Opinión
González Cuevas, Profesor de Historia: “Si me apuran Aznar, y no Zapatero, se convirtió en el padre de las leyes de memoria histórica”
Pedro Carlos González Cuevas es historiador y profesor universitario. Es profesor titular de Historia de las Ideas Políticas y de Historia del Pensamiento Español en la UNED. Es autor de importantes obras sobre la derecha y el conservadurismo en España y experto en diferentes figuras como Ramiro de Maeztu, Charles Maurras, Carl Schmitt, Maurice Barrès, José Ortega y Gasset o Gonzalo Fernández de la Mora.
¿Cómo valora la concentración de protesta contra la Ley de Memoria Democrática frente al Congreso de los Diputados del 14 de julio?
Por desgracia, no creo que pase de un gesto testimonial, y que no servirá para nada. Se ha perdido mucho tiempo en estos temas. En realidad, no se ha hecho nada por parte de los partidos de la llamada oposición, salvo, por supuesto VOX, que, desgraciadamente, carece, hoy por hoy, de la fuerza política y de la influencia social suficientes para influir en ese aspecto. Ahora mismo, ignoro que partidos estarán presentes en la concentración. Pero si asisten Ciudadanos y, por supuesto, el PP habría que expulsarles, o declararles partidos non gratos. Sobre todo, al PP, que en realidad es el gran culpable de esta situación, ya que dispuso de una mayoría absoluta aplastante y no hizo nada. Pretender ahora pasar por lo que no se es, resulta, cuando menos patético. En realidad, el PP es el gran enemigo de la derecha social. Los años de Rajoy fueron absolutamente pesadillescos. Acabó con todas las coberturas que la derecha social había construido a lo largo de la etapa de Rodríguez Zapatero. Desmovilizó y despreció brutalmente a su base social, la dejó inerme. No acabó, ni tan siquiera reformó las leyes del aborto o la de “matrimonios” homosexuales. Y lo mismo hizo con la Ley de Memoria Histórica.
Al no derogarla, ni tan siquiera retocarla, nos dejó inermes a los que en el campo historiográfico habíamos luchado contra ella, y contra los representantes de la izquierda historiográfica, que hoy tiene la sartén por el mango. En realidad, siempre la tuvo. Quizá el fenómeno más alarmante de la vida política española no sea la persistencia de Pedro Sánchez, que hoy por hoy es un cadáver político que anda, al frente del gobierno. Lo más alarmante, en mi opinión, es la mayoría absoluta del PP en Andalucía, que podría reproducirse en el resto de España dentro de un año. Moreno Bonilla, con su culto a la Figura de Blas Infante, que seguramente desconoce, ha dejado claro que, bajo su férula, no habrá ningún cambio en la esfera cultural. Lo fundamental es, para él, la economía. Por supuesto, no se entera de nada, pero tiene, por lo menos, cuatro años, como Rajoy, para consolidar todo el aparato mediático y cultural edificado por la izquierda, lo mismo que las redes clientelares. ¿Se imaginan ustedes a Núñez Feijoo, el político de rostro de cuervo, derogando esta repugnante Ley de Memoria Democrática?.
Yo, desde luego, no. Ya estamos viendo por donde va, con sus gestos hacia Iñigo Urkullu, o su genuflexión hacia La Vanguardia y la burguesía catalana. El “efecto Feijoo” es eso, desmovilización de la derecha social, economicismo vulgar, pacto con los separatistas y destrucción de VOX, a medio plazo. Y ello con la aquiescencia del conjunto de la prensa conservadora, que, junto con la elite económica, a lo que aspira es a la reconstrucción del bipartidismo y a las digestiones sosegadas y los buenos negocios. Centrismo puro. Razón cínica a tope. En realidad, hace años que todo ello está tenebrosamente claro; desde que el caricaturesco Aznar se declaró admirador de Azaña, un gesto totalmente significativo. Si me apuran, con ello Aznar, y no Zapatero, se convirtió en el padre de las leyes de memoria histórica.
No obstante coincide con el Pleno Extraordinario en el que, inicuamente, se aprobará la ley, toda vez que socialistas y comunistas cuentan con el apoyo de Bildu y otras fuerzas secesionistas con representación parlamentaria. “Resulta muy significativo -concluyen los convocantes- que vaya a salir adelante dicha ley gracias al apoyo de la marca electoral de la banda terrorista ETA -en referencia a Bildu- y que vaya a ser ETA la que determine el relato histórico oficial”. Tanto es así que han dado en llamar a la nueva ley “Ley de Memoria Batasuna”.
La colaboración de Bildu en esta ley demuestra hasta donde pueden llegar, en su fanatismo, las izquierdas a la hora de llevar a cabo su proyecto social y político. Porque no se trata, como dicen los imbéciles del PP, de “cortinas de humo”. Todo ello forma parte de un proyecto de transformación del sentido común de la sociedad española, victorioso desde hace décadas, y que ahora cosecha sus últimas consecuencias. Bildu ha aprovechado la coyuntura y a impuesto las reglas. Quizá tenga alguna consecuencia si no positiva, al menos significativa, ver a Felipe González en la cárcel, como otro de los arquitectos de la actual situación. Nuestra derecha indocta y superficial admira ahora a González, olvidándose del vídeo del doberman y de la denuncia de la derecha como supervivencia del franquismo. En eso estamos, ¿no?. Pues hay que sacar las consecuencias. González fue el iniciador, en realidad, de las leyes de la memoria histórica, en sus líneas generales. Aznar, con su mitificación y mixtificación de Azaña, fue, en el fondo, por la misma ruta. Zapatero sacó las consecuencias y las codificó en leyes. Rajoy no hizo nada, es decir, las consolidó. Y Sánchez llega a la cumbre. Más claro el agua.
Los convocantes entienden que la Ley de Memoria Democrática viene a endurecer la vigente Ley de Memoria Histórica. ¿Qué consecuencias prácticas considera que va a tener?¿Por qué supone un gran atentado contra los derechos y las libertades fundamentales de los españoles como son el derecho de asociación, la libertad de cátedra, la libertad religiosa, la libertad de imprenta, la libertad de expresión y difusión de ideas, etc. ?
Las consecuencias son muy graves Porque esta ley instaura una Verdad Oficial, establece una firma de tribunales de defensa de esa pretendida Verdad, con multas y represión de tipo ideológico y moral. Acaba con la libertad de cátedra y con la libertad de pensamiento. No se olvide que la historia es, ante todo, interpretación. Destruye cualquier pretensión de memoria compartida. Instaura una memoria sesgada e incompleta. Incluso pretende ilegalizar a la Fundación Francisco Franco, todo un atentado a la libertad de expresión y de pensamiento. Pero, insisto, el grueso de la responsabilidad recae en el PP, por su inacción y colaboracionismo. Un partido que no parece ser capaz ni de recordar la figura de su fundador, Manuel Fraga, del que este año se cumple su centenario. Y no digo más, porque me caliento y hace mucho calor.
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Javier de Navascués
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

