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España

Íker Jiménez: el último periodista vivo. El único profesional de la información de defiende la LIBERTAD de expresión

Redacción

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La libertad de expresión es un derecho esencial en España, pero se convierte en una ‘peligrosa’ arma cuando se usa para dar una opinión más o menos polémica sobre un hecho en sí. Íker Jiménez sabe perfectamente a lo que se refiere la izquierda cuando iza la bandera de la libertad de expresión. Todo tiene cabida siempre y cuando se comulgue con las ruedas de molino de la masa progresista. Cualquier opinión altisonante o en voz baja contraria a los cánones, que no valores, establecidos merece toda repudia, crítica y si es posible hasta la muerte civil y social de quien osa alzar la voz y dar su opinión.

A Íker Jiménez se le ha tachado de «xenófobo», «facha», «representante de gentuza que no sabe envejecer», «pedazo de basura a tiempo completo», una persona que no merece tener ni el wifi conectado o un director de programa con «delirio

extremista». Los insultos provienen en su inmensa mayoría de periodistas y opinadores más afines al bloque de la «convivencia» y la «concordia».

Y es que, el uso de la libertad de expresión solo está permitido para quienes defienden la ideología progresista, haciendo gala de la premisa: «No es el qué es el quién». Y es que, la orden directa es acallar, silenciar, apartar y cerrar la boca de cualquiera que ose criticar o verter una opinión contraria al pensamiento único establecido.

En Cataluña lo saben muy bienes quienes escriben en castellano -independientemente de la materia a tratar. Ningún novelista exclusivamente en castellano gana premio público alguno-, tampoco quienes denuncian las atrocidades de la inmersión lingüística y ganan la batalla en los tribunales -el acoso a la familia de Canet de Mar se emitió en directo. Su delito: pedir que sus hijos aprendieran también en castellano en la escuela-.

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ÍKER JIMÉNEZ Y SU LUCHA CONTRA LA PERSECUCIÓN

Ese nacionalismo y este progresismo no es más que el reflejo de un comportamiento sectario contra quienes tienen una opinión diferente, distinta y a veces hasta contraria. No se les permite difundir desde sus altavoces y con sus propias herramientas, como las redes sociales, un mensaje claro y nítido.

No son pocos quienes han pedido a Mediaset el cierre del programa de Íker Jiménez solo por entender que está escorado a posiciones distintas de las habituales. Quizá al genial presentador le viniera mejor vanagloriando las hazañas épicas de Pedro Sánchez, como una negociación fuera de territorio español con un prófugo de la Justicia. Para el independentismo es una jugada maestra. Jiménez estaría en un pedestal de utilizar un lenguaje ‘woke’ y alineado con el lenguaje inclusivo. Pero no.

Jiménez utiliza un lenguaje exclusivo para progres, un lenguaje llano con el que osa a llamar a las cosas por su nombre.

E Íker Jiménez no es de los que se amedrentan y obedecen ante las amenazas. Es de los que se crece en los momentos duros y adversos. Con toda la polémica generada de forma artificial por una opinión sobre el ganador de Eurovisión, el periodista de la estirpe de los libres no solo no callará, sino que ha anunciado que retransmitirá el certamen de la canción europea en directo con sus propios comentarios, sin tener que tragarse el bochorno de RTVE1, que trató de silenciar a Israel y salió escaldada con el televoto -12 puntos de España para los hebreos-.

ÍKER JIMÉNEZ Y UNA BATERÍA DE INSULTOS POR COMENTAR

Jiménez vertió una serie de comentarios en cada actuación, dando su visión sobre el espectáculo que se realizó en Malmo (Suecia). El piloto de la Nave del misterio y muy centrado en la actualidad usó su cuenta de Twitter y osó escribir sus opiniones personales. Un ‘error’ y carne de cañón que dejó retratada gran parte de la izquierda bonista.

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«Nos han informado oficialmente de que Nemo está muy ‘emocionade’. No nos extraña nada», fue la reacción que trajo cola. Todo por usar el mismo lenguaje inclusivo que busca imponer la izquierda caviar al resto de los mortales. Se refería el periodista a una persona que no se siente identificado con ningún tipo de género, ni hombre ni mujer, una persona que se autodefine como «no binario». Siguiendo esas mismas reglas, no puede estar ni emocionado ni emocionada, ya que entonces se encajaría en alguno de los dos sexos. Por eso Jiménez utilizó ‘emocionade’.

Esta apreciación elevó los ánimos y mostró la piel fina de quienes dicen defender la libertad de expresión frente a los opresores machistas y demagogos. «Pero qué me voy a burlar. Es divertidísimo todo», apuntó tras leer y releer las críticas a sus comentarios.

EL RESPETO MERECIDO A ÍKER JIMÉNEZ POR PENSAR DIFERENTE Y DECIRLO

Visto lo visto, Íker Jiménez colocó su móvil, lo puso a grabar mirando a cámara y dio un mensaje claro y cristalino ante un «tema distinto». Por eso anunció que la próxima vez no hará comentarios en redes durante la realización del evento, sino que hará una emisión en directo con «amigos». Porque todo el mundo tiene derecho a dar su opinión y comentar.

ME HAN LLAMADO XENÓFOBO, FACHA… YO NO LE DIGO A NADIE PINTAMONAS

«La canción de España no la había oído y me pareció que los arreglos no estaban tan mal. Luego ya, lo de sacar a los tíos enseñando el culo y tal, a mí no me llama mucho, sinceramente, no me parece muy bonito, pero son opiniones. Yo respeto totalmente a aquel que opine que le encanta», apuntó. «Como me deberían respetar a mí», apostilló. Sin embargo, lejos de recibir el respeto mostró la retahíla de insultos. «Me han llamado xenófobo, facha… yo no le digo a nadie pintamonas». «Yo respeto, pero digo lo que quiero», consideró.

Jiménez consideró que la canción ganadora le pareció «un engendro, un bodrio», pero por la propia canción. «Y me parece muy bien que la gente reivindique lo que le dé la gana, pero visualmente… qué cosa más extraña, como la canción de Irlanda». «Me pareció un bodrio», recuerda también.

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«Si ser facha o fascista es ser ir en contra de tantos antivalores, me parece muy bien que me lo llaméis, no me pienso callar y voy a decir lo que opino», son sus palabras textuales. «Precisamente -continúa- la gente calla por temor a represalias y a ser cancelado». «Cuando la gente se calla es un problema», afirmó. E Íker Jiménez continuará dando su visión y opinión allí donde quiera o estime oportuno, por más que la izquierda salga a azuzar y amedrentar. En Cataluña se llamó el oasis por estos hechos, en un espíritu libre como el de Íker Jiménez no hay espacio para la ‘omertà’.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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