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Europa

Italia asume que dejará morir a los mayores de 80 años para tener espacio y medios suficientes en otros casos con mayor esperanza de vida

Redacción

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A las víctimas de coronavirus en Italia se les negará el acceso a cuidados intensivos si tienen 80 años o más, o incluso si arrastran problemas de salud, de cara a maximizar los recursos sanitarios.  Esta al menos es la propuesta contenida en un documento elaborado por el departamento de protección civil de la región del Piamonte.

Algunos médicos ya han asumido que se dejará morir a los mayores de 80 años para tener espacio y medios suficientes en otros casos con mayor esperanza de vida

La unidad ha elaborado un protocolo, según cuenta The Telegraph, que determinará qué pacientes deben o no recibir tratamientos en cuidados intensivos en el caso de que no hayan espacios suficientes. La capacidad de cuidados intensivos en Italia ha llegado al límite a medida, mientras el coronavirus sigue propagándose.

Según se señala en el citado documento, «los criterios para el acceso a la terapia intensiva en casos de emergencia deben incluir la edad de menos de 80 o una puntuación en el índice de comorbilidad de Charlson de menos de 5 años.

También se considerará la capacidad del paciente para recuperarse de la reanimación.

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Un médico manifestó: «[Quién vive y quién muere] se decide por edad y por las condiciones de salud [del paciente]. Como es en una guerra».

El documento añade: «El crecimiento de la epidemia actual hace probable que se alcance un punto de desequilibrio entre las necesidades clínicas de los pacientes con COVID-19 y la disponibilidad efectiva de recursos intensivos.

«En caso de que sea imposible proporcionar a todos los pacientes servicios de cuidados intensivos, será necesario aplicar criterios para acceder a un tratamiento intensivo, que depende de los recursos limitados disponibles», continúa.

Y añade: «Los criterios establecen pautas si la situación se vuelve de una naturaleza tan excepcional como para que las elecciones terapéuticas, en el caso individual, dependan de la disponibilidad de recursos, lo que obliga a los [hospitales] a centrarse en aquellos casos en los que el costo / beneficio relación sea más favorable para el tratamiento clínico».

Luigi Icardi, concejal de salud en Piamonte, manifestó: «Nunca quise llegar a una situación así. [El documento] será vinculante y establecerá, en caso de saturación de las salas, un código de precedencia para el acceso a cuidados intensivos, basado en ciertos parámetros como la supervivencia potencial «.

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El personal médico sale de una tienda de campaña en Brescia, en el norte de Italia.

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España

Lo único bueno que nos trae Europa: retuercen el brazo a Sánchez para aumentar el gasto en Defensa

Redacción

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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado

La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas

Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.

El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.

El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.

El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.

La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.

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Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.

Modernización total

El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».

Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión».

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española

 

Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».

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Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.

El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.

Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.

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