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España

Hasta la Guardia Civil coloca un logo feminista en su cuenta oficial de Twitter

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“El Honor es la principal divisa del Guardia Civil. Debe, por consiguiente, conservarse sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás”. Eso dice al menos el lema de la todavía llamada Benemérita. Ya se sabe que lo peor de algunos lemas es que terminen convirtiéndose en conceptos vacíos. ¿Cabe honor sin dignidad? ¿Cabe honor sin principios morales? Aquí entra ya la interpretación moral de cada uno. El juez Giovanni Falcone sacrificó su vida por mantener sus principios, y el mafioso Salvatore Riina, que fue el encargado de ordenar su asesinato, también vivió conforme a los suyos propios. Y es que hay principios y principios. Como existen principios universales y leyes artificiales. Un principio natural es una verdad universal que proporciona libertad de acción a quien lo entiende y aplica. Una ley artificial es una aplicación restrictiva que promueve alguna faceta del control del ser humano. Los principios naturales describen la realidad y las leyes artificiales muchas veces se oponen a ella. Es decir, a los principios naturales. Cuando las personas nos regimos por leyes impuestas, y no por principios, nuestra libertad se recorta. Cuando tomamos por verdades absolutas las que han sido creadas por algunas personas para imponer su autoridad sobre el resto, nuestras habilidades y potenciales se ven sistemáticamente disminuidos.

A partir de aquí, que sean los agentes de la Guardia Civil los que decidan  si el honor del que presume el Benemérito Instituto debe estar basado en inclinaciones ideológicas o en principios naturales. De que decidan correctamente dependerá que sean capaces o no de conservar la virtud, entendida ésta como una disposición constante del alma para las acciones conformes a la ley moral.

Logo feminista hasta en la cuenta de la Guardia Civil

Ministerio del Interior, Ministerio de Sanidad, Ministerio de Trabajo, Ministerio de Política Territorial… y así toda la primera línea de la estructura de gobierno -a excepción del Ministerio de Defensa que dirige Margarita Robles- sustituyó ayer en sus cuentas oficiales de Twitter el habitual escudo que aparece como «foto de perfil» por un logo donde puede leerse «Tiempo de Mujeres. 8M 2019». El dibujo, diseñado con un fondo entre rosa casi violeta, color de la lucha feminista, también se colocó en la cuenta en la misma red social de la Guardia Civil, que no en la de la Policía Nacional, en la de la Dirección General de Tráfico o en la personal del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Precisamente fue Sánchez, cuando aún no había alcanzado La Moncloa vía moción de censura, quien el pasado año se sumó a la huelga feminista del 8 de marzo y suscribió un polémico manifiesto en el que se afirmaba, entre otros, que el capitalismo daña a las mujeres. En numerosas ocasiones ha recordado esa jornada como un hito histórico en nuestro país. Esta vez, se da por hecho que Sánchez convertirá su presencia y la de sus ministras en estos actos en una acción de campaña y en un escaparate con vistas a las elecciones generales del 28 de abril.

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España

Se les acaba la alfalfa en el pesebre. Por Jesús Salamanca Alonso

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.«Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE»

El pesebre sindical se va quedando sin alfalfa. Al sindicalismo en desuso, consagrado casta y de buen vivir se le acaban los haces de alfalfa como a los aviones de ciertos países, que se van quedando sin queroseno de reserva. Sea por improvisación de los Gobiernos, mala gestión de las políticas o simplemente la conflagración de una guerra inesperada, el caso es que quienes comían ya no comen, al igual que los que vivían del lujo, malgastando fondos de la Junta de Andalucía o del Fondo europeo ya no vive igual y comprueba como Anticorrupción, la UCO o Hacienda le tienden trampas. Algunas iguales a las que tienden a los contribuyentes, que ponerlas las ponen.

Hacienda, la UCO y la Fiscalía Anticorrupción lleven a cabo una investigación en profundidad sobre la opacidad del patrimonio sindical y, en algunos casos, el de los líderes que llevan años enclaustrados con tumbona, porrón, cacahuetes y naipes de ocio alargado. Algunas sanciones a esos sindicatos machistas, privilegiados y casta se han pagado con patrimonio sindical, cuando las sanciones han sido aplicadas por la mala gestión efectuada. No echen en saco roto cómo uno de esos sindicatos amamantado por el Erario Público pagaba a su gente viajes al Caribe con cargo de los fondos que recibía de la Junta de Andalucía. Investiguen, investiguen, verán como no es necesario que me retracte.

Durante muchos años han vivido de los presupuestos y del dinero público. Ahora parece que el grifo se queda sin agua o tiene fugas por otros sitios. Grifo sin agua y vaca sin leche ya se sabe. Han tirado tanto de la ubre que no da más de sí. Están obligados a pedir perdón a los trabajadores por usos y representación fraudulenta. En España, entre los trabajadores de 25 a 44 años, está afiliado a un sindicato el 18% de los empleados a tiempo completo. Parece que ese porcentaje desciende al 10% entre los trabajadores que trabajan parcial. Es un hecho que la afiliación sindical ha descendido del año 2000 para acá; son los sectores de servicios los que acaparan mayor afiliación: educación, biblioteca, etc. Hoy no supera el 12-13% y bajando, según la OCDE.

«Más allá de su función institucional (…), el grado en que los trabajadores deciden afiliarse a un sindicato refleja su nivel de identificación con estas organizaciones y la capacidad de éstas para atraer y retener nuevos miembros. En los últimos años, diversos estudios han señalado un proceso de debilitamiento de la afiliación sindical en muchas economías avanzadas, especialmente entre los trabajadores más jóvenes y aquellos con trayectorias laborales más inestables». Eso se debe a una transformación estructural del mercado de trabajo, el aumento de la temporalidad y una mayor rotación en el empleo, así como por los cambios habidos en las relaciones laborales.

El nivel de identificación en España con este tipo de organizaciones no supera el cuatro por ciento. Están obligados a cambiar su estructuración, su dedicación al afiliado o usuario y a un aumento de las exigencias para la mejora de sus servicios. El gran logro del siglo XXI se habrá alcanzado cuando aprendan a mantenerse con sus propios presupuestos para ganar independencia respecto al Estado. Ahora es ese momento: vivir de sus afiliados y mantener sedes y servicios de ellos, ajenos al Estado y a las empresas. «Han vivido del robo y la venta de los trabajadores y se han dado lujos de los que se privaban los trabajadores: mariscadas, vicios mayores, orgías a destiempo, etc.», dice E. San Román, afiliado hasta su desengaño.

Ahora empezarán las huelgas que llevan años sin hacer porque, estando lleno el buche, no dan ganas de algaradas ni de quema de contenedores. Les interesan más sus intereses y llenar sus bolsillos que las necesidades de los trabajadores. Movilizaciones las llaman, pero solo recurren a ellas si les tocan el bolsillo. ¡Vividores a trabajar! Castilla y León se han comprometido a quitar las subvenciones a los sindicatos y a enseñarlos a vivir de lo que generen. Ya lo hizo en la legislatura anterior, pero solo mientras VOX permaneció en el Gobierno. Si se ha hecho en casi todos los países, ¿por qué en España seguimos sin evolucionar, pringados en naftalina y con estructuras sindicales anquilosadas? A Alfonso Fernández Mañueco le hemos dado un plazo prudencial para cerrar el grifo de las subvenciones inútiles, que las hay, y muchas. Si no lo lleva a cabo tendrá que soportar movilizaciones de la ciudadanía que produce y si no, al tiempo.

Mientras este tipo de sindicatos no cambie y se modernice, solo merecen patatas cocidas (marraneras) y no tantas gambas. ¡Ya está bien de fiestas! Para el 1º de mayo ya está organizado el comité de seguimiento para comprobar cómo desciende el «montante gambeto» de España. Contabilicemos gambas y liberados.

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