Internacional
(INQUIETANTES VÍDEOS DEL CANDIDATO) Joe Biden: el olor a pedófilo que desprende el candidato a la Casa Blanca y sobre el que las feministas no abren la boca
Hablando de defender lo indefendible, todavía hay gente que “justifica” estas actitudes de Joe Biden.
Los demócratas están realmente desesperados. pic.twitter.com/JWRouvr6Gv
— Jesús Enrique Rosas (@Knesix) March 8, 2020
Luis Rivas.- El ‘show’ electoral norteamericano puede empezar. Joe Biden ya ha elegido a su vicepresidenta y nadie esperaba otra cosa. Kamala Harris, además de mujer, es negra y una pizca de asiática. La feria multicultural se impone como añagaza electoral.
En tiempos de Black Lives Matter hubiera sido un contrasentido que el candidato demócrata no hubiese elegido pareja de cartel a una afroamericana. Además de la gestión del COVID-19, los demócratas y sus redes han insistido en aprovechar las acusaciones de violencia policial y, en especial, el caso George Floyd, como parte de la campaña de desprestigio del presidente y candidato a la reelección, Donald Trump.
Nada sorprendente en la situación política que vive Estados Unidos y menos sorprendente aún si se tienen en cuenta todos los aspectos que rodean los mensajes de la feria electoral norteamericana.
Biden y los «verdaderos negros»
Joe Biden, con 78 años, se disfrazó de candidato «woke» y deshojó una margarita en la que figuraban cinco mujeres negras. Los Republicanos no han dudado un instante en contrarrestar el «efecto Floyd» recordando múltiples declaraciones y acciones del aspirante demócrata, en las que pasa por ser un racista de tinte moderado. Un racista «con buenas intenciones», como demostró cuando, en un programa de radio, se dirigió a una afroamericano señalándole que si dudaba en votarle «no era un verdadero negro».
Un ejemplo de «esencialismo racial», o lo que para muchos progresistas norteamericanos equivaldría a «un hombre negro, un voto demócrata», aunque en el panorama políticamente correcto de ese país, habría que decir «una mujer negra, un voto demócrata».
Los archivos no se desempolvarán para denunciar que Biden impulsó una ley contra la delincuencia, en 1994, que dio pie a la encarcelación de miles de ciudadanos negros. Ni se le reprochará su falta de corrección política cuando declaró que Obama era «el primer afroamericano brillante y guapo».
Biden y el sexo
Hablando de mujeres y votos, los medios que apoyan a Biden como si la vida comercial les fuera en ello, o como si su voto contara, preferirían no recordar cómo el movimiento MeToo pasó por alto las acusaciones de su excolaboradora, Tara Reade, que acusó al senador demócrata de «haberle introducido los dedos en el sexo», en un lugar tan romántico como el subsuelo de Capitolio, en 1993. Es decir, a Biden, según su víctima, también le gustaba —como a Trump— agarrar el «pussy».
La actitud de Biden con las mujeres ha producido en el pasado reciente hectólitros de tinta. «Joe el sobón» protagonizó varios casos de manoseos. No se trata de tocamientos de carácter sexual; tampoco se le acusaba directamente de acoso. Pero las mujeres que denunciaron su actitud afirman haberse sentido «incómodas». Tocar los hombros, la espalda o las manos… Biden se convirtió durante el periodo preprimarias en objeto de bromas no solo de Donald Trump, sino de los principales programas de humor en las cadenas de televisión que desde hace años solo fijan como víctima de sus burlas al actual inquilino de la Casa Blanca.
Pelillos políticos a la mar también en el tándem demócrata. Los medios «progresistas» tampoco querrán recordar los insultos que se intercambiaron Biden y Harris en el duelo demócrata. Para la antigua fiscal general de California, Biden «no es muy listo». Para Biden, Kamala Harris, además de demasiado radical, es «falsa». Necesidad electoral obliga, en pocas semanas de las ofensas se ha pasado al amor, en busca del voto perdido por Hillary Clinton.
En busca de la minoría perfecta
Dar por hecho que «utilizar» la candidatura de una persona procedente de una minoría étnica ayuda a ganar votos no deja de ser una forma de racismo, a pesar de lo que defiendan algunos sociólogos u otros especialistas en técnicas electorales.
¿Los afroamericanos van a votar más a Biden porque su «vice» es negra? ¿Los blancos van a votar menos a Biden por ello?
Más preguntas ingenuas: Si la actualidad en Estados Unidos no lo exigiera hoy, ¿algún candidato habría osado proponer la vicepresidencia a un hispano? ¿Si un latino hubiera sido apaleado y muerto por estrangulamiento a manos de un policía y frente a las cámaras, Biden habría optado por Julián Castro, único candidato demócrata de esa minoría? ¿Un (una) afrolatino (afrolatina) sería el (la) compañero (compañera) ideal del (de la) aspirante blanco (blanca) a la Presidencia de Estados Unidos?
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España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
