Sociedad
Greta y su Garbo. ¡Menuda fiesta!
Francisco Gómez*.- Desde los últimos meses estamos asistiendo atónitos a cómo la adolescente Greta ha pasado seguramente de ser una dulce niña a una activista con mirada tipo y nada menos que dirigiendo su irascibilidad, parece que innata, hacia el propio Donald Trump que pasaba por allí como se suele decir. Es necesario y conveniente recordar que estamos hablando de una personita nacida en Enero de 2003, que con el beneplácito de sus padres, ha interrumpido su educación declarándose en rebeldía, para plantarse delante del parlamento de su país, mientras denuncia las atrocidades del llamado cambio climático.
De una tacada, se ha convertido en toda hija que unos padres progres (a los que les gusta elegir el modelo, color y tipo de hijos ) desearían tener, seguramente sin el síndrome, ya que puestos a elegir, mejor donde esté un juguete sin desperfectos diagnosticados que uno con tara de serie. Pues bien, si tenemos en cuenta que la es cantante de ópera famosa por haber participado en su día en Eurovisión (imagínense) y el es un afamado director de cine, escritor y no sabemos cuantas cosas más (lo que viene siendo un hombre renacentista de toda la vida) parece obvio que están encantados con la fiesta que se está formando con la dichosa niña tal y como cantaba el grupo pucelano de los años 90 en su famosa canción ¡Menuda fiesta!
Parece que las conexiones con poderosos activistas son evidentes habiéndola dado el a sus para que la conviertan en una estrella mediática, dado que no hay medio informativo que no se desviva por dedicarle un espacio. Pero lo peligroso se palpa cuando empresas energéticas y poderosos magnates, no dudan ni un instante en respaldarla a ella y a su causa con ingentes cantidades de dinero y medios materiales para condicionar la opinión pública, una vez más desde altas instancias del globalismo más radical supuestamente por intereses siempre espurios o de dudosa legitimidad.
No voy a entrar en cuestiones lógicamente previsibles, como por ejemplo lo de , que si , que si y demás porque, para eso ya están los psicólogos y periodistas que ya han entrado al trapo con estas cuestiones poco sesudas, pero que suenan bien a la audiencia. Voy a entrar en la permisividad de los padres que han tomado como ejemplo a Greta, para coger a sus hijos y llevarlos de excursión urbana, un domingo por la mañana a manifestarse contra el cambio climático al que supuestamente ellos han contribuido, aunque me consta que seguro que reciclan con bolsas de colorines y se recorren cientos de metros cada noche para depositarla correctamente y de paso sacar a la mascota de los niños que ellos no cuidan, ya que como no les enseñan los mínimos valores ni eso saben hacer. Hemos pasado en unos meses de querer que nuestros hijos sean Messi, Ronaldo, Shakira o Rosalía, a querer que sean como Greta Thunberg para lavar sus conciencias enfermizas, causadas por la intoxicación mental sufrida, gracias a su falta de criterio con respecto a casi nada, fruto del relativismo social y cultural propio del globalismo al que nos vemos sometidos cada día.
De papas con zapatillas caras, ‘teléfonos de última generación’, para estar informados de todo y para dejar que sus hijos entren en internet, sin control con tal de que les dejen en paz mientras hablan de lo buenos que son en las diferentes actividades extraescolares, en la terraza de un bar a la par que comparten un cubo de tercios, con ropa de Zara al que después despellejan en Twitter por sus donaciones, para terminar opinando, que a Sánchez es al que mejor le quedan las chaquetas; pues que vamos a esperar…
¿Se quejan de lo sucio que están algunas playas del Caribe (al que como mucho han ido una vez en viaje de novios) por culpa de Trump y no rechistan ante la contaminación generada por China?, ¿Se quejan de la explotación infantil cuando calzan y visten ropas de marcas americanas fabricadas en Taiwán?, ¿Se quejan del CO2 que ocasionan las vacas y los coches y por eso se hacen veganos y montan en patín? No a las tres preguntas; consumen, ensucian, maleducan y por si fuera poco en verano me temo que no hacen asco a bañarse en la playa de su pueblo contaminadas de E coli y que sale de sus propias cañerías, hasta que se enervan y reaccionan recogiendo colillas a cambio de vasos de sangría o cerveza con el respaldo del Alcalde de turno, para que salga la noticia de su localidad como todos los veranos en los telediarios.
Para concluir diré, que el cambio climático es una patraña (¡recuerdan a Al Gore!) y por ello deberíamos estar todos muertos achicharrados por el calor abrasador del verano, o ahogados por el deshielo mayúsculo de los polos o que la misma vieja Venecia ya no debería existir tal y como se vaticinó hace más de veinte años y que tal y como sucedía desde entonces, los gurús apocalípticos siguen siendo los mismos que mueven los hilos, pero con caras nuevas como la de nuestra protagonista del discurso lacrimógeno, teatral y dirigido al mundo desde las Naciones Unidas, paraninfo en demasiadas ocasiones de lo estúpidamente correcto.
*Politólogo
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
