsada por la misma Isabel la Católica.

Pero no hace falta ser experto en historia para descubrir que los Andes de mentiras es un burdo intento por manipular la verdad de nuestra historia, ya que basta darse una vuelta por Madrid para desmochar sin cuartel esa cordillera de estafas y engaños.

En efecto, que me digan a mí y a los madrileños que la colonización de América fue un genocidio, cuando nos vemos transportados en un plis-plas a exóticos lugares, en fantásticas excursiones por Macchu-Picchu y alrededores, tal es la calidad indígena del ADN de muchos sudamericanos que pululan por nuestras calles.

Al verme rodeado por ellos en cualquier esquina de Madrid ―y no digamos en alguno centros comerciales del extrarradio madrileño― no puedo por menos de pensar que fue muy extraño el presunto genocidio que hicieron nuestros antepasados conquistadores en las Américas, porque, aparte de tenerlos a cientos de miles en nuestras calles con una fisonomía plenamente indígena, tiene que haberlos por millones en los actuales países hispanoamericanos. Si el genocidio fue como lo pintan los giliprogres, ¿cómo se explica que quedaran tantísimos indígenas? Chi lo sa. Y también hay que contabilizar a aquellos que no tienen tanta pureza racial por haberse mezclado con españoles, ya que fuimos el único imperio en el que los conquistadores se no tuvieron reparo a la hora de mezclarse con las poblaciones nativas, caso insólito en los imperios anglosajón, francés, holandés…

Caso bien distinto es el de los indios que tuvieron la desgracia de habitar las tierras de América del Norte, donde, además de los búfalos ―que exterminaron sin piedad con el fin de matar de hambre a los indios que se alimentaban de ellos―, los blancos anglosajones diezmaron sin piedad las tribus nativas, hasta el punto de que hoy se calcula que éstas ―contando también Alaska― sólo cuentan con poco más de 4 millones de individuos: espeluznante cifra. Por ejemplo, solamente quedan unos 96.000 apaches, 18.000 cheyennes, 19.376 comanches, 80.000 iroqueses… ¿para qué seguir? Es decir, que antes daban para alguna película del Oeste como extras y poco más, pero hoy ya ni eso, porque ya no se hacen.
Dato tremendo es que, de las 570 etnias indias en América del Norte, más de la mitad están asociadas a reservas. No he estado nunca en América del Norte, pero me da que es sumamente difícil toparse por las calles de sus ciudades con cherokees, comanches, apaches, chirikawas, sioux, etc, incluso en la multirracial Nueva York.

En cuanto a la salvaje explotación de los indígenas, es cierto que la sufrieron las poblaciones autóctonas, pero los países o imperios que no incurrieran en esta práctica que tiren la primera piedra, y eso no es óbice para que estén orgullosos de su historia y proclamen su patriotismo urbi et orbe.

Si los rojiprogres hispanófobos quieren denunciar genocidios, más les valdría denunciar los ignominiosos ejemplos de algunos países elogiados por su civilización y su democracia, los cuales tuvieron lugar en un tiempo donde ya existían los derechos humanos y las ONGs.

Ahí tenemos el siniestro caso de la maravillosa y moderna Suecia, paradigma de socialdemocracia —aún recuerdo al hipócrita primer ministro Olof Palme pasando la hucha por las calles para conseguir dinero contra Franco con el fin de protestar contra la condena a muerte de unos terroristas—. Pues en este país tan deslumbrante se esterilizó a 230.000 personas entre 1935 y 1996 «en el marco de un programa basado en teorías eugénicas» y por razones de «higiene social y racial», orientado a preservar la «pureza de la raza nórdica». Lapones, gitanos, poblaciones de raza mixta… ninguna minoría escapó a este horror. Eso sí que era una «solución final» —por cierto, los suecos no pudieron disimular sus simpatías por el nazismo—.

También animo a estos gilirrojos antiespañoles a investigar el espantoso genocidio que se perpetró en el Congo cuando era colonia de la Bélgica del rey Leopoldo II, fundador y único propietario del Estado Libre del Congo, corrupto y salvaje explotador de los indígenas que se hizo con una enorme fortuna explotando el caucho y los diamantes de ese territorio africano, para lo cual no dudó en masacrar a la población nativa como si fuese mano de obra esclava, hasta el punto de que la carnicería afectó a la mitad de la población, unos 10 millones de personas. Una campaña de investigación que estremeció a Europa destapó el increíble horror de este genocidio, donde destacó el hecho de que los encargados de las concesiones exigían a los soldados nativos que les llevaran las manos cortadas de aquellos a quienes habían asesinado, para asegurarse de que no habían desperdiciado cartuchos.

Pero los muchos ejemplos de genocidios que se podrían citar quedan eclipsados por la apocalíptica hecatombe producida por los regímenes comunistas. Sin salir de la Rusia estalinista, durante La Gran Purga entre 1937 a 1939 se contabilizaron 8,5 millones de detenciones, más de un millón de ejecutados, y más de dos millones de muertos en los campos de internamiento.

Anteriormente a esta Gran Purga había tenido lugar el dantesco apocalipsis del «Holodomor», nombre bajo el cual se conoce la devastadora hambruna que asoló Ucrania durante los años 1932-1933, que causó la muerte de entre 1,5 y 10 millones de personas, horror que según muchos historiadores fue provocado intencionadamente por Stalin el exterminador, que pretendía acabar con el nacionalismo ucraniano colectivizando despóticamente las tierras de los campesinos.

La China maoísta, por su parte, es responsable de 65 millones de muertos.

Ya lo decía Jean François Revel: «El club con más socios del mundo es el de los enemigos de los genocidios pasados. Solo tiene el mismo número de miembros el club de los amigos de los genocidios en curso». Chapeau, maestro.

Por cierto, el relato «De los Apeninos a los Andes» finaliza con las palabras que el médico que atendía a su madre ―enferma de gravedad, y desahuciada por los médicos― le dice a Marco, ya que el niño había motivado a su madre a curarse de la grave enfermedad que la aquejaba: «¡Eres tú, niño, quien ha salvado a tu madre!».

Magnífica parábola para describir la situación de España: una madre enferma que hay que buscar y salvar… Si yo fuera Marco, sé perfectamente dónde buscarla. ¿Y usted?

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