España
El ministro Illa intenta clausurar Madrid pese al rechazo de la Comunidad: El presidente Felón se frota las manos
El presidente del Gobierno reeditó en julio de 2020 su pecado original, no saber leer los datos y desconocer la que se avecinaba en España
El presidente del Gobierno animaba a los ciudadanos a salir sin miedo, a viajar de un lado a otro…y eso que ya empezaba a haber rebrotes del Covid-19 por varios puntos de la geografía española.
Pero al mandatario de La Moncloa lo que le importaba era transmitir un mensaje de exacerbado optimismo por encima de los hechos. Pero estos se han vuelto rebeldes.
Aun así, Sánchez ha optado por dar la vuelta a las cosas y acabar culpando a la Comunidad de Madrid del desboque de los casos de coronavirus y para ello lanza al ministro de Sanidad, Salvador Illa, para que dé la cara (y hasta se la partan) e imponga un cierre estricto en Madrid y varios municipios próximos a la capital.
Tal y como este 1 de octubre de 2020 cuenta el diario ABC en su editorial:
Con todos los errores que haya podido cometer Madrid, es ingenuo no constatar el interés del Ejecutivo en socavar el principal frente autonómico de oposición a su política. Y ese tactismo político es inaceptable, por un lado y por otro. Los ciudadanos están desconcertados y decepcionados con esta trifulca con la salud de por medio. Llueve sobre mojado. Cuando a Sánchez le convino dio por derrotado al virus y lanzó a los españoles a disfrutar de su «nueva normalidad», reeditando su pecado original: no saber leer los datos de lo que se nos venía encima.
Y critica la dejadez del presidente del Gobierno después de que en julio de 2020 optase por sacudirse de encima toda responsabilidad:
Llega pues el ordeno y mando, esta intervención efectiva en las competencias autonómicas, después de que Sánchez se lavara las manos, delegase toda la respuesta a la pandemia en las comunidades y no se entretuviera ni en coordinar de manera eficiente la respuesta de cada región.
Para La Razón no es admisible el maltrato que Sánchez, a través de Illa, le está dispensando a Madrid y ve en ello una razón meramente de tacticismo político:
El Ministerio de Sanidad se olvidó pronto de la cogobernanza contra la pandemia en su cerco a Madrid. La vía de la imposición es ineficaz e inapropiada, al igual que la apuesta por magnificar la realidad del contagio o la utilización política de los datos cribados por la ideología. Así no avanzaremos en el único propósito decente y moral que es la protección de la salud de las personas.
El diario añade que el objetivo del ministro de Sanidad es atropellar al precio que sea las competencias del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso y de paso a todos los ciudadanos que viven en la Comunidad de Madrid:
Las administraciones deben colaborar y no desgastarse con manotazos arbitrarios. Illa no lo entiende y quiere atropellar las competencias madrileñas, a sus autoridades y a su gente con el cierre de la región.
Y en el diario El Mundo entiende que por mucho que Illa intente imponer, lo cierto es que sus recomendaciones son solo a título orientativo por una cuestión competencial:
Mientras las competencias permanezcan en manos autonómicas, todos los planes anunciados por Illa seguirán siendo orientativos. Si el Gobierno no quiere asumir el coste de intervenir Madrid o cualquier otra región, entonces debe trabajar con las consejerías en lugar de imponerles trágalas que no puede aplicar. Estamos pagando el caos de una desescalada sin herramientas legales y sin prevención al tiempo.
(el matinal)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
