Economía
Hachazo fiscal de ¡20.000 millones!, estaban avisados, que nadie se lamente
Paloma Cervilla.- Pues nada, ya tenemos aquí la primera consecuencia inmediata, directa, en vena, del triunfo de Pedro Sánchez en las elecciones generales: una subida de impuestos de 20.000 millones de euros.
Nada nuevo bajo el sol, lo que ya se sabía y se avisó, que no era ninguna broma que el candidato socialista siguiera al frente del Gobierno. Así que pocos lamentos y aflojar el bolsillo, sobre todo la clase media, ese 40% de la población que no llega a los 60.000 euros y que tendrá que hacer frente a esta facturilla de nada que nos ha puesto Sánchez sobre la mesa.
Porque a los ricos de verdad, no se engañen, esto les da igual, tienen su Sicav y si no se llevan su dinero a Suiza, y hacen muy bien. No es agradable pagar las ínfulas de grandeza de una izquierda que, como se ha visto, tira el dinero en Planes E o en pagar sus campañas electorales, por poner un ejemplo.
Esto era lo que, a mi juicio, se tenía que haber evitado en estas elecciones, que nos lleven de nuevo a la ruina, a la subida del paro (ya lo han advertido hoy los autónomos, que el desempleo puede incrementarse un 40%) y del déficit. Y sobre todo, que se acometa una reforma educativa que atente contra la concertada y la religión católica.
Cada momento político es distinto, a la hora de decidir a quién votar entre las opciones que más se acercan a lo que pensamos cada uno, y este, era la economía, el futuro del país y el prestigio exterior de España como país moderno, moderado y europeo.
Cuando no hay crecimiento económico, el trabajo se resiente y empieza una crisis más importante que la económica, la de valores y de la propia autoestima de la sociedad.
Todo el mundo estaba avisado, pero España ha elegido este camino, y hay que respetarlo.
Economía
La apuesta de la libertad regulada
La apuesta de la libertad regulada
El auge de las plataformas digitales de entretenimiento plantea la tensión permanente entre la libertad individual y la tentación regulatoria del Estado
El mercado digital ha transformado industrias enteras, y el ocio no es excepción. Lo que décadas atrás requería desplazamiento físico, inversión temporal y mediación institucional, hoy ocurre en pantallas con velocidad asombrosa. Entre estos fenómenos, el auge de las plataformas de entretenimiento en línea —incluidas las de juegos de azar— plantea interrogantes que trascienden la mera tecnología: tocan la tensión permanente entre la libertad individual y la tentación regulatoria del Estado.
En economías como la chilena, donde la tradición liberal convive con intervencionismos cíclicos, este debate adquiere matices particulares. Según datos recientes recogidos por analistas del sector, el ecosistema de casino online chile gratis representa un segmento creciente que opera en los intersticios de la regulación vigente, ofreciendo a usuarios adultos alternativas de entretenimiento sin la intermediación tradicional de establecimientos físicos.
La postura conservadora clásica —que Alerta Nacional defiende— no consiste en prohibir los vicios ajenos, sino en exigir que cada adulto asuma la responsabilidad de sus elecciones sin que el Estado asuma el rol de tutor omnipresente. La Doctrina Social de la Iglesia distingue prudentemente entre el juego como distracción ocasional y la adicción como enfermedad; entre la libertad económica legítima y la explotación de la vulnerabilidad. Esta distinción es crucial: no es lo mismo defender el mercado que celebrar la decadencia.
El problema, como suele ocurrir, no es la existencia de la oferta, sino la ausencia de marcos claros. Cuando la regulación es excesiva, genera mercados negros. Cuando es insuficiente, expone a los más vulnerables. La solución liberal no es la abolición ni la permisividad total, sino la transparencia: que el adulto informado decida, que el proveedor honesto compita, y que el fraude sea castigado con el peso de la ley.
Lo que observamos en el desarrollo de plataformas digitales —ya sean de videojuegos, streaming o entretenimiento interactivo— es una tendencia irreversible hacia la desintermediación. El consumidor quiere acceso directo, control de sus decisiones, libertad para elegir. El Estado, por su parte, tiende a preferir la intermediación, el control, la recaudación. Esta tensión define buena parte de la política económica contemporánea.
El desafío para el pensamiento conservador es mantener la coherencia: defender la libertad de mercado sin caer en el libertinaje, exigir responsabilidad individual sin abandonar la protección del débil, celebrar la innovación sin idolatrar la novedad. Las plataformas digitales de entretenimiento, con sus riesgos y oportunidades, ponen a prueba este equilibrio.
La pregunta no es si el mercado digital debe existir —ya existe y crecerá— sino si seremos capaces de regirlo con principios que respeten tanto la dignidad humana como la libertad económica. O si, una vez más, dejaremos que la urgencia regulatoria imponga soluciones que terminen restringiendo al responsable para castigar al irresponsable.
El juego, en última instancia, no está en las pantallas. Está en decidir qué sociedad queremos ser.
Alerta Nacional | Economía, libertad y responsabilidad
