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Hallan muerta a Blanca Fernández Ochoa
Los equipos de búsqueda desplegados en la zona de Cercedilla (Madrid) para encontrar a Blanca Fernández Ochoa han encontrado el cadáver de una mujer pasada la una de la tarde, han informado fuentes de la investigación. Según han confirmado fuentes de la investigación poco después de las 14.00, se trata del cuerpo de la exesquiadora.
El hallazgo ha tenido lugar en el tercer día de búsqueda de Fernández Ochoa por el operativo desplegado en esa zona de la sierra madrileña. Un perro policía, guiado por un guardia civil retirado, ha hallado el cadáver.
La deportista fue vista por última vez en un supermercado de Pozuelo de Alarcón (Madrid), el pasado sábado 24 de agosto.
En concreto, el cadáver ha sido hallado en la zona del pico de la Peñota de Cercedilla, ubicado en el límite entre Segovia y Madrid, según informa Europa Press. Fue un vecino el que informó a los agentes que se había encontrado con Blanca Fernández Ochoa hace unos días y que le había dicho que iba a ir a caminar por esa zona. Por ello, se ha preparado una ruta específica a esa zona y entonces lo han encontrado sobre las 13.30 horas.
El hallazgo ha sido comunicado a los familiares de Blanca que se encontraban en la zona de coordinación del aparcamiento de Las Dehesas, que han abandonado la carpa en la que se encontraban.
Se han vivido escenas de tensión y algunos familiares de la exesquiadora han roto a llorar.
El Pico de la Peñota está a unas dos horas del lugar en el que se encontró su coche, en Las Dehesas. Pasadas las 13:30 se han trasladado a la zona efectivos de Científica.
La desaparición de la conocida esquiadora fue comunicada por la Policía Nacional el sábado, que la difundió por todas las redes sociales. Así, indicaba que había desaparecido una semana antes, el día 23, y que fue vista por última vez en Aravaca.
Sin embargo, poco después se conoció que había visto por última vez el día 24 comprando queso manchego en una charcutería de un conocido centro comercial de Pozuelo de Alarcón, tras salir de la casa en la que vivía junto a su hermana y su cuñado en el madrileño barrio de Aravaca.
Una empleado del hogar la vio salir de esa casa provista de dos bastones para caminar por el monte. Además, en el supermercado llevaba ropa de ‘trekking’ y había comunicado a familiares que iba a pasar cuatro días «en el norte», sin concretar la ruta.
Por otro lado, sobre las seis de la mañana del día siguiente un corredor dio el coche de Blanca estacionado en el aparcamiento de Las Dehesas de Cercedilla, por lo que todos los esfuerzos de búsqueda se centró allí, una vez comunicó la familia su desaparición.
Así, desde el domingo se ha montado un dispositivo de búsqueda en la zona de la sierra de Cercedilla, el mayor de la historia de la Comunidad de Madrid. Así, hasta hoy se han configurado doce rutas por día compuestas por más de 300 personas, entre profesionales y especialistas (guardias civiles, policías nacionales, policías locales, agentes forestales, bomberos y Protección civil) y de voluntarios.
La Guardia Civil había incorporado este miércoles el Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) en la búsqueda de Blanca Fernández Ochoa en la sierra de Cercedilla para revisar los embalses que estén próximos a la zona, han confirmado fuentes de la Benemérita.
Concretamente, los guardias civiles especializados estaban rastreando el interior de los embalses de Navalmedio y el embalse Arroyo de la Venta o las Berceas de Cercedilla, aunque preveían extenderlo a otros más lejanos como el embalse de Navacerrada.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
