Europa
Italia establece un cordón sanitario en las ciudades afectadas y prohíbe la salida de sus habitantes
Italia se blinda y el gobierno pone un cinturón sanitario en el epicentro de la difusión de la epidemia, con cierre de las ciudades afectadas, para hacer frente al coronavirus. El número de contagiados por el coronavirus en Italia aumenta de forma exponencial. Los infectados superan ya el centenar, y se ha informado que el virus ha llegado a Venecia, donde se han registrado dos casos. Solo en la región de Lombardía se registran 89 personas contagiadas. El último caso es el de un joven de 17 años de Valtelina, zona alpina de Italia al norte de Lombardía. Se trata de un estudiante que estudia en el municipio de Codogno (Lodi, Lombardía), epicentro de la epidemia en Italia. En los once municipios aislados de esta zona, las personas en cuarentena son más de 50.000.
Para hacer frente a esta emergencia sanitaria, se celebró ayer un Consejo extraordinario de ministros, con rueda posterior del jefe del gobierno, Giuseppe Conte, que acabó casi a medianoche. Mediante un decreto ley se establece el aislamiento de los once municipios epicentro del virus, con puestos de bloqueo para impedir la salida de sus habitantes. Se prohíben también las excursiones escolares. Se crearán auténticas «zonas rojas» en las áreas donde viven personas que han resultado positivas a los análisis del virus y serán sometidas a controles por parte de las fuerzas del orden; además de policía y carabineros, podrá estar presente el ejército para aislar las zonas de riesgo. Obviamente, se verá afectado el trabajo en muchas empresas, porque no podrán acudir sus empleados que viven en zonas de riesgo. Esta emergencia sanitaria se refleja también en el deporte, con drásticas medidas que afectan incluso a la serie A del campeonato de fútbol. Para este domingo se han pospuesto tres partidos: Inter-Sampdoria, Atlanta-Sassuolo y Verona-Cagliari.
Pasillos «estériles»
En el decreto ley del gobierno se fijan también pasillos «estériles» controlados por las fuerzas del orden, con la finalidad de que puedan moverse sin riesgos de infección los suministradores de los productos necesarios. A esas personas se les equipará con mascarillas protectoras y guantes. En esas «zonas rojas» no paran ya los trenes ni podrán llegar otros medios públicos. La circulación interna será limitada, para que haya un mínimo de movimientos.
En caso de que la epidemia se extienda a las grandes ciudades, se adoptarían otras medidas, con la posibilidad de cerrar el metro. Sin duda, el mayor riesgo que se contempla es el peligro que supondría la explosión de focos de infección en las grandes ciudades. De ahí que, tras el primer caso registrado en Milán, su alcalde Giuseppe Sala haya advertido que se tendrán que «limitar las relaciones sociales».
Ciudades fantasma
El decreto del gobierno confirma que en las zonas afectadas por el virus se deben cerrar temporalmente, como ya está sucediendo, las escuelas, oficinas públicas, estaciones de trenes, con la suspensión de las actividades públicas. El panorama que ofrecen los municipios afectados es desolador. Son pueblos fantasma. Solo vemos calles desiertas, con la gente encerrada en sus casas. Para dar énfasis y rigor a las medidas, se establecen penas para quienes violen las disposiciones del gobierno. Concretamente, se fijan multas hasta 206 euros y cárcel hasta tres meses, aunque si la violación de la ley supone un delito grave, la consideración de las penas sería diversa.
El aislamiento en la zona tiene consecuencias dramáticas en casos particulares. Por ejemplo, para el entierro de la señora Giovanna Carminati, la anciana de 77 años, que falleció el sábado en Casalpusterlengo, segunda víctima del virus, solo asistieron dos parientes, porque toda la familia está en cuarentena.
Las autoridades de las regiones afectadas han acogido bien el decreto del gobierno. El presidente de la región de Lombardía, Attilio Fontana, de la Liga, ha considerado «justa» la decisión del gobierno: «Es necesario renunciar a alguna libertad por el bien de todos los ciudadanos», ha dicho Fontana.
Preocupación en la OMS
A Italia se le ha complicado gravemente la situación para afrontar la lucha contra el virus, porque aún no ha podido establecer el inicio de la cadena de contagio; no se sabe aún cuál es el portador número cero. Hasta ahora se creía que en el origen del foco estaba Mattia Y.M., de 38 años, empleado de la multinacional Unilever con sede en Casalpusterlengo, al que se creyó contagiado por cenar con un colega que trabaja para la empresa MAE de Fiorenza d’ Arda, en provincia de Piacenza, que había regresado de China, el 21 de enero. Pero este mánager de la MAE resultó negativo al test, lo que en principio podía significar dos cosas: O no fue él el portador del virus, o sí lo tuvo y fue capaz de contagiar, pero él quedó curado. Al final, en la noche del sábado se supo que, tras diversas pruebas realizadas, el empleado de la MAE que había regresado de China no había creado anticuerpos, demostrándose que nunca llegó a estar infectado.
En definitiva, la emergencia sanitaria se agrava en Italia porque aún no se han podido establecer definitivamente el origen de la cadena de infectados y en consecuencia no se han completado la información que define la red de difusión del virus en dos regiones del norte tan importantes como Lombardía y Veneto, a la cabeza de la economía italiana, con otras dos regiones también del norte, Piamonte y Emilia-Romaña, donde también llegó el coronavirus. Mientras no se conozca ese paciente cero, se corre el riesgo de que resulte más ineficaz la prevención y el aislamiento. Esto es motivo de gran preocupación para la Organización Mundial de la Salud (OMS), porque con lo que está sucediendo en las regiones del norte de Italia se corre el riesgo de que represente el punto débil de la lucha contra la difusión de la epidemia en Europa. Walter Ricciardi, miembro del comité ejecutivo de la OMS ha manifestado que fue “un grave error el que no se pusieran en cuarentena las personas llegadas a Italia desde China”. Ahora sí, según el decreto aprobado por el Ejecutivo, es “obligatoria la cuarentena para todas las personas que entran en Italia procedentes de China”.
España
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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado
La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas
Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.
El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.
El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.
El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.
La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.
Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.
Modernización total
El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».
Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión».

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española
Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».
Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.
El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.
Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.






