Internacional
Estados Unidos, un país desgarrado por el «nuevo socialismo» de los demócratas y al borde de la guerra civil
Thierry Meyssan.- Mientras se acerca la elección presidencial, Estados Unidos se divide en dos bandos que sospechan cada uno que el de enfrente está preparando un golpe de Estado. De un lado están el Partido Demócrata y los republicanos que de hecho actúan contra el candidato de su propio partido. En el otro bando figuran los jacksonianos, que se han hecho mayoritarios en el Partido Republicano sin compartir la ideología de esa formación política.
No está de más recordar que ya en noviembre de 2016, una empresa dedicada a la manipulación de los medios y encabezada por el maestro de la agitación-propaganda, David Brock, recogía más de 100 millones de dólares para destruir la imagen del presidente electo, Donald Trump, antes de su investidura. Desde aquel momento, o sea, antes de que hubiese tenido tiempo de hacer absolutamente nada, la prensa internacional describió al presidente electo como un incapaz y como un enemigo del pueblo. Varios diarios incluso exhortaron a asesinarlo. Durante los 4 años siguientes, su propia administración lo ha denunciado como un traidor a sueldo de Rusia y la prensa internacional lo ha estigmatizado constantemente con la mayor violencia.
Otro grupo, el Transition Integrity Project (TIP), elabora actualmente varios guiones con vista a derrocar a Trump en ocasión de la elección de 2020, independientemente de que gane o pierda el escrutinio. El asunto alcanzó repercusión nacional desde que la fundadora del TIP, la profesora Rosa Brooks, publicó un largo artículo en el Washington Post, diario en el cual tiene el estatus de colaboradora.
El Transition Integrity Project organizó en junio pasado 4 “juegos” donde simuló diversos resultados para anticipar las reacciones de los dos candidatos a la elección presidencial estadounidense. Todos los participantes eran demócratas y republicanos, en el sentido ideológico de esas denominaciones, pero no «republicanos» en cuanto a ser miembros del Partido Republicano. No había jacksonianos entre los participantes.
De manera nada sorprendente, todos los participantes consideran, sin excepción, que «la administración Trump ha socavado sistemáticamente las normas fundamentales de la democracia y del Estado de derecho. Ha adoptado numerosas prácticas corruptas y autoritarias». Así que concluyeron que el presidente Trump trataría de dar un golpe de Estado y que ellos tenían el deber de preparar, a título preventivo, un golpe de Estado “democrático” .
Una característica del pensamiento político contemporáneo consiste en proclamarse defensor de la democracia mientras se rechazan las decisiones democráticas que contradicen los intereses de la clase dirigente. Lo interesante es que los miembros del TIP reconocen de buena gana que el sistema electoral estadounidense, que sin embargo defienden, es profundamente «antidemocrático». Basta recordar que la Constitución estadounidense no pone la elección del presidente en manos de la ciudadanía sino de un colegio electoral que se compone de 538 personas designadas por los gobernadores de los Estados. La participación de la ciudadanía –que no estaba prevista en tiempos de la independencia– fue imponiéndose poco a poco en la práctica, pero sólo a título indicativo para los gobernadores. Fue así como, luego de la “elección” de George W. Bush, en el 2000, la Corte Suprema del Estado de la Florida recordó que no tenía por qué aclarar cómo habían votado los electores de aquel Estado y que lo único importante era lo que habían decidido los 26 “grandes electores” designados por el gobernador de la Florida.
A pesar de lo que todo el mundo cree saber, la Constitución de los Estados Unidos de América no reconoce la soberanía popular sino únicamente la soberanía de los gobernadores. Además, el colegio electoral concebido por Thomas Jefferson –tercer presidente de Estados Unidos– dejó de funcionar correctamente desde 1992 y el candidato electo ya no dispone de la mayoría de los votos emitidos por la ciudadanía en los Estados donde se decide la elección.
El Transition Integrity Project o TIP sacó a la luz casi todo lo que pudiera ocurrir en los 3 meses que separan el escrutinio y el momento mismo de la investidura. Y reconoce que el uso del voto por correspondencia en periodo de pandemia hará difícil comprobar los resultados de la votación. El TIP evitó deliberadamente explorar la hipótesis de que el Partido Demócrata proclame la elección de Joe Biden aun sin respaldo de los resultados del escrutinio y de que la presidente de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, juramente a Biden sin que Donald Trump haya sido declarado perdedor. En ese caso, habría en Estados Unidos dos presidentes rivales, lo cual podría llevar a una segunda guerra civil.
Esa posibilidad incita a muchos a plantearse la siguiente variante: declararse en secesión y proclamar unilateralmente la independencia de su Estado. Eso pudiera ocurrir sobre todo en la costa oeste. En previsión de ese proceso de desmoronamiento del país, algunos aconsejan dividir el Estado de California para que la población californiana tenga más representantes en el colegio electoral. Pero esa solución constituye en sí misma una forma de posicionamiento en el conflicto nacional ya que privilegia la representación popular en detrimento del actual poder de los gobernadores.
Por otro lado, yo había mencionado, en marzo pasado, la tentación golpista de ciertos militares, a la que varios oficiales superiores hicieron referencia después.
Estos diferentes puntos de vista son muestra de la profunda crisis que Estados Unidos atraviesa en este momento. El «Imperio estadounidense» habría tenido que desintegrarse después de la disolución de la Unión Soviética. Eso no sucedió y siempre apareció, ¿o se inventó?, un nuevo conflicto exterior (división étnica de Yugoslavia, atentados del 11 de septiembre de 2001, etc.) que viniera a revivir el imperio agonizante. Pero ya no parece posible seguir posponiendo el desenlace.
Internacional
Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia
La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.
Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.
La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.
Una marcha para que Louis sea “el último”
La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.
Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.
La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos
La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.
La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.
Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia
Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.
Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.
“Creen que son intocables”
La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.
El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.
Un crimen que golpea el debate político francés
La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.
La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.
