Sociedad
Greta Thunberg, la polémica continúa: aparece en un sillón… de cuero animal, de 6.000€ y madera refinada
El «huracán Greta» se acerca al puerto de Lisboa… y no, no es un fenómeno meteorológico sino social y mediático porque la expectación se dispara en Portugal a solo unas horas del desembarco de la abanderada de la causa medioambiental. Pero acaba de salir a la luz una imagen que enturbia su discurso beligerante para salvar el planeta: ella sentada en su casa de Estocolmo con su madre en un sillón de cuero animal y madera refinada que cuesta más de 6.000 euros.
La carísima pieza de mobiliario responde al estilo del diseñador estadounidense Charles Eames, un arquitecto de interiores fallecido en 1978 y cotizadísimo para decorar los ambientes más chic.
La joven Thunberg suele arremeter contra esta sociedad consumista en la que vivimos y ha hecho de su alegato «Escuche a los científicos» a Donald Trump su gran activo para movilizar al mundo en la lucha contra el cambio climático. Su periplo en catamarán hasta Lisboa, como paso previo a su traslado hasta Madrid para la cumbre del clima, es un reflejo de esta actitud.
Solo que ahora la fotografía en cuestión puede ponerla en un aprieto y ante la tesitura de tener que explica r cómo es posible que lance semejantes diatribas si tiene en casa un sillón cuya cuidada madera requiere la tala de numerosos árboles y la piel del cuero no solo presenta una alta calidad sino que fue elaborada después de matar varios animales.
Mañana cumple 17 años
Su ecologismo a ultranza no cuadra nada bien con la instantánea, que muestra a Greta Thunberg muy confortable en un hogar con un «atrezzo» de tal calibre, donde probablemente celebrará su 17 cumpleaños el próximo 3 de enero.
De momento, en Portugal ya se alzan las voces que comienzan a acusarla de «hipócrita» y de «estar forrándose» a costa del marketing internacional que crece a su alrededor en progresión geométrica.
Lo que está claro es que la difusión de la imagen la coloca en una situación algo comprometida, que de cualquier modo no ha sido provocada por nadie. Simplemente, fue la propia familia Thunberg la que divulgó la fotografía semanas atrás y ahora se airea en un momento «inoportuno» para ellos.
El país vecino vive también con extrañeza la decisión del presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, de no ir al muelle de Alcántara a recibir a Greta este martes 3 de diciembre porque no quiere que le echen en cara un hipotético «aprovechamiento político».
Acudirá el alcalde de Lisboa, Fernando Medina, y probablemente una delegación del Parlamento, aunque parece descartarse finalmente que ella pronuncie unas palabras en el hemiciclo ante los diputados.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
